EL VICEPRESIDENTE

el vicepresidente

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Dice el artículo 42 de los vigentes estatutos del Consejo General de Hermandades y Cofradías lo siguiente: “Corresponde al Vicepresidente: a) Sustituir al Presidente en casos de vacante, ausencia o enfermedad, con todas sus atribuciones, obligaciones y derechos”.

Hay muchos cofrades que, cuando el Presidente del Consejo o un Hermano Mayor dejan el puesto vacante por la circunstancia que sea, defienden que no está legitimado el Vicepresidente o el Teniente de Hermano Mayor para ocupar el cargo, que las urnas son las que legitiman. Este maniguetero siente diferir en este particular con estos cofrades, ya que el Vicepresidente (o Teniente) también se eligió en las urnas, así como todos los demás cargos si, como es el caso del Consejo, se eligen a listas cerradas. Esto viene a significar que cuando se vota se hace a una serie de personas, no solo a quien encabeza, y cada una tiene su cometido.

Cuando los hermanos mayores, representando a su hermandad, votaron mayoritariamente a la lista encabezada por Adolfo Arenas en 2008 y 2012, también votaron a Carlos Bourrelier como Vicepresidente, y ha quedado claro al inicio qué ocurre si el puesto de Presidente queda vacante, luego ¿dónde está la ilegitimidad? El mismo caso se plantea en la actualidad con Joaquín Sainz de la Maza y Antonio Piñero.

Bien es cierto que el Presidente es la figura máxima y representativa, y una vez vacante el puesto puede ser que se piense que ya no es lo mismo que se votó, pero en este caso tan particular del Consejo podemos pensar que muchas hermandades, que tuvieron que elegir entre dos candidaturas, votaron pensando mucho en el Delegado que les correspondería, no solo en el Presidente. ¿Y ahora? ¿Por qué han de prescindir de ese Delegado? La Junta Superior la forman 21 personas.

Un Vicepresidente que debe ocupar la Presidencia por que esta quede vacante nunca puede ser considerada una situación de interinidad bajo nuestro punto de vista, como se ha definido y se define en muchos medios y como así la entienden muchos cofrades, pues el Vicepresidente es tan elegido como el Presidente, los estatutos son conocidos a la hora de elegir y estos prevén esta situación y cómo resolverla. El Vicepresidente debe estar preparado para ocupar la Presidencia si llega el momento, no solo para ir donde el Presidente no pueda o no quiera.

Ahora bien, también dicen los estatutos, en su artículo 51: “Si por cualquier causa quedara vacante el cargo de Presidente, le sustituirá el Vicepresidente, salvo que la Junta Superior, por mayoría simple, decida la convocatoria de nuevas elecciones”.

COFRADES DISTRAÍDOS

cofrades distraidos

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Y entre las muchas cosas que pasan, como siempre han pasado, últimamente pasa mucho que los cofrades estamos distraídos, y cada vez más.

Hay mucha gente que ve a las hermandades como un negocio, y esto hace que se mercantilice nuestra Semana Santa, hasta límites que no podíamos imaginar. Por otro lado las propias cofradías están sucumbiendo al mercantilismo y están imbuídas en una vorágine económica que las aparta de lo fundamental. La información cofrade cada vez tiende más al cotilleo y al amiguismo. Un cambio de capataz o de banda, unas elecciones, un cartel, un pregonero… ahí andamos distraídos en las ramas, en croquetas y cervezas y entre risas, mientras nos olvidamos del tronco.

Yo conocí el mundo de los cofrades cuando era un mundo culto, de personas formadas, cuando se sabía de historia de las hermandades, cuando había conocimiento de la Iglesia, cuando se respetaban las tradiciones y, quien más y quien menos tenía sus conocimientos de arte, cuando no había que dar cursos ni consultar en internet de liturgia, cuando era tal la sevillanía que respiraba cada cofrade que nadie daba lecciones sobre ella. Yo conocí el mundo de los cofrades cuando un joven lo veía como algo inalcanzable, como que quedaba mucho para llegar a estar ahí.

En ese mundo, como ya hablamos hace tiempo por aquí, el cofrade no veía la hermandad como un negocio o una oportunidad de destacar, el cofrade usaba la hermandad para vivir su fe y para su crecimiento interior. En ese tiempo las hermandades no tenían necesidades que ahora se han echado a la espalda y que las obligan a estar pendientes de las cuentas, a tener empleados, a la gestión diaria, cada vez más cerca de convertirse en empresas, si no lo son ya. En ese mundo ningún periódico que se preciara dedicaba una página cofrade dominical al chismorreo, ni a ensalzar solo a los amigos del periodista, ni a la crónica del tres al cuarto del pregón del botellín o las virtudes del cartel de la ensaladilla.

Nuestra distracción la aprovechan unos cuantos listillos y sacan tajada, viviendo del friquismo; otros cuantos listillos creen que todo vale y, minusvalorando al lector, intentan manipular su opinión, y cada vez más cofrades quitándose del cartel, abandonando un mundo que era una delicia y que, por nuestra distracción, no sabe a donde va. Andamos distraídos, nos distraen y nos dejamos distraer, andamos perdidos, sin rumbo fijo, sin norte y sin timón, sin objetivos claros.

Tenemos un ídolo que murió hace dos mil y pico de años y nosotros distraídos con mercaderías en el templo, lo que Él detestaba. Tenemos un libro de referencia que nos marca perfectamente el rumbo, pues en lugar de leerlo una y otra vez leemos a fiscales y a cretarios. Tenemos un líder maravilloso vestido de blanco a quien imitar y nos dedicamos a ensalzar a líderes que tocan el martillo y la corneta. Tenemos el Sagrario a nuestra disposición constantemente y no le echamos cuenta. Y así andamos, distraídos.

IN GLORIA MAGNA

in gloria magnaFragmento del Cartel de las Glorias de Sevilla de Miguel Ángel González

 

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

La “Magna Hispalensis” fue una esplendorosa exposición que se celebró durante 6 meses en la Catedral de Sevilla en 1992 y que, con motivo del V Centenario de la evangelización de América (amén de la Expo), reunió un patrimonio riquísimo y excepcional de la Iglesia de la Archidiócesis agrupado por temas como los orígenes del cristianismo, la Reconquista, el Humanismo, otras religiones, los santos sevillanos, etc. En ella se pudieron contemplar dos pasos de Semana Santa con sus imágenes, el Santísimo Cristo de las Misericordias de Santa Cruz y María Santísima de la Candelaria.

Hoy día una magna es otra cosa, mire usted. Hoy una magna es un evento cofrade de moda que con la excusa de alguna efeméride y disfrazada de evangelización saca un montón de pasos a la calle a la vez para la promoción turística del lugar donde se lleve a cabo. Además suele ocurrir que son los frikis sevillanos quienes llenan las arcas hosteleras del lugar, ya que en Semana Santa “yo no me muevo de aquí”.

Seguimos yéndonos por la ramas, pues parece que no tenemos otra forma de utilizar la palabra evangelizar a no ser que sea sacando pasos a la calle. Aún así resulta que a alguien se le ha ocurrido proponer una magna, de las de hoy, en Sevilla, con imágenes de Gloria de la ciudad (guárdese un breve silencio para la reflexión personal).

Sevilla, una ciudad que no hay fin de semana en el que no haya un paso en la calle, una ciudad en la que no hay año sin Coronación, en la que no hay año sin extraordinarias, una ciudad en la que la Policía Local no da abasto para cubrir procesiones (no se pierdan el video del Corpus Christi de Manhattan, porque vamos acabar así si nadie lo remedia), una ciudad que celebra una magna anualmente que dura una semana (Santa) donde salen más de 100 pasos a la calle, ¿una magna de Glorias? ¿Aquí? Incluso ya están pensando que las que no tengan dinero para salir (que serán casi todas imagino) pueden ponerse en Besamanos el mismo día, en Sevilla, donde ya existen anualmente, al menos, dos Besamanos magnos, el del Domingo de Pasión y el de la Inmaculada… ¿qué mentes privilegiadas han ideado esto? ¿Alguien se ha parado a pensar si esta magna puede reportar algún beneficio a las hermandades de Gloria? (Guárdese otro breve silencio para la reflexión personal).

Las hermandades de Gloria, gracias a Dios, siguen conservando muchas de las esencias que las de Penitencia van perdiendo y Sevilla tiene magnas de sobra sin que se organice alguna más. Dejémoslas estar, que ya bastante tienen con su difícil día a día para meternos en berenjenales; apoyémoslas, pero de manera lógica y olvidando egos; dejémonos ya de inventar, que en las Glorias está ya todo inventado, porque las Glorias son la Gloria misma y son magnas por su sencillez.

EL HERMANO MAYOR

el hermano mayor

¿Qué cofrade no ha soñado con ser hermano mayor de su hermandad? Quizá sea el orgullo más grande que cualquier hermano pueda tener en su corporación, un privilegio a la vez que una gran responsabilidad. Aunque es el sueño de muchos solo llegan unos pocos, y quizá esto sería digno de análisis, aunque analizar la figura del hermano mayor como tal puede que diera para un libro. O una trilogía.

A este maniguetero, como a todos los cofrades, le gusta mucho fijarse en los detalles y en las historias, también en las personales, y por las canas que ya uno peina ha tenido la oportunidad de conocer a muchos hermanos mayores (incluso de serlo) y hay de todo en la viña del Señor, nunca mejor dicho.

Para empezar hay dos formas claras, a “grosso modo”, de llegar a ser candidato a hermano mayor: bien porque sea una meta personal y se provoque la candidatura o bien porque un grupo de hermanos busque a la persona y le llegue la proposición. En el primer caso se puede incluso buscar el momento adecuado, en el segundo el candidato, si acepta, no elige cuándo.

Una vez que se llega al cargo, como decía mi abuelo (que fue hermano mayor, y de dos nada menos) “ca uno es ca uno y tiene sus caunás”. Hay hermanos mayores autoritarios, mandamases y estirados. Hay otros que solo buscan consenso y contentar a todo el mundo. Hay quien prioriza lo material (aunque predique otra cosa). Hay quien lo material le importa poco y se desvive por sus hermanos. Está el hermano mayor caritativo, que entiende a la hermandad como una pequeña Cáritas. El “güena gente” que todo el mundo hace con él lo que le da la gana… Serían muchas las definiciones, ¿verdad? Cada cofrade tendríamos cientos de ejemplos y siempre personalizaríamos en alguien en nuestros pensamientos. Pero todos coincidiríamos en un tipo de hermano mayor: el que lo borda. Y, oiga, de estos hay muy pocos. Porque está claro que contentar a todo el mundo es imposible, pero sí los hay que cuando se van tienen la sonrisa y el reconocimiento de la inmensa mayoría, sin “ojana”, incluso fuera de su hermandad, y ese, oiga, lo ha “bordao”.

Aún habiendo tantos como personalidades y formas de entender la hermandad, hay también muchos aspectos y circunstancias que son comunes a todos los hermanos mayores, sobre los que desde esta manigueta nos apetece destacar dos. En primer lugar la soledad del hermano mayor; difícil de definir, pero cierta. Existen momentos que, quizá por contraposición natural a los muchos que hay de popularidad y agasajo, el hermano mayor se siente solo, al contrario de lo que se pueda pensar. Y en segundo lugar algo que debería estar en reglas como una de las misiones principales del hermano mayor: soportar con espíritu misericordioso que le pongan la cabeza como un bombo.

Mi reconocimiento a todo aquel cofrade que, porque lo busque o porque lo busquen, llega a ser hermano mayor de su hermandad. Y si lo borda, más todavía.