CUANDO NACE EL SEÑOR

caridad ha nacido

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Acabamos de celebrar el nacimiento de Jesús. Ha nacido el Señor, el Señor de la Caridad, porque en las hermandades de Sevilla celebrar que nace el Señor, la Navidad, es un aliciente más para su inmensa labor caritativa.

Ahora lo celebramos, pero el Señor de la Caridad nace en muchos momentos del año, casi todos los días. Nace el Cristo del Buen Fin cada vez que abre sus puertas el Centro de Estimulación Precoz, nace el Señor de la Sentencia cuando la Macarena es capaz de reunir más de doscientos mil euros para Caridad organizando una corrida de toros, nace el Gran Poder cuando su hermandad inaugura una nueva casa dedicada exclusivamente a su Bolsa de Caridad. El Cristo de las Tres Caídas nace cada día en el Centro de Apoyo Infantil de la Esperanza de Triana, nace el Señor en el Economato Social de las Hermandades del Casco Antiguo o en los 50 años que se cumplen de la Acción Social conjunta de las Hermandades del Lunes Santo. Jesús nace en los corazones de los miles de voluntarios de cada una de las Hermandades que dedican su tiempo a los más necesitados, en la Caridad que se ejerce a través de cada tómbola benéfica, nace el Cristo de la Caridad en las ayudas a proyectos misionales de la Hermandad de Santa Marta, cuando San Esteban consigue aparatología radiológica para el tercer mundo nace el Cristo de la Salud y Buen Viaje, cada vez que el proyecto “Esperanza y Vida” de la O atiende a una madre embarazada vuelve a nacer Nuestro Padre Jesús Nazareno, en cada euro de los casi seis millones que las hermandades dedican anualmente a Caridad nace el Señor. Sería infinito enumerar todas las obras que llevan a cabo las Bolsas de Caridad de las hermandades, pero cada vez que una de ellas se lleva a cabo celebramos que ha nacido el Señor.

Jesucristo nace, y lo viví por suerte de cerca hace tiempo, cuando un hermano mayor recibe una llamada un domingo por la tarde, en plena comida de hermandad, porque una empresa de congelados que cierra no sabe qué hacer con diez mil kilos de carne de ternera, y en menos de media hora están repartidos entre más de quince comedores sociales, conventos y casas de acogida.

Ha nacido el Señor, como nace diariamente en la Caridad de cada una de nuestras hermandades. Ha nacido el Señor de la Caridad: ¡FELICES PASCUAS!

NO TODO VALE

no todo vale

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Hemos visto circular por nuestros teléfonos inteligentes en estos días un video de un “ensayo solidario” con una parihuela de una hermandad granadina, cuyo titular recibe la advocación de Nuestro Padre Jesús Cautivo y que en nombre de dicha hermandad, suponemos, recorrían las calles moviendo la parihuela a los sones una agrupación musical interpretando villancicos. Al mismo tiempo iban subidos en la parihuela un par de chavales disfrazados, uno de Santa Claus y otro de reno, haciendo aspavientos y chicas con huchas alrededor solicitando limosna.

Las reacciones no se han hecho esperar, la mayoría de rechazo, ante esta forma de ejercer la Caridad. Hace ya tiempo que surgió, de otra manera bien distinta, esta idea del ensayo solidario, que a algunos gustó y a otros no tanto, lo que es indudable que en cada sitio (y son muchas las ciudades y poblaciones en las que se realiza, no hay más que teclear en cualquier buscador de la red “ensayo solidario”) se adapta a las maneras y formas del lugar.

Desde esta manigueta pensamos que no todo vale, que no se puede justificar cualquier idea porque el fin sea recaudar dinero para los necesitados, hay ciertas líneas que nuestras hermandades no debieran pasar. Con el debido respeto y consideración a aquellos que dedican su tiempo libre o quitan tiempo a sus obligaciones para ayudar al necesitado, no todo vale si es en nombre de una hermandad. La Caridad (cómo me fastidia lo de acción social) en la hermandad tiene muchas y variadas formas de ejercerse, pero no creo que sea necesario tunear nuestra forma de celebrar el culto público, banalizando la costumbre que heredamos de llevar a nuestras santas imágenes, para ello.

Y para concluir, ¿no tiene esa hermandad un Director Espiritual que oriente a esos jóvenes cual es la mejor manera de ejercer la Caridad cristiana?

EL MUNDO EN SUS MANOS

el mundo en sus manos

Ella es como aquella esposa del marinero que cantaba Isabel Fayos, aquella trianera que despidió a su marido en la zapata “y juró a la eternidad que hasta no verlo llegar no saldría de Triana”.

Aurora vivió siempre en la calle Larga, a dos pasos de la Virgen a la que José María Rubio se refería en 1991, pareciendo que la hubiese definido ella misma, como a la “vecina, hermana y amiga, Mujer Santa de Triana, Virgen de todos los días, de mi parroquia, y mi casa y mi Capilla y la lucha de mi vida cotidiana”. Esto era para Aurora la Virgen de la Esperanza.

Su alegría, desde que se casó, era ese ratito diario de camino a casa, a la vuelta del mercado. Ver a la Virgen, saludar a Fernando el vestidor, charlar con D. José -que era como hablar con un ángel-, pararse con Maruja… Ya ni se acordaba de los años que tenía que ir a San Jacinto a verla, ya era una vecina más, ¡qué vida le había dado a la calle! Por la tarde, cuando se sentaba con sus vecinas más mayores en la puerta, pareciera que la Virgen estaba allí en medio de ellas.

¡Cómo rememoraba ahora esos años constantemente! ¡Cuánta añoranza! Recordar la cara de la Virgen, mirando la foto, ya amarilleada, que presidió su salón desde siempre, era lo único que lograba sacarle una mueca sonriente. Cuando su marinero marchó a las aguas celestiales de la Esperanza, la calle Larga, en plena fiebre del ladrillo, era un hervidero de compras y ventas, de neoempresarios de la construcción ávidos de sacar 10 apartamentos de una casa. Sus hijos la convencieron, ahora que quedaba sola, que lo mejor era vender, comprar en un sitio más tranquilo y además asegurarse su vejez económicamente.

Aurora ya no puede bajar a Sevilla sola, como hacía antes una vez en semana al menos, a ver a la Virgen. Aurora sueña que cada diciembre, a mediados de mes, venga su hijo por ella para pasar la mañana junto a la Virgen, ya no quiere ir a un mercado que no reconoce, ni siquiera pasearse por Pureza, donde no vive nadie de los que conoció; Aurora solo sueña en poner el mundo de nuevo en sus manos, le pide de un diciembre para otro volver al siguiente, imagina ese beso todos los días del año, fantasea con ese rato sentada en la Capilla en el que sus ojos no pueden apartar la vista de la Virgen, recuerda cada saludo esa mañana de los que aún se acuerdan de ella…

Otro dieciocho de diciembre Aurora volverá, con los ojos anegados, a su bajo en Castilleja. Un nuevo año por delante, si la Esperanza quiere, para soñarla, para soñar, sabiendo que Dios le ha permitido una vez más poner el mundo en sus manos.

¡MÍRALA, HIJA MÍA!

mirala hija miaFoto: Hdad. de Santa Marta

 

¡Mírala, hija mía! Es la Virgen, que ha bajado al suelo de Sevilla para que entendamos que Ella también está a nuestra altura, que podemos ser como Ella fue.

¡Mírala! Es bella, ¿verdad? ¡Qué guapa es! Yo me imagino que María, la madre de Jesús, tendría que ser así de guapa, ¿tú no? No dejes de mirarla, rézale, háblale, Ella te escucha, ahora iremos a besarle la mano y la tendremos más cerca que nunca, pero aprovecha este ratito en el banco de la parroquia para decirle lo que te salga del corazón.

¡Mírala, hija mía! Hoy solo hay ojos para Ella. No podría tener otro nombre que el de Virgen de las Penas, ¿qué puede sentir una madre cuando está llevando a su hijo a enterrarlo? Pena es poco, todas las Penas del mundo se conjugan en cada lágrima que ves en su cara, hija. ¿Tú te explicas cómo se puede ser tan guapa incluso llorando? Yo no he conseguido explicarlo aún, pero es algo que enciende mi alma.

Ahora, cuando le beses la mano, mírala unos segundos, no más, pero detente, no le digas nada, solo mírala, hasta el año que viene no la tendrás tan cerca de nuevo, graba su cara en tu mejor recuerdo y cuando el Lunes Santo la acompañes, piensa en Ella, piensa en todo lo que entregó por su hijo, el Cristo de la Caridad que ese mismo día trasladan al Sepulcro, acuérdate de esa cara y rememora todo lo que hemos hablado sobre Ella, te ayudará a ser mejor, a entender a mamá y a todas las madres, a reconocer la entrega infinita, a comprender el “para siempre”, ese concepto que hoy día los jóvenes casi tenéis olvidado, te ayudará, hija, seguro que te ayudará.

Olvídate del mundo unos minutos, solo céntrate en Ella, mírala, rézale, háblale, pídele, agradécele, bésala… hoy solo mírala, hija mía. Mañana serás un poquito mejor persona.