LOS CINCO SENTIDOS

los cinco sentidos

Hace mucho tiempo -tanto que el Kiosco de las Flores estaba debajo del Puente de Triana-, practicaba una tarde con mi madre el deporte que más le gustaba: pasear por la calle Betis al atardecer.

Una vez hecha la parada obligatoria en el Kiosco, subimos al Puente y cruzamos a Sevilla, hacía una temperatura fantástica y ese día mi madre tenía ganas de volver a Los Remedios por la otra orilla del río. Cuando paseábamos por el Puente comenzamos a oír una banda de cornetas y tambores que ensayaba en el Paseo Marqués de Contadero (cuando a los sevillanos les gustaba que las bandas ensayaran en Cuaresma, ahora molestan a los vecinos) y mi madre me aconsejó que me parara, mirara al río y no hablara, como ella iba a hacer.

Pasados un par de minutos me dijo: “La Semana Santa de Sevilla se puede vivir en cualquier momento y con los cinco sentidos, verás:

¿Ves lo que hay ante tus ojos? El río, la calle Betis, la Torre del Oro, las torres de la Plaza de España a lo lejos, la Giralda, los árboles del Paseo Colón… Sevilla es preciosa, no habrá un lugar más bonito en el mundo ni una manera más bonita de celebrar la Pasión, Muerte y, sobre todo, Resurrección del Señor.

¿Oyes? Una banda ensayando, sonidos de Sevilla, seguro que cuando hemos estado callados tu mente ha volado hasta alguna chicotá, a algún momento vivido, a algún recuerdo de alguna Semana Santa. Siempre se va a identificar la música procesional con Sevilla.

Estás cogido a la baranda del Puente, ¿sientes el frío del metal? Ese frío que tu tacto percibe ahora es como el escalofrío que recorre tu cuerpo cuando cantas la Salve a la Esperanza, rota el alma, con la túnica el Viernes Santo en la Capilla, ¿a qué sí? Como cuando ves al Cristo de las Misericordias y te acuerdas de los abuelos y de dónde te bautizaste, como cuando vas a la Basílica a besarle el pie al Señor, ¿verdad?

Aún perdura en tu boca el sabor de la cerveza y el ‘pescaíto’ frito del Kiosco. Ese es el sabor de la Semana Santa. Para otros será el sabor de la miel y el frito de las torrijas, el bacalao con tomate…  ¿Recuerdas el sabor de los pestiños cuando eras pequeño en la Sacristía de Constantina mientras le poníamos las flores a la Amargura? Pues ese es otro sabor de la Semana Santa, al menos para mí.

¿Hueles? ¿No te llega el olor a azahar? Huele a Semana Santa, como el incienso, como la cera quemada, como cuando entras en una iglesia días después del Domingo de Resurrección y la mezcla del olor de la cera derretida, el incienso impregnado en los ropajes y bordados y las flores mustias hace que una oración ante la Virgen en su palio sea más especial que nunca.

En cualquier momento y en cualquier lugar puedes vivir la Semana Santa a través de tus sentidos, siempre va a ser a través de tus cinco sentidos. Cuando eso ocurra, como ahora, párate, reza y da gracias a Dios por ser sevillano”.

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