¡MÍRALA, HIJA MÍA!

mirala hija miaFoto: Hdad. de Santa Marta

 

¡Mírala, hija mía! Es la Virgen, que ha bajado al suelo de Sevilla para que entendamos que Ella también está a nuestra altura, que podemos ser como Ella fue.

¡Mírala! Es bella, ¿verdad? ¡Qué guapa es! Yo me imagino que María, la madre de Jesús, tendría que ser así de guapa, ¿tú no? No dejes de mirarla, rézale, háblale, Ella te escucha, ahora iremos a besarle la mano y la tendremos más cerca que nunca, pero aprovecha este ratito en el banco de la parroquia para decirle lo que te salga del corazón.

¡Mírala, hija mía! Hoy solo hay ojos para Ella. No podría tener otro nombre que el de Virgen de las Penas, ¿qué puede sentir una madre cuando está llevando a su hijo a enterrarlo? Pena es poco, todas las Penas del mundo se conjugan en cada lágrima que ves en su cara, hija. ¿Tú te explicas cómo se puede ser tan guapa incluso llorando? Yo no he conseguido explicarlo aún, pero es algo que enciende mi alma.

Ahora, cuando le beses la mano, mírala unos segundos, no más, pero detente, no le digas nada, solo mírala, hasta el año que viene no la tendrás tan cerca de nuevo, graba su cara en tu mejor recuerdo y cuando el Lunes Santo la acompañes, piensa en Ella, piensa en todo lo que entregó por su hijo, el Cristo de la Caridad que ese mismo día trasladan al Sepulcro, acuérdate de esa cara y rememora todo lo que hemos hablado sobre Ella, te ayudará a ser mejor, a entender a mamá y a todas las madres, a reconocer la entrega infinita, a comprender el “para siempre”, ese concepto que hoy día los jóvenes casi tenéis olvidado, te ayudará, hija, seguro que te ayudará.

Olvídate del mundo unos minutos, solo céntrate en Ella, mírala, rézale, háblale, pídele, agradécele, bésala… hoy solo mírala, hija mía. Mañana serás un poquito mejor persona.

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CUANDO LA VIRGEN BAJA

cuando la virgen baja

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Terminó el año litúrgico con el domingo en que la Iglesia ha celebrado la solemnidad de Cristo Rey del Universo y, tras celebrar San Andrés -cuando el mosto vino es- un nuevo Adviento llega a Sevilla.

Primero ha sido la Amargura la que nos ha ofrecido su mano en el presbiterio de San Juan de la Palma para recordarnos las palabras de Rut que constan en su Capilla: “No me llaméis Noemí, esto es hermosa, sino Mara, esto es amarga, porque el Todopoderoso me ha llenado de amargura”.

La Virgen del Subterráneo, Nuestra Señora de las Penas, María Santísima del Rocío, la Virgen de la Cabeza, Madre de Dios de la Palma, María Santísima de la Concepción, la Virgen de Guía, Nuestra Señora del Socorro, Soledad de San Buenaventura, la Virgen de los Ángeles, María Santísima de las Tristezas y las que se me olvidan, llenarán de gozo una festividad de la Inmaculada que a buen seguro será un año más un día repleto de sevillanía, de cariño a la Madre de Dios y de demostración de una religiosidad popular única en el mundo y especial por sus maneras.

Finalmente, justo antes de la Natividad del Señor, llega la expectación del parto de Jesús y son las Esperanzas las que bajan a nuestra altura para que Sevilla se convierta por unos días en belleza sublime, en soñados altares efímeros, en cantos de amor, colas de plegarias y rezos del corazón.

Y es que esta época del año, entre noviembre y diciembre, cuando la Virgen baja, cuando los fríos se hacen realidad, quizá sea una de las que mejor refleje el amor que Sevilla le tiene a la Madre del Redentor y aquello que le hizo merecer el título de “Mariana”.

Cuando la Virgen baja, Sevilla es más Sevilla.

MÁS DE LO MISMO

mas de lo mismo

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

El pasado jueves, tras las elecciones en el Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla, podíamos leer en nuestros teléfonos inteligentes repetidamente una frase: “más de lo mismo”. Aún no sabemos si Vélez será más de lo mismo y ya no podemos saber si la opción de Piñero era más de lo mismo, lo que parece meridianamente claro es que los electores son más de lo mismo.

Hace dos años hubo una opción clara de salir del “más de lo mismo”, nos quedaremos con las ganas de saber qué habría pasado si hubiese salido elegida esta opción, pero antes de las elecciones de 2016 se podría suponer, por muchas razones, que la opción que salió elegida era más de lo mismo, como así fue. Es cierto que la diferencia fue poca, pero la hubo. Si como la mayoría supone, tanto Vélez como Piñero son más de lo mismo, la semana pasada hubo una opción de, al menos, demostrar que las hermandades no querían más de lo mismo, pues el voto en blanco es una opción y solo la eligieron 5 hermanos mayores.

¿A dónde nos lleva esta reflexión? Pues, al menos a este maniguetero, a pensar que donde verdaderamente hay más de lo mismo es en los hermanos mayores, que son los que componen el Consejo, más allá de la Junta Superior elegida o la candidata. Esto nos lleva a creer que estos no votan con la suficiente cordura ni pensando en un programa, una necesidad de cambio, una idea, o simplemente en lo que pueda ser mejor para el conjunto de las hermandades de Sevilla; los hermanos mayores votan por otra serie de razones mucho más banales y que todos sabemos: el interés de su hermandad, porque el delegado que le toque sea más cercano, al que le prometa que su Cristo va al Via Crucis o su Virgen al pregón, al que promete más dinero (aunque después nunca lo cumpla), a la candidatura en la que va uno de su hermandad, al que promete llevar a su hermandad a la Catedral, a este no porque no nombró a mi hermandad en su pregón, a este no porque como sale de nazareno el miércoles no conoce la realidad del día, a este no que lleva de delegado a fulano, que mira lo que dijo hace diez años…

Desde la aprobación de los nuevos estatutos el candidato a presidente elije a su candidatura, por lo que se supone que esta defiende una misma idea, una línea de actuación, es un todo. Mientras los hermanos mayores no entiendan esto y sigan eligiendo su opción por un compromiso personal, un determinado componente de la candidatura, una promesa vacía o un chismorreo, el Consejo, esté quien esté en San Gregorio, seguirá siendo más de lo mismo.

LA MEDIDA HERMANDAD

la medida hermandad

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Si la semana pasada hablábamos del desborde que había producido la Esperanza y del afán de la prensa y los cofrades por cuantificar todo aquello que rodeó una nueva procesión extraordinaria –que no otra extraordinaria más-, esta semana se nos ha ido la mente al desbordamiento que sufren las hermandades en general.

Aquella famosa frase del arquitecto Van der Rohe, y definición del minimalismo, de “menos es más” puede servirnos para resumir aquello que pensamos sobre el momento actual y la medida para la que están hechas y pensadas nuestras hermandades, a todas luces, sobrepasada.

Cuando se plantearon las Reglas para las cofradías, las que actualmente rigen a nuestras corporaciones, basadas en lo que ordena el Código de Derecho Canónico (C.I.C.), seguro que nadie pensó que ni siquiera una de las hermandades de Sevilla pudiese llegar a tener más de 10.000 hermanos y más de 1.000 nazarenos, si se hubiese pensado que esas cifras podrían ser posibles no estarían redactadas en muchos de sus capítulos como lo están. Tampoco se ha estudiado en profundidad una remodelación y actualización de las mismas por parte de la autoridad eclesiástica, pues hay (por ejemplo la admisión de hermanos) reglas obsoletas y, a todas luces, incumplidas en muchísimas ocasiones por inoperatividad.

De la misma manera, la forma de funcionar de las hermandades no está pensada para tan alto número de componentes en la mayoría de los aspectos, ni la ciudad permite tantas y tan numerosas hermandades, y no es solo cuestión de espacio físico (iglesias y capillas, casas de hermandad, carrera oficial, etc.), sino de infraestructuras y voluntariosos dirigentes.

Como en todo (menos en lo verdaderamente importante, ¡qué pena!), se ha desbordado nuestra Semana Santa, ya hace tiempo, también la medida de las hermandades. Se ha sobrepasado la “medida hermandad”, la hermandad ideal, la de la cercanía de los hermanos, la de conocerse, la de saber de los problemas del otro y ayudar, la de rezar juntos, la de verse los domingos en misa, la hermandad en la que una convivencia era una ocasión especial, la de acudir con tiempo a la Capilla y rezar a tu Titular revestido con la túnica… Y no digo que esto no exista, pero cada vez es más difícil. Y no digo que económicamente esté dando unas miras distintas a las hermandades y a sus fines (si le cuentan a mi abuelo que una hermandad va a recaudar para Caridad más de 33 millones de pesetas en una tarde…), que no todo es perjudicial, ¡claro que no!, pero sí es cierto que el fundamento se desvanece entre números y cifras.

Menos es más. La “medida hermandad” está sobrepasada. Este maniguetero se reitera una vez más y sin cansarse por ello: cordura en lo ordinario, por favor.

EL TURISMO EXTRAORDINARIO

el turismo extraordinario

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Desbordada Triana, hasta esta altura llegó un día la Esperanza”. Explicando cómo se le ocurrió esta frase, asemejándola a la que aparece en un azulejo que recuerda una inundación en el interior del Convento de las Mínimas, comenzaba D. José María Rubio su Pregón del XXV aniversario de la Coronación Canónica de Santa María de la Esperanza, como él la llama.

Aún no se ha recuperado Sevilla del desbordamiento que le ha producido este río de Esperanza y este maniguetero no sale de su asombro cuando solo lee titulares que cifran y cuantifican lo vivido, como si el amor y la devoción tuviesen medida. Contamos personas, contamos autobuses, contamos impactos en redes sociales, contamos protagonistas… “¿has visto cuántos…?”, “¿has visto las fotos de…?”, “¡es impresionante la cantidad de …!”

Todo empezó cuando a un tesorero del Consejo, para que le echaran cuenta en el Ayuntamiento, se le ocurrió esgrimir como argumento el impacto económico de la Semana Santa en la ciudad de Sevilla; justificó con pesetas el fruto del culto público de nuestras Hermandades, hecho que seguimos haciendo hoy día y que -así nos va- no para de darnos quebraderos de cabeza y de ofrecer argumentos a quienes no nos ven con buenos ojos o a quienes -mercaderes en el templo- quieren negociar con nuestra fe.

Esto abrió los ojos a los empresarios y políticos que viven, entre otras cosas, del turismo, con lo que la promoción buscada de nuestra Semana Santa en el exterior se hizo una realidad y nosotros, ilusos, tan contentos. Aquello coincidió con un pastor bondadoso en cuanto a concesiones extraordinarias se refiere, con lo que ancha es Sevilla y vamos que nos vamos que el que llega tarde ni oye misa ni come carne.

Así estamos instalados hoy en una vorágine de procesiones, magnas, coronaciones, conciertos, inventos y eventos que llenan la agenda del más pintado. Estamos instalados en un constante ‘culto externo evangelizador’ que si surtiese los efectos deseados estaríamos abriendo capillas en cada esquina para dar más misas, en lugar de bares, que es lo único que se abre en nuestra Sevilla. Nos hemos acomodado tanto en el fulgor de la extraordinaria que ya los pueblos y ciudades cercanas celebran magnas y aniversarios a gogó sabiendo que los sevillanos les llenamos la caja el fin de semana ávidos de conocer otras realidades “kofrades”, de la misma manera que los foráneos llenan hoteles y aparcamientos de autobuses cuando el culto externo extraordinario es sevillano.

Por favor, no justifiquemos nuestra fe y nuestra razón de ser con argumentos económicos y paganos. Nuestros titulares tienen ya unos cultos públicos suficientes establecidos en reglas. Hemos creado en Sevilla un producto turístico, un monstruo, llamado Semana Santa y no nos damos cuenta que nos va a explotar en las manos. Hemos de reparar en que, como mercaderes en el templo, estamos dilapidando los fundamentos de una religiosidad popular única y una tradición centenaria por unos euros.

Hay que poner mesura en lo extraordinario y cordura en lo ordinario, no hay otra. En nosotros está.

LA VIRGEN QUE YO ESCOGÍ

la virgen que yo escogiFoto: Pablo Lastrucci

 

Asido a mi manigueta,

sin deberle a nadie nada,

hoy que se vive la previa

de que rebose Triana,

a mí me apetece hablarles

de la que roba las almas,

“la de los ojos caoba”,

como dice en confianza

el gran pintor Cerezal

cuando no quiere nombrarla.

Hoy, amigos, sin rodeos,

voy a hablar de mi Esperanza.

 

Ya se le ha dicho de todo,

las mayores alabanzas,

que Ella es guapa, que es bonita,

Reina de la madrugada,

que Ella es la mujer perfecta,

y además de mujer, Santa,

que es más pura que azucenas,

más luminosa que el alba,

que es canción de la alegría,

puerto y altar de la cava,

madre de los alfareros,

señora de la arrogancia,

que es nave segura al cielo,

repique que nunca acaba,

que ella es pronta primavera,

Reina, Madre, Capitana,

que pone a los marineros

corazones en bonanza,

que es a la que todos quieren

aunque no sean de Triana,

le han dicho los presidiarios,

al clarear la mañana,

“Soleá, dame la mano

y llévame hasta tu casa”…

si ya te han dicho de todo,

¿qué te digo yo, Esperanza?

 

Habrá opiniones adversas,

pero Tú eres para mí

la Virgen que yo escogí,

la que sabe mis promesas,

Princesa entre las princesas,

Luz el Viernes de mañana,

Señora de Santa Ana,

esplendor de la belleza,

la de la calle Pureza…

la Esperanza de Triana.

LA MIES ES MUCHA

la mies es mucha

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Hablaba un sacerdote hace poco del pasaje del Evangelio de San Lucas en el que el Señor, cuando eran pocos los que le seguían aún, manda “como corderos en medio de lobos”, a un grupo de discípulos a predicar de dos en dos delante de Él a los sitios donde posteriormente visitaría y la frase que les dice es: “La mies es mucha y los obreros pocos”. (Lc 10, 1-12)

Pensaba este maniguetero mientras escuchaba al predicador –deformación capirotera- en las hermandades. Hemos hablado de manera cansina ya del florecimiento y la globalización que sufren nuestras corporaciones, que una hermandad de la nómina de la Semana Santa con 1.000 hermanos es hoy día de las “cortitas”, que alguien dijo que ser muchos era bueno y ahí andamos, aceptando como “hermano” a todo aquel que trae una partida de bautismo y unos euros, soportando estaciones de penitencia de 2.000 nazarenos y bullas y esperas de horas para ver un paso, atiborrados de extraordinarias que pretenden “evangelizar” y ya solo causan hartazgo hasta en el más hartible, creando empresas donde había hermandades y convirtiendo cofradías en desfiles culturales a la carrera.

¿Qué hacemos para llenar de Dios a esas nóminas de 3.000, 5.000, 13.000 hermanos? Tenemos la posibilidad de sembrar en miles de personas que han venido voluntariamente a nosotros y nos dedicamos a gestionar patrimonios (que también) y a cobrarles para vender gestión empresarial.

Hay mucha mies en nuestras hermandades, pero pocos obreros, y los que hay están acomodados. Hay mucho donde predicar, mucha cosecha por recoger, mucho cerebro empapado de arte, de música, de túnica, pero poco corazón empapado de Dios. Quizá debieran las juntas de gobierno plantearse, como corderos en medio de lobos, esa misión –la palabra viene pintada- de ir a por la mies. Decía San Juan Crisóstomo que no debemos caer en la tentación de convertirnos en lobos en medio de lobos, si no seguir siendo corderos, pues al cordero nunca le falta el Pastor.

La mies es mucha…

EL SABOR DE LA VICTORIA

el sabor de la victoriaFoto: Mariano Ruesga – Artesacro

“La victoria es siempre para quien jamás tiene dudas”. Aníbal.

 

¿Quién puede dudar de tu Victoria? ¿Quién puede dudar de ti, Victoria?

No recuerdo en qué libro leí que una victoria está compuesta de pequeños triunfos y, para este maniguetero, así ha sido exactamente esta semana justa, medida, que ha durado la Coronación Canónica de María Santísima de la Victoria.

Desde el milimetrado y conmovedor traslado a la S.M.P.I. Catedral de Sevilla en Rosario de la Aurora -en este mes del Rosario, en el que el Papa nos pide que lo recemos a diario-, hasta la vuelta en un cumplimiento exacto de los horarios anunciados, pasando por un repertorio escogido al milímetro, una cuadrilla excepcional y unos capataces de categoría, una banda a la medida, un cortejo dignísimo y ordenado en todo momento, un Besamanos precioso en su sencillez, un Triduo majestuoso, una Misa Estacional de la Coronación organizada de manera ejemplar, con cuidada liturgia y medidos cánticos, una priostía que ha trabajado a destajo sin destacar y poniendo en valor a la Virgen… Una serie completa de pequeños triunfos que nos han llevado a la Victoria, porque, a pesar de todo lo anterior, solo ha habido una protagonista, la que tenía que ser: la Virgen de la Victoria.

¿Alguien dudaba? La medida de las cosas en esta Hermandad es sublime. Uno no sabe si han llegado a un punto de excelencia que es así de natural o simplemente se cuida tanto todo lo que rodea a la Virgen que no hay lugar a la duda, a la improvisación, al fracaso, a la derrota, todo es Victoria.

Nadie va a descubrir ahora la arrebatadora belleza dolorosa de la Virgen o el maravilloso y perfecto joyero que es su palio, eso ya es sabido de cada Jueves Santo; pero en la vuelta, este sábado, solo el aroma que dejaba la Virgen en su palio al pasar era tan dulce que llegaba a tener sabor, se sentía el final, vencer es llegar a la Virgen, llegar a la Victoria. Y así ha sido, un cúmulo de sensaciones positivas para llegar al final, a la Victoria, con Amarguras, ¡qué bella paradoja!

Esa tímida mueca sonriente que se queda en tu cara cuando recuerdas todos los pequeños triunfos vividos, ese, solo ese, es el sabor de la Victoria.

HISTORIAS DE AMOR

historias de amor

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Y en nuestras hermandades hay historias de amor que merecen ser contadas, porque son verdaderas, porque son reales y porque sus protagonistas, precisamente, no quieren que sean contadas, lo que le da más valor.

Hay una historia de amor en aquel vestidor que se desvive por la Virgen de su devoción, que llora cada vez que termina de acicalarla y que sueña cada noche con vestirla el próximo día. Fuera de la hermandad nadie lo conoce, nadie lo ve, solo ven a la Virgen: “¡qué bonita está siempre!”

Hay una historia de amor a sus titulares en aquel capiller que no faltó un día en 40 años de servicio a la hermandad, que hizo de sacristán, de monaguillo, de limpiadora, de archivero, de guardia de seguridad… que incluso estuvo en una junta aquella vez que hacía falta gente. Saliendo del ámbito de la hermandad no es conocido, no destaca, pero “¡qué alegría da siempre entrar y ver como está la Capilla!”

Hay una historia de amor en el capataz que nadie recuerda desde cuándo toca el martillo, “de toda la vida”, pero nadie sabe como se llama. No alza en exceso la voz mandando, su gente de abajo le quieren, le son fieles y trabajan por derecho. Su Señor no da izquierdazos, ni costeros, va siempre de frente, y la gente solo lo mira a Él, no a quien va delante: “¡qué bien va siempre este Cristo!”

Hay una historia de amor en cada camarera de Sevilla. Nadie sabe quienes son, casi ni se conoce su labor, pero a la Virgen, al Señor, no le falta una “enagua almidoná”, una ropa planchada y un encaje cuidado con esmero. Conocen a sus devociones en su íntima desnudez y aún así siguen queriéndolos como el primer día. Son eternas en sus cargos, da gloria ver el cajón de las cosas de la Virgen, nunca fallan al requerimiento del prioste. Amor incondicional.

Hay miembros de junta que fueron protagonistas un tiempo, pero que llevan escribiendo su historia de amor desde que nacieron y que no faltan ni una semana al culto del martes, del jueves o del miércoles de su hermandad. Hermanos que siempre están, que nunca fallan, para los que no existen bandos, ni elecciones, ni ser de este o aquel, son de su Cristo y de su Virgen.

También hay una historia de amor en el cofrade que cuando ve un paso o un altar de culto no ve quién viste a la imagen, quién es el capataz, qué banda lleva, quién es el prioste o cómo se llaman las flores que lleva, solo ve a la Virgen o al Señor.

Hay miles de historias de amor en nuestras hermandades que no tienen nombre ni apellidos, que no salen en la prensa. Hay historias de verdadero amor que merecen ser contadas y no habría espacio en todo el blog para ello. Es lo único que nos pidió el Señor, que nos amáramos, que lo amáramos, a Él y a su Madre, y hay muchos cofrades que entendieron desde niños que vivir en hermandad no es más que una historia de amor.

 

¿NADIE VA A HACER NADA?

FD31C2F1_144230Foto: La Voz de Galicia

 

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Es emocionante volver a ponerse delante de la pantalla vacía. Es necesario el descanso, liberar la mente, desprenderse de una obligación autoimpuesta por un tiempo y, a la vez, es gratificador volver. Ha pasado el verano, que no el calor, las hermandades ya han iniciado un nuevo curso y este maniguetero vuelve a cogerse al metal para opinar desde el respeto, o al menos intentarlo.

La duda es grande, porque uno lee, ve, observa y concluye pensando que abunda lo menos bueno, pero hay mucho bueno también. Y la duda es grande porque nos gustaría volver con loas y alabanzas, pero puede la razón y llevamos unas semanas en las que lo que nos llega no es casi nada agradable.

Una hermandad declarando voces y redobles como patrimonios inmateriales, cuando las hermandades siempre han nombrado hermanos de honor, honoríficos, perpetuos, … me lo explique. El segundo presidente del Consejo que dimite en los últimos años por motivos personales inexplicados aunque por todos conocidos, por favor, me lo explique. Elecciones al Consejo con dos candidaturas (parece que no habrá más) surgidas ambas de la Junta Superior actual… ¿qué puede cambiar? Hablando de cambios, resulta que los únicos temas que preocupan últimamente son los cambios de banda y si estas son locales o foráneas ¿de verdad? ¿eso es lo importante? Una hermandad celebrando un Rosario de la Aurora de ocho horas con finalización a las tres y media de la tarde y otra tuiteando un curso para aprender a rezar el rosario, me lo explique. Una hermandad que quiere celebrar el 450 aniversario de una guerra, ¡me lo explique! Una señora que descubre que la Carrera Oficial por el Paseo de Colón es la solución, con una arteria principal de la ciudad cortada una semana y como vías de evacuación la Plaza de Toros y el río Guadalquivir, perdone, se lo digo como si estuviésemos en un sambódromo: “você abusou, tirou partido de mim…”. Un periodista diciendo que el Gran Poder es un selfie de Dios, ¡por favor!, me lo explique.

Hablo con muchos cofrades, y la mayoría están rendidos, con los brazos caídos y constatando que “esto se nos ha ido de las manos”. ¿De verdad? ¿Nadie va a hacer nada?