LA VIRGEN QUE YO ESCOGÍ

la virgen que yo escogiFoto: Pablo Lastrucci

 

Asido a mi manigueta,

sin deberle a nadie nada,

hoy que se vive la previa

de que rebose Triana,

a mí me apetece hablarles

de la que roba las almas,

“la de los ojos caoba”,

como dice en confianza

el gran pintor Cerezal

cuando no quiere nombrarla.

Hoy, amigos, sin rodeos,

voy a hablar de mi Esperanza.

 

Ya se le ha dicho de todo,

las mayores alabanzas,

que Ella es guapa, que es bonita,

Reina de la madrugada,

que Ella es la mujer perfecta,

y además de mujer, Santa,

que es más pura que azucenas,

más luminosa que el alba,

que es canción de la alegría,

puerto y altar de la cava,

madre de los alfareros,

señora de la arrogancia,

que es nave segura al cielo,

repique que nunca acaba,

que ella es pronta primavera,

Reina, Madre, Capitana,

que pone a los marineros

corazones en bonanza,

que es a la que todos quieren

aunque no sean de Triana,

le han dicho los presidiarios,

al clarear la mañana,

“Soleá, dame la mano

y llévame hasta tu casa”…

si ya te han dicho de todo,

¿qué te digo yo, Esperanza?

 

Habrá opiniones adversas,

pero Tú eres para mí

la Virgen que yo escogí,

la que sabe mis promesas,

Princesa entre las princesas,

Luz el Viernes de mañana,

Señora de Santa Ana,

esplendor de la belleza,

la de la calle Pureza…

la Esperanza de Triana.

Anuncios

LA MIES ES MUCHA

la mies es mucha

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Hablaba un sacerdote hace poco del pasaje del Evangelio de San Lucas en el que el Señor, cuando eran pocos los que le seguían aún, manda “como corderos en medio de lobos”, a un grupo de discípulos a predicar de dos en dos delante de Él a los sitios donde posteriormente visitaría y la frase que les dice es: “La mies es mucha y los obreros pocos”. (Lc 10, 1-12)

Pensaba este maniguetero mientras escuchaba al predicador –deformación capirotera- en las hermandades. Hemos hablado de manera cansina ya del florecimiento y la globalización que sufren nuestras corporaciones, que una hermandad de la nómina de la Semana Santa con 1.000 hermanos es hoy día de las “cortitas”, que alguien dijo que ser muchos era bueno y ahí andamos, aceptando como “hermano” a todo aquel que trae una partida de bautismo y unos euros, soportando estaciones de penitencia de 2.000 nazarenos y bullas y esperas de horas para ver un paso, atiborrados de extraordinarias que pretenden “evangelizar” y ya solo causan hartazgo hasta en el más hartible, creando empresas donde había hermandades y convirtiendo cofradías en desfiles culturales a la carrera.

¿Qué hacemos para llenar de Dios a esas nóminas de 3.000, 5.000, 13.000 hermanos? Tenemos la posibilidad de sembrar en miles de personas que han venido voluntariamente a nosotros y nos dedicamos a gestionar patrimonios (que también) y a cobrarles para vender gestión empresarial.

Hay mucha mies en nuestras hermandades, pero pocos obreros, y los que hay están acomodados. Hay mucho donde predicar, mucha cosecha por recoger, mucho cerebro empapado de arte, de música, de túnica, pero poco corazón empapado de Dios. Quizá debieran las juntas de gobierno plantearse, como corderos en medio de lobos, esa misión –la palabra viene pintada- de ir a por la mies. Decía San Juan Crisóstomo que no debemos caer en la tentación de convertirnos en lobos en medio de lobos, si no seguir siendo corderos, pues al cordero nunca le falta el Pastor.

La mies es mucha…

EL SABOR DE LA VICTORIA

el sabor de la victoriaFoto: Mariano Ruesga – Artesacro

“La victoria es siempre para quien jamás tiene dudas”. Aníbal.

 

¿Quién puede dudar de tu Victoria? ¿Quién puede dudar de ti, Victoria?

No recuerdo en qué libro leí que una victoria está compuesta de pequeños triunfos y, para este maniguetero, así ha sido exactamente esta semana justa, medida, que ha durado la Coronación Canónica de María Santísima de la Victoria.

Desde el milimetrado y conmovedor traslado a la S.M.P.I. Catedral de Sevilla en Rosario de la Aurora -en este mes del Rosario, en el que el Papa nos pide que lo recemos a diario-, hasta la vuelta en un cumplimiento exacto de los horarios anunciados, pasando por un repertorio escogido al milímetro, una cuadrilla excepcional y unos capataces de categoría, una banda a la medida, un cortejo dignísimo y ordenado en todo momento, un Besamanos precioso en su sencillez, un Triduo majestuoso, una Misa Estacional de la Coronación organizada de manera ejemplar, con cuidada liturgia y medidos cánticos, una priostía que ha trabajado a destajo sin destacar y poniendo en valor a la Virgen… Una serie completa de pequeños triunfos que nos han llevado a la Victoria, porque, a pesar de todo lo anterior, solo ha habido una protagonista, la que tenía que ser: la Virgen de la Victoria.

¿Alguien dudaba? La medida de las cosas en esta Hermandad es sublime. Uno no sabe si han llegado a un punto de excelencia que es así de natural o simplemente se cuida tanto todo lo que rodea a la Virgen que no hay lugar a la duda, a la improvisación, al fracaso, a la derrota, todo es Victoria.

Nadie va a descubrir ahora la arrebatadora belleza dolorosa de la Virgen o el maravilloso y perfecto joyero que es su palio, eso ya es sabido de cada Jueves Santo; pero en la vuelta, este sábado, solo el aroma que dejaba la Virgen en su palio al pasar era tan dulce que llegaba a tener sabor, se sentía el final, vencer es llegar a la Virgen, llegar a la Victoria. Y así ha sido, un cúmulo de sensaciones positivas para llegar al final, a la Victoria, con Amarguras, ¡qué bella paradoja!

Esa tímida mueca sonriente que se queda en tu cara cuando recuerdas todos los pequeños triunfos vividos, ese, solo ese, es el sabor de la Victoria.

HISTORIAS DE AMOR

historias de amor

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Y en nuestras hermandades hay historias de amor que merecen ser contadas, porque son verdaderas, porque son reales y porque sus protagonistas, precisamente, no quieren que sean contadas, lo que le da más valor.

Hay una historia de amor en aquel vestidor que se desvive por la Virgen de su devoción, que llora cada vez que termina de acicalarla y que sueña cada noche con vestirla el próximo día. Fuera de la hermandad nadie lo conoce, nadie lo ve, solo ven a la Virgen: “¡qué bonita está siempre!”

Hay una historia de amor a sus titulares en aquel capiller que no faltó un día en 40 años de servicio a la hermandad, que hizo de sacristán, de monaguillo, de limpiadora, de archivero, de guardia de seguridad… que incluso estuvo en una junta aquella vez que hacía falta gente. Saliendo del ámbito de la hermandad no es conocido, no destaca, pero “¡qué alegría da siempre entrar y ver como está la Capilla!”

Hay una historia de amor en el capataz que nadie recuerda desde cuándo toca el martillo, “de toda la vida”, pero nadie sabe como se llama. No alza en exceso la voz mandando, su gente de abajo le quieren, le son fieles y trabajan por derecho. Su Señor no da izquierdazos, ni costeros, va siempre de frente, y la gente solo lo mira a Él, no a quien va delante: “¡qué bien va siempre este Cristo!”

Hay una historia de amor en cada camarera de Sevilla. Nadie sabe quienes son, casi ni se conoce su labor, pero a la Virgen, al Señor, no le falta una “enagua almidoná”, una ropa planchada y un encaje cuidado con esmero. Conocen a sus devociones en su íntima desnudez y aún así siguen queriéndolos como el primer día. Son eternas en sus cargos, da gloria ver el cajón de las cosas de la Virgen, nunca fallan al requerimiento del prioste. Amor incondicional.

Hay miembros de junta que fueron protagonistas un tiempo, pero que llevan escribiendo su historia de amor desde que nacieron y que no faltan ni una semana al culto del martes, del jueves o del miércoles de su hermandad. Hermanos que siempre están, que nunca fallan, para los que no existen bandos, ni elecciones, ni ser de este o aquel, son de su Cristo y de su Virgen.

También hay una historia de amor en el cofrade que cuando ve un paso o un altar de culto no ve quién viste a la imagen, quién es el capataz, qué banda lleva, quién es el prioste o cómo se llaman las flores que lleva, solo ve a la Virgen o al Señor.

Hay miles de historias de amor en nuestras hermandades que no tienen nombre ni apellidos, que no salen en la prensa. Hay historias de verdadero amor que merecen ser contadas y no habría espacio en todo el blog para ello. Es lo único que nos pidió el Señor, que nos amáramos, que lo amáramos, a Él y a su Madre, y hay muchos cofrades que entendieron desde niños que vivir en hermandad no es más que una historia de amor.

 

¿NADIE VA A HACER NADA?

FD31C2F1_144230Foto: La Voz de Galicia

 

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Es emocionante volver a ponerse delante de la pantalla vacía. Es necesario el descanso, liberar la mente, desprenderse de una obligación autoimpuesta por un tiempo y, a la vez, es gratificador volver. Ha pasado el verano, que no el calor, las hermandades ya han iniciado un nuevo curso y este maniguetero vuelve a cogerse al metal para opinar desde el respeto, o al menos intentarlo.

La duda es grande, porque uno lee, ve, observa y concluye pensando que abunda lo menos bueno, pero hay mucho bueno también. Y la duda es grande porque nos gustaría volver con loas y alabanzas, pero puede la razón y llevamos unas semanas en las que lo que nos llega no es casi nada agradable.

Una hermandad declarando voces y redobles como patrimonios inmateriales, cuando las hermandades siempre han nombrado hermanos de honor, honoríficos, perpetuos, … me lo explique. El segundo presidente del Consejo que dimite en los últimos años por motivos personales inexplicados aunque por todos conocidos, por favor, me lo explique. Elecciones al Consejo con dos candidaturas (parece que no habrá más) surgidas ambas de la Junta Superior actual… ¿qué puede cambiar? Hablando de cambios, resulta que los únicos temas que preocupan últimamente son los cambios de banda y si estas son locales o foráneas ¿de verdad? ¿eso es lo importante? Una hermandad celebrando un Rosario de la Aurora de ocho horas con finalización a las tres y media de la tarde y otra tuiteando un curso para aprender a rezar el rosario, me lo explique. Una hermandad que quiere celebrar el 450 aniversario de una guerra, ¡me lo explique! Una señora que descubre que la Carrera Oficial por el Paseo de Colón es la solución, con una arteria principal de la ciudad cortada una semana y como vías de evacuación la Plaza de Toros y el río Guadalquivir, perdone, se lo digo como si estuviésemos en un sambódromo: “você abusou, tirou partido de mim…”. Un periodista diciendo que el Gran Poder es un selfie de Dios, ¡por favor!, me lo explique.

Hablo con muchos cofrades, y la mayoría están rendidos, con los brazos caídos y constatando que “esto se nos ha ido de las manos”. ¿De verdad? ¿Nadie va a hacer nada?