SACAR A DIOS A LA CALLE

sacar a dios a la calleFoto: ABC

 

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Hagan lío” -decía el Papa Francisco en la JMJ de Río de Janeiro de 2013 hablándole a los jóvenes- “saquen a Dios a la calle”. ¿Creen ustedes que esas frases aquí en Sevilla tendrían vigor? ¿Serían válidas? El otro día, leyendo algunas cosas del Papa (de las de verdad, no de las que le adjudican por WhatsApp, que si escribiera todo lo que le atribuyen no tendría horas en el día el hombre para escribir) repasábamos estos mensajes y nos preguntábamos si aquí, que sacamos a Dios, a su Hijo y a su Madre a la calle un día sí y el otro también, calarían.

A este maniguetero le gusta quebrarse la cabeza con estas cosas, porque si ahondamos en lo básico y lo tenemos claro, quizá lo demás venga solo con más sentido y con más firmeza, con verdad. Y la verdad es que pensamos que sí que calarían, que Su Santidad no da puntada sin hilo, que todo lo que dice queda, y que transmite una enseñanza genial cada vez que lanza una idea. El verdadero sentido de nuestras hermandades es sacar a Dios a la calle, hecho Eucaristía, para que lo veamos a través de su Hijo en su Pasión, Muerte y Resurrección, para que lo sintamos al contemplar a la Virgen, dolorosa o gozosa y también a través de los santos, pero ¿lo hacemos?

Ya dijo algún pastor que estábamos creando una Semana Santa sin Dios, y a pesar de que nuestro mensaje parezca repetitivo no nos cansaremos de insistir, pues llevamos los cristianos más de 2.000 años haciéndolo: hay que sacar a Dios a la calle, tenemos que poner todo de nuestra parte para que los que nos vean contemplen a Dios, en nuestros pasos, en nuestra música, en nuestros cortejos, en nuestro comportamiento, en el día a día de la hermandad, en nuestras acciones caritativas, en nuestros cultos…

Quizá ahora que acaba de nacer y que comienza un nuevo año sea un buen momento para adquirir este bonito compromiso por parte de todos los cofrades: hagamos lío, pero sacando a Dios a la calle.

Que tengan una Feliz Navidad y un 2018 lleno de cosas buenas.

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MIEDO A DECIDIR

miedo a decidir

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Todos los cofrades tenemos nuestra propia opinión sobre cada tema que incumbe a nuestras hermandades, y si este es relacionado directamente con la Semana Santa, además, nos atrevemos a exponerla en foros públicos y privados sin ningún tipo de cortapisa. Esto, mientras no se haga daño a nadie, es en principio constructivo y enriquecedor; la peor parte llega cuando se opina despreciando, sentando cátedra o sin humildad, sobre todo cuando se hace sobre las decisiones de otros cofrades.

Como ya hemos comentado desde esta manigueta en múltiples ocasiones, las redes sociales son, en la actualidad, la barra del bar de hace 20-30 años, pero multiplicada por 100 por su inmediatez y alcance. Esto es una realidad con la que las hermandades y sus dirigentes tienen que convivir, y deben saber que cualquiera con un “esmarfon” en la mano y la libertad de expresión en la otra lo pone de vuelta y media o en lo más alto de sus preferencias en un segundo. Como si hablamos del periodismo cofrade, páginas webs de aficionados o blogueros (véase el ejemplo), otra realidad que hace 20-30 años no existía y con la que se debe convivir hoy día.

Que esa realidad exista y haya que convivir con ella no debe implicar, entiende este maniguetero, que deba influir en las decisiones de los dirigentes, juntas de gobierno y demás juntas de nuestras hermandades y cofradías. Quiero decir con esto que, a nuestro parecer, los cofrades que ocupan algún puesto de gobierno debieran de mantenerse al margen de las opiniones y reflexiones de los cofrades de a pie, de barra de bar, de móvil en mano, a la hora de decidir en el ámbito que le corresponda (quede claro que no nos referimos aquí a decisiones de cabildos generales u otras colegiadas que deban ser tomadas por todo el colectivo y no solo por los gobernantes).

Ahora bien, no todos los dirigentes tienen la suficiente capacidad para hacer esto, ni la suficiente formación, ni siquiera el conocimiento de las reglas, estatutos, códigos y leyes que les incumben, incluso muchas veces ni la personalidad suficiente. Y suele pasar que, dada la inmediatez y el alcance de las redes sociales al que nos referíamos -amén de la saturación de prensa morada-, cuando un miembro del gobierno de cualquiera de nuestras corporaciones tiene que tomar una decisión sobre una cuestión de enjundia, esta ya ha sido debatida suficientemente y si, además de esto, los miembros de la mesa no lo tienen claro de manera unánime, la decisión puede ser, muy probablemente, la menos adecuada. Y entonces es cuando llega el miedo a decidir.

¿Y qué ocurre cuando hay miedo a decidir? Pues suele ocurrir que se le echa la culpa a lo que no lo tiene, que se pospone la decisión, que se encarga a otro que estudie el tema para poder echarle el muerto…

Esta reflexión que hoy exponemos no quiere ser más que un llamamiento a los cofrades, una vez más, a la sensatez y a la cordura. Es ilusionante pertenecer al gobierno de tu hermandad, es un orgullo, a la vez que una responsabilidad muy grande. Hay que sentirse preparado para aceptar ejercer un cargo de responsabilidad, y también hay que ser sensato a la hora de elegir a quien gobierne. La responsabilidad es tanto de quien se presenta como del hermano que elige -que suele hacerlo por afinidad o por beneficio propio a base de promesas más que valorando la capacitación y/o las intenciones de los elegidos- ya que si no se elije con criterio luego vienen los miedos a decidir, los lamentos y las sorpresas.

EL CURA CAPATAZ

el cura capataz

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Hace pocos días salta la ‘noticia’ del nuevo periodismo sensacionalista morado: “Un sacerdote manda arriar el paso de la Amargura de Jerez cuando se interpretaba el pasodoble Suspiros de España”. Ahí lo llevas, carnaza pura, echando leña, sopla un poco que esto arde solo, no cites al bicho que entra al trapo solo…

No será desde esta manigueta desde donde entremos a discutir los distintos y variados temas de debate –musical y cofradiero- que derivan del hecho ocurrido, tales como si es apropiado un pasodoble para una imagen sagrada, si se deben permitir ciertas licencias en extraordinarias, si hay marchas menos apropiadas que muchos pasodobles, marchas flamencas si o no, si lo importante es el espíritu de la composición (sacro o no), si la Macarena sí y las demás no, si lo de la Plaza de España fue único e irrepetible o solo la primera vez, si basta que lo haga la Macarena para que lo hagan otras, etc., etc., etc.

Lo que nos ha llamado bastante la atención ha sido la respuesta de muchos cofrades, sobre todo jóvenes, ante el hecho de que sea un sacerdote quien mande parar el paso. Y aunque volvamos a la tan manida realidad de la formación y la educación, aunque no discutamos de temas musicales y de procesiones extraordinarias, para este maniguetero hay una cuestión que no admite peros: la autoridad de la Iglesia, y por ende del clero, en las hermandades. Me quedo sorprendido (una vez más) ante las afirmaciones que dicen que solo el fiscal es quien debe parar el paso, que eso es quitarle autoridad al capataz, que “¿quién se cree el cura que es?”, que vaya poca vergüenza o, simplemente, “que se dedique a sus cosas y no se meta en las de la hermandad” (obvio el calificativo anterior a la frase). Si los cofrades jóvenes de hoy día no respetan a la Iglesia y a los sacerdotes, si no aceptan su dirección espiritual y orientación en los cultos, ¿qué futuro nos espera a las hermandades?

Me atrevería a recomendar a estos jóvenes la lectura del Título III, especialmente el Capítulo VI, del Código de Derecho Canónico o, en el caso de nuestra Archidiócesis, también el art. 38 (sobre todo el aptdo. 2) de las Normas Diocesanas para Hermandades y Cofradías de 2016 del Arzobispado de Sevilla. Y más misas y menos procesiones.

ROMANCE DEL ILUMINADO

romance del iluminado

 

En este mundo cofrade,

tan nuestro y tan sevillano,

sale cada dos por tres

-dándole cera a los mambos-

a la arena de internet

un gurú de tres al cuarto,

dueño de sevillanía,

de los linajes más altos,

ranciedad de casta antigua:

ya llegó el iluminado.

 

Reconozco que lo fui,

aunque sin linaje rancio,

reconozco que inventé,

que por mi mente han pasado

medidas, normas y parches

que hubiesen solucionado

este problema acuciante

de los cortejos tan largos,

de la molestia prolija

al turista o invitado.

 

Reconozco que pequé,

reconozcan que han pecado,

que midieron los cortejos,

esquinas, tiempos de paso,

que calcularon distancias,

minutos de tramo a tramo,

que aunque nadie lo supiera

se han comido tela el tarro

y destripado los sesos

para arreglar los días santos,

que aunque sin cuna ni estirpe,

sin ser de los rancios… rancios,

reconozca, por tutatis,

que, como yo he confesado,

lleva dentro de su ser

también a un iluminado.

 

Claro, que los hay prudentes,

que solo estando en privado

comentan sus ocurrencias,

su solución si es el caso:

– “Pues esto lo arreglo yo

en la Campana multando,

quitando la subvención

de un auténtico plumazo”.

– “Compadre, fíjate tú

qué manera de arreglarlo:

un año salen los verdes

y ‘pa’ el otro los morados”.

– “Pues yo creo firmemente

que pegaría el pelotazo

que la carrera empezase

por la Puerta de los Palos”.

– “Deja, deja, lo mejor,

para acabar de arreglarlo,

es poner limitaciones

a los números de hermanos”.

 

Y como los hay prudentes

así los hay arriesgados,

cofrades de sillón gordo,

rancios que vuelan por alto,

poseedores del saber,

periodistas, abogados,

empresarios y doctores,

consiliarios, diputados,

que privados de pudor,

creyéndose los más sabios,

quieren hacer comulgar

a aquestos del populacho

con piedras filosofales

y mágicos recetarios.

 

¡Ay, Señor, Señor, Señor!

¡Cuánto rancio iluminado

que trata al capirotero

como un verdadero trapo!

Cuánta mente malgastada,

cuántos cerebros preclaros

que piensan que aquí en Sevilla

todo el monte tiene orégano,

que porque toquen la flauta

iremos detrás bailando.

 

Aquí tiene quien los tiene

los papeles en la mano:

Ayuntamiento, Consejo

y también Arzobispado.

Dejémosles trabajar

que la sartén por el mango

no la tienen más que ellos

que cargan con esos cargos,

y mientras tanto nosotros,

que somos cofrades rasos

-con rancedumbre o sin ella,

sin linaje o alto cargo-

vivamos nuestra hermandad,

que ahí radica el encanto.

 

¡Ay, Señor, Señor, Señor,

cuánto rancio iluminado!