¡AHÍ QUEÓ!

ahi queo

“En todos los trabajos se fuma”, dice una frase popular, y aunque cada vez seamos más los que no fumamos sí que es verdad que toda labor merece un descanso.

No es este compromiso de escribir semanalmente un trabajo, ni mucho menos. En el caso de este maniguetero tiende más a afición, a distracción que a otra cosa, pues ni cobro por ello ni estoy obligado a hacerlo más allá del compromiso que uno adquiere consigo mismo y con los que semanalmente me mostráis vuestro cariño leyendo mi opinión, pero también merece un descanso.

Llega el verano, las vacaciones, y llega el cierre de ese invento que a mí no me gusta especialmente, que se llama “curso cofrade”, pero que reconozco que viene muy bien para tomar aire fresco y marino, alejarse de la hermandad un poco y ver las cosas con perspectiva, retomando, en el inicio del siguiente, la actividad con ganas y con fuerza.

Es el momento de dejar la manigueta por unas semanas, quitarme la túnica y que descanse guardada en el armario hasta pasado el verano, donde nos volveremos a leer desde este blog que intentamos llenar de cariño, de respeto y de prudencia envolviéndolo en el entretenimiento gratuito y tan sevillano de opinar.

 

¡Ahí queó, mis valientes!

¡Los cuatro zancos al suelo!

Se acaba otra chicotá

de este fiel maniguetero,

torpecillo juntaletras

que quiere tomar resuello.

 

Antes que nos demos cuenta

el calor se estará yendo,

habrá pasado el verano

y llegará un curso nuevo,

misa de inauguración,

elecciones del Consejo,

la Virgen de los Dolores

paseando por el Cerro,

mi Pastora de Triana

perfumando el barrio entero,

la Esperanza por las calles

proclamando el jubileo…

 

Disfruta, amigo cofrade,

es hora que descansemos,

en unas pocas semanas

volveremos a leernos,

te lo dice un buen amigo,

palabra de maniguetero.

LAS COLONIAS. AROMAS DE MARISMA.

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Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

En todos los órdenes de la vida el éxito se copia, esto es una realidad que, como no, también ocurre en el día a día de las hermandades. Algunas corporaciones son tradicionalmente pioneras en muchas iniciativas que han servido de modelo al resto, en el seno de otras surgió un día una idea que las hizo destacar y ser ejemplo también para las demás y hay otras que simplemente van adaptando a su idiosincrasia aquello que ya tuvo éxito, incluso manteniéndolo en el tiempo, por la circunstancia que sea, más que la que tomó la delantera.

Por su especial carácter parece que se nos olvida que las hermandades de nuestra capital que veneran a la Virgen del Rocío también son hermandades de Gloria, integradas en el Consejo General de Hermandades y Cofradías y participantes del día a día cofrade de la ciudad, llevando una vida de hermandad muy similar al resto.

Sería interesante profundizar en las obras de caridad que las hermandades rocieras llevan a cabo, aunque una de las más llamativas, por original y adaptada a sus circunstancias, son las Colonias de Verano. Aprovechando que casi todas tienen una casa (y la que no tiene la pide, ¡cuánta solidaridad hay entre las hermandades rocieras!) en la privilegiada aldea del Rocío, con un clima envidiable y a unos kilómetros de la playa, organizan vacaciones a niños en situación de exclusión social y durante quince días disfrutan de la Marisma de Doñana, de la cercanía de la Virgen del Rocío, de la amistad, de valores que quizá no observen en su realidad, de los beneficios del mar…

La colaboración con estas hermandades para la organización de las colonias es tremenda, desde ropa a alimentos, desde subvenciones para autobuses hasta regalos para los niños. Aún así la gran parte del coste económico de las colonias la soportan las propias mayordomías de las hermandades, en la que, para mí, es una de las acciones sociales -como se llaman también hoy- más originales, productivas y adaptadas a la personalidad y singularidad rociera, no solo por lo ya descrito, si no porque le da la oportunidad de hacer una obra de caridad a 40 o 50 jóvenes (y no tanto) de la hermandad que, dejándolo todo, se van 15 días, con una ganas tremendas y una sonrisa de oreja a oreja, a ejercer de monitores de estos niños que tanto lo agradecen.

Colonias con aromas de marisma que llenan de sentido la palabra HERMANDAD.