LA HERMANDAD EN CASA

la hermandad en casa

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

En la mayoría de los títulos rimbombantes y pomposos de nuestras corporaciones aparecen las palabras “Hermandad” y “Cofradía”. Aceptado el varapalo de que no tendremos procesiones en la calle la próxima Semana Santa, y asentada la decisión, ha llegado el momento de la HERMANDAD, olvidándose la cofradía.

En esta época normalmente casi todo es cofradía, reparto de papeletas, “mudás”, priostías llenas de gente, casas de hermandad con un trasiego mayor del habitual, capiroteros… Como decíamos, este año ha llegado el turno de la Cuaresma más de hermandad que nunca y menos de cofradía. Las juntas de gobierno aprendiendo a usar Hangouts u otros programas de vídeoconferencia, los encargados de la comunicación trabajando desde casa para que a los hermanos no les falte contacto, las diputaciones de formación reavivando contenidos, las diputaciones de juventud inventando para aliviar el confinamiento de los peques y las diputaciones de caridad… ¡ay!.. a tope, intentando paliar en lo posible lo que se nos viene encima.

Las casas hermandad están cerradas, sí, pero las líneas telefónicas y la fibra tienen la misma actividad que los pasillos, despachos y cuartitos. El contacto físico ha dado lugar a la vídeo llamada, al correo electrónico, a la web, redes sociales, mensajería, todo vale ahora para estar cerca del hermano. No está el nazareno, el monaguillo, el costalero, ahora está el hermano. Las hermandades están preocupadas porque cada miembro de la misma, en estos duros momentos, la sienta en casa.

Estas son las cosas que nos hacen creer en nuestras hermandades, no los pasos en la calle, por eso seguimos aquí después de siglos. Esta Cuaresma atípica no podrás ir a la casa hermandad, pero tienes a la hermandad en casa.

Un comentario en “LA HERMANDAD EN CASA

  1. Le parecerá una tontería, pero en esta Cuaresma tan atípica, estoy viviendo cosas que otros años se me escapan.
    Que llegue el Lunes Santo y no revestirme con mi morrión de raso blanco será triste. Pero estaré tan cerca de Él que cuando lo voy acompañando en mi manigueta por las calles de Huelva.

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