EL TURISMO EXTRAORDINARIO

el turismo extraordinario

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Desbordada Triana, hasta esta altura llegó un día la Esperanza”. Explicando cómo se le ocurrió esta frase, asemejándola a la que aparece en un azulejo que recuerda una inundación en el interior del Convento de las Mínimas, comenzaba D. José María Rubio su Pregón del XXV aniversario de la Coronación Canónica de Santa María de la Esperanza, como él la llama.

Aún no se ha recuperado Sevilla del desbordamiento que le ha producido este río de Esperanza y este maniguetero no sale de su asombro cuando solo lee titulares que cifran y cuantifican lo vivido, como si el amor y la devoción tuviesen medida. Contamos personas, contamos autobuses, contamos impactos en redes sociales, contamos protagonistas… “¿has visto cuántos…?”, “¿has visto las fotos de…?”, “¡es impresionante la cantidad de …!”

Todo empezó cuando a un tesorero del Consejo, para que le echaran cuenta en el Ayuntamiento, se le ocurrió esgrimir como argumento el impacto económico de la Semana Santa en la ciudad de Sevilla; justificó con pesetas el fruto del culto público de nuestras Hermandades, hecho que seguimos haciendo hoy día y que -así nos va- no para de darnos quebraderos de cabeza y de ofrecer argumentos a quienes no nos ven con buenos ojos o a quienes -mercaderes en el templo- quieren negociar con nuestra fe.

Esto abrió los ojos a los empresarios y políticos que viven, entre otras cosas, del turismo, con lo que la promoción buscada de nuestra Semana Santa en el exterior se hizo una realidad y nosotros, ilusos, tan contentos. Aquello coincidió con un pastor bondadoso en cuanto a concesiones extraordinarias se refiere, con lo que ancha es Sevilla y vamos que nos vamos que el que llega tarde ni oye misa ni come carne.

Así estamos instalados hoy en una vorágine de procesiones, magnas, coronaciones, conciertos, inventos y eventos que llenan la agenda del más pintado. Estamos instalados en un constante ‘culto externo evangelizador’ que si surtiese los efectos deseados estaríamos abriendo capillas en cada esquina para dar más misas, en lugar de bares, que es lo único que se abre en nuestra Sevilla. Nos hemos acomodado tanto en el fulgor de la extraordinaria que ya los pueblos y ciudades cercanas celebran magnas y aniversarios a gogó sabiendo que los sevillanos les llenamos la caja el fin de semana ávidos de conocer otras realidades “kofrades”, de la misma manera que los foráneos llenan hoteles y aparcamientos de autobuses cuando el culto externo extraordinario es sevillano.

Por favor, no justifiquemos nuestra fe y nuestra razón de ser con argumentos económicos y paganos. Nuestros titulares tienen ya unos cultos públicos suficientes establecidos en reglas. Hemos creado en Sevilla un producto turístico, un monstruo, llamado Semana Santa y no nos damos cuenta que nos va a explotar en las manos. Hemos de reparar en que, como mercaderes en el templo, estamos dilapidando los fundamentos de una religiosidad popular única y una tradición centenaria por unos euros.

Hay que poner mesura en lo extraordinario y cordura en lo ordinario, no hay otra. En nosotros está.

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2 comentarios en “EL TURISMO EXTRAORDINARIO

  1. A un conocido y veterano cofrade le oí decir en una ocasión que deberíamos convertir lo ordinario en algo extraordinario, y no al revés.

    Si llenamos los bares de turistas pero no las capillas y parroquias de fieles, es que quizá algo no lo estemos haciendo bien. Ahí le doy toda la razón.

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