¡LO HEMOS CONSEGUIDO!

lo hemos conseguido

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

¡Sí! ¡Lo hemos conseguido! Por fin las autoridades civiles nos reúnen para decirnos cómo hemos de hacer nuestras estaciones de penitencia, cómo tratar a los hermanos nazarenos, dónde encender los cirios, cuándo beber agua, cuándo correr si tienes miedo, cuándo nos hablarán por megafonía y cómo encenderán y apagarán el alumbrado público al paso de nuestras cofradías. “Autoprotección” es la palabra de moda esta Cuaresma (otra más perdidos en lo accesorio). ¡Hagamos planes de autoprotección! ¡Seguridad para nuestros hermanos! ¡Vallas! ¡Aforamientos! ¡Pasillos! ¡GPS a la cofradía! ¡Jefe de seguridad!

Cofrades, lo hemos conseguido, por fin el 061 nos prepara para nuestras maratones de penitencia. ¿Quién puede decirle al responsable de EPES que no lleva razón? Los consejos de salud que nos dan, los mismos que dan en la carreras populares, son lógicos para aquello que hacemos, que no son ni más ni menos que diez, doce, catorce horas con una túnica, capa y la cara tapada… ¿y lo vemos normal? Recorridos que se pueden hacer en 6 horas los hacemos en el doble con saludos interminables, “revirás” de tornillo, a marcha por “chicotá”, hemos convertido en necesario tener tres cuadrillas y contratar bandas de 150 músicos porque si no no hay quien aguante; venimos desde distancias kilométricas por pasar por la Campana, y aún hay quien lo intenta… ¿Dónde hemos llegado? ¿Esto es lo que buscábamos? Pues ¡lo hemos conseguido!

¡Lo conseguimos! Ayer mismo, en aras a la autoprotección -otra reunión más en Cuaresma- los periodistas nos decían que sin ellos no podemos vivir, que una hermandad sin un “community manager” profesional no sabe lo que hace, que hoy día es fundamental que se tuitee la Estación de Penitencia minuto a minuto y que lo haga un profesional de la comunicación… ¡Lo hemos conseguido!

Sería un auténtico ceporro si me opusiera al progreso o si me enfrentara a los criterios de seguridad que garantizasen una mejor Semana Santa. Sería un mentecato si obviara las herramientas que la tecnología nos ofrece para una comunicación inmediata o si pasara por alto los consejos de salud de unos expertos; a lo que sí me opongo es a la pasividad de unas hermandades que, obnubiladas en actos, carteles, pregones, estrenos de marchas, presentaciones, eventos sociales y proyectos materiales, están dejando que las manejen. ¿Eso es lo que queríamos? Pues ¡lo hemos conseguido!

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SECRETOS DE HERMANDAD

secretos de hermandad

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Y son tantas las cosas que pasan, pero tan intrascendentes la mayoría, tan manidas, tan traídas, tan llevadas, tan anunciadas, tan publicadas y tan repetidas que ya le damos vueltas a la cabeza desde esta manigueta que tanto nos hace pensar y se hace difícil rellenar la pantalla de letras que tengan algo de sentido y que le hagan a usted pasar, cada semana, unos minutos de lectura, si no agradable, al menos decente. Pero al final siempre sale algo del baúl de los recuerdos, recientes o pasados, que hace que, con una mano en la manigueta y con otra en el teclado, vayamos juntando palabras, frases y párrafos y contando alguna cosa, de estas que pasan en nuestras hermandades.

Afortunadamente, y no sabemos cuánto durará, quedan secretos en la hermandad que no salen en prensa, no todo el mundo conoce y forman parte de la preciosa trastienda que cada una de nuestras corporaciones tiene. Y no me refiero a estrenos, proyectos, deliberaciones de cabildo, la nueva marcha (¿cuántas van?) o que fulanito vaya de fiscal de Cruz, para nada. Me refiero a la labor que se hace con los hermanos, sobre todo mayores y enfermos y que, afortunadamente decía, quedan aún en el corazón del que recibe y en las lágrimas de quien tiene la oportunidad de dar.

En todas las hermandades hay un miembro de junta, o varios, o exhermano mayor, que conoce gran parte del censo de hermanos (hoy día sería imposible conocerlo entero) y que anda constantemente preocupado del hermano que enferma, del que quedó impedido, del que perdió un familiar, del que pasa mala racha, del que sufrió una desgracia… y en esos momentos es cuando una de las labores más bonitas y más calladas (y que siga siendo así, ¡por Dios!) de las hermandades se lleva a cabo: “Oye, ¿te has enterado que han operado a mengano de corazón?, vamos a llevarle un pañuelo de la Virgen”. “No te olvides de llamar a fulanita, que desde que está en silla de ruedas no viene por la Hermandad, vamos a hablar con su hija y la traemos ahora que está la Virgen en Besamanos para que la vea”. “Fulano hace tiempo que no lo veo por la hermandad, ¿por qué no lo llamas a ver qué le pasa?” “Nunca olvidaré cuando mi padre estuvo tan malito y el hermano mayor nos trajo a casa unos días una potencia del Señor… ¡cómo se agarraba a ella mi padre!” “Aún recuerdo cuando tuve el accidente y tal como me repuse me llamó el mayordomo para que cogiera al Cristo para subirlo al Altar de Quinario”.

Las hermandades han perdido mucho de su esencia para entregarse al materialismo social imperante y a la afición a los desfiles artísticos. Ojalá nunca perdamos estos secretos que son su alma verdadera y el sentido de la transmisión de la fe.

EN BUENAS MANOS

en buenas manos

Algún sábado lo había visto en misa de tarde en la Ermita, aunque no cruzáramos palabra, pues yo sabía quien era él, ya que había sido hermano mayor y era una cara de las que suenan, pero él no sabía quien era yo. No nos conocíamos de nada hasta que Enrique cruzó nuestras vidas, y bendita la hora.

Podría describir sus mil virtudes -defectos tendrá, como todos, mas no los conozco- pero no creo que sea el momento de detenerse en eso… o sí. A mí me ganó aquella noche, me abrió su corazón de tal manera que marcó el mío para siempre, y quizá esa sea una de sus grandes virtudes, ese gran corazón que ahora le están reparando, pues sería imperdonable perder un corazón como el suyo tan pronto. Es un tío tan normal que da hasta coraje, profesional, educado, desprendido, señor, afable, íntegro, con esa planta que da el sentirse seguro de sí mismo y esa sabiduría que solo tiene el que lee constantemente. De vez en cuando te sorprende, cuando menos te lo esperas, con un mensaje que te hace reír, solo piensa en ver felicidad a su alrededor. Es un cofrade de verdad, auténtico, aunque él no lo sepa, pues reniega constantemente diciendo que no entiende de hermandades. Un tío para quitarse el sombrero -como hace cada año al cruzar el Quema- mi abuelo diría que es un “hombre cabal”.

No sé como le sentará que escriba esto, pero es lo que me sale del corazón, ya saben ustedes que desde esta manigueta no solemos personalizar mucho. Está pasando este Miércoles de Ceniza en la UCI, aunque todo marcha según lo previsto por los doctores. Un par de arterias malages querían ponernos difícil que disfrutáramos más de su inmenso corazón, pero estoy convencido de los grandes beneficios de la oración colectiva, y son muchos amigos rezando por él.

Hacen falta en Sevilla, y en nuestras hermandades, muchos ‘joserramones’, muchos, todo iría infinitamente mejor. Una persona que va llenando corazones de esa manera no puede quedarse sin el suyo, y el Señor y esa Blanca Paloma saben por quién tienen que apostar. Pronto estará en casa viviendo una nueva Cuaresma. Está en buenas manos, en las mejores.

PARAR EL DESMADRE

desmadre

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Que la Semana Santa está desmadrada es una realidad, pues según indica la RAE en su diccionario, en su tercera acepción, “desmadrar” es conducirse sin respeto ni medida, hasta el punto de perder la mesura y la dignidad. El desmadre viene, sobre todo, en el número. En nuestro humilde alcance, las hermandades tienen su fundamento en ser, simplemente, una asociación de fieles en la cual vivir la fe en comunidad, como hermanos que somos en Cristo, orando juntos, compartiendo experiencias, practicando la caridad de la mano, ayudándonos entre nosotros, estando siempre cerca del otro y, sobre todo, dando culto a los titulares, que es la razón principal. Cuando se masifica, una hermandad pierde mucho de su fundamento, pues todo esto se diluye entre números.

Estaciones de penitencia desvirtuadas, departamentos de contabilidad con más trabajadores que muchas pymes sevillanas, cargos de responsabilidad que necesitan dedicación absoluta, bandas masificadas, cuadrillas con más de 200 aspirantes, programas de radio y televisión dedicados todo el año a la Semana Santa, noticias diarias, carteles a gogó, pregones por cada esquina, todo, todo desmadrado, números de infarto, masificación sin mesura, sin medida. Las propias hermandades, con un afán impropio de su carácter, entraron hace mucho mucho tiempo (todo esto no se ha creado en dos días), dejándose llevar por el entorno, en una guerra de cifras que empezó con los programas de mano. La que tenía más nazarenos era mejor hermandad… ¿quién le metió esto a los cofrades en la cabeza?

Nosotros mismos, como ya hemos comentado desde la manigueta muchas veces, somos los que hemos desvirtuado aquello que tanto amamos. Las hermandades no están hechas para soportar estos números, ni para que vengan políticos a decirnos con cuánta luz hemos de procesionar, por qué calles y si somos un peligro o no para el público (cada vez más fiel pero menos fieles) que nos ve. Las iglesias no están hechas para “meter” 1.000 personas revestidas con túnicas para procesionar, por ejemplo.

Reflexionar sobre esto a muchas juntas de gobierno no les vendría mal, pues se ha primado durante muchos años a la cantidad antes que a la calidad, y por ganar cantidad se ha perdido calidad, nos hemos creído que más gente era más devoción, y lo hemos convertido en afición, perdiendo a Dios de nuestro día a día. Tantas hojas en el árbol no nos dejan ver el tronco.

O se para el desmadre o el día que explote no tendrá arreglo. Y no es fácil.