CHILLANTES, GRITAVIVAS Y OTROS PROTAGONISMOS

chillantes

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Hace casi dos años y medio hablábamos de los molestantes y decíamos que desde la manigueta era uno de los mejores sitios para observarlos, finalizando con una promesa: que otro día hablaríamos de los “chillantes”.

Es cierto que desde la manigueta es desde donde mejor se observa a esta otra especie neocofrade. Son profesionales del viva, del chillido, del piropo hortera, del estertor, del suspiro de amor profundo, del protagonismo absurdo. Suelen aparecer en las procesiones de vírgenes de Gloria, patronas, extraordinarias y demás ocasiones marianas dignas de petaladas, cohetadas y fiestas de guardar, donde esperan la ocasión propicia del máximo protagonismo para lanzar su viva ensayado desde días antes o expresar en voz alta su anhelo de devoción extrema.

En nuestra tierra desde siempre se le han dicho piropos a la Virgen, pero de manera ocasional y con arte. Hubo también una época -en los desmadrados 80- en la que se le chillaba a las vírgenes (sobre todo a las Esperanzas, de Triana y Macarena) aquellos “guaaaaaaaaaaapa y guapa, y guapa y guapa guapa guapa”, pero afortunadamente aquello pasó, fue el mismo pueblo el que mandó callar a los chillantes y fueron diluyéndose como la espuma. Nadie es quien para juzgar la devoción de cada uno y como cada uno la expresa, faltaría más, pero hay cosas que están fuera de lugar. En nuestra tierra es costumbre agasajar a nuestra Madre, en sus cultos externos gloriosos, con una música procesional de corte menos fúnebre que la propia de la Semana Santa, con pétalos de flores que perfumen el aire y alfombren el suelo, con cohetes que anuncien al vecindario que María está en la calle, con adornos y luces que exornen los lugares por donde la Virgen pasa, incluso con algún viva… pero hay cosas que están fuera de lugar. No quiere más a la Virgen quien más lo grita una vez al año ni quien es más original en el chillido; tampoco quien suspira en voz alta (“que te quiero madreeeeee”, “eres mi vidaaaaa”, “nos tienes locooooosss”…) buscando que escuchen sus anhelos. Incluso hay “profesionales” del cangrejeo piropero que los puedes ver gritando exactamente lo mismo, delante de vírgenes distintas y hasta en varias ocasiones en el mismo mes.

Es comprensible que cualquiera, en un momento dado de emoción y de fervor incontrolado hacia la Virgen de sus amores, saque del corazón cualquier piropo que salga exaltado por su boca, pero el piropo ensayado, el grito desmedido, el suspiro postizo, a nuestro entender, están fuera de lugar, simplemente porque eso lo único que busca es quitarle el protagonismo a quien lo tiene, que es la que va encima del paso.

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TENGAMOS EL CULTO EN PAZ

tengamos el culto en paz

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

No será un servidor el que ponga en solfa el asunto de la seguridad en los cultos públicos de nuestra ciudad, mucho menos en esta última época que nos ha tocado vivir, pero… oiga… ¿todo es seguridad? Y cuando hablamos de seguridad… ¿a quien aplicamos la palabra, a los espectadores, a los participantes, a las imágenes, a las obras de arte sobre las que procesionan, a todo junto?

Resulta curioso como en aras a la seguridad, y como premisa, los cofrades -cada vez más- estamos justificando los cambios y posibles modificaciones en la forma de concebir nuestras procesiones y estaciones de penitencia. Y no solo asombra esto, si no que, en muchas ocasiones, estamos poniendo la seguridad por encima del culto, incluso olvidándonos de él, y por ahí nos estamos dejando ir.

¡Qué duda cabe que la seguridad de todos los nombrados es importantísima! ¡Qué duda cabe! Pero más importante, para nosotros, es que salimos a la calle a rezar, a dar público testimonio de nuestra fe, y si bien tenemos que colaborar en que nuestros cultos externos sean más seguros para todos, nuestra principal preocupación, como asociaciones publicas de fieles que somos, debe ser celebrar con intención apostólica y devocional, como una verdadera profesión de fe, nuestros cultos.

Me reitero: que no digo que no sea importantísima, que lo es, pero los cofrades tenemos que defender primero que manifestamos públicamente nuestra fe, de una manera única y tradicional, y esos siglos de tradición y de devoción las autoridades deben respetarlos, procurando –para ellos sí debe ser primordial- que sean lo más dignos y seguros posibles.

Colaborando siempre, pero defendiendo lo que nos corresponde lo primero, que da la sensación que tantos números, órdenes, sentidos, pasillos y reuniones nos hacen olvidar hasta casi lo que somos. Y todo esto quedó demostrado perfectamente por el Señor de Sevilla -y su Hermandad- hace ahora casi un año. Culto primero. Seguro, por supuesto.

MUCHO MÁS DE CUATRO HORAS

santa marta 2017

Es comentario habitual, entre los cofrades de otras hermandades, la benevolencia de la estación penitencial de la Hermandad de Santa Marta, por ser de las más cortas en duración en la nómina de nuestra Semana Santa. A priori esto no tiene discusión, los datos son datos, y estos dicen que, desde la Cruz de guía hasta el último penitente, nuestra cofradía está en la calle cuatro horas, mas este análisis, frío y exclusivamente numérico, no corresponde a la realidad. Cualquier hermano de Santa Marta sabe que ser nazareno del Cristo de la Caridad y de la Virgen de las Penas no son solo cuatro horas, no es una benevolente –será para el que no la haya hecho nunca- estación de penitencia en la tarde del Lunes Santo, no. Ser nazareno de Santa Marta va mucho más allá del mero hecho de revestirse con la túnica.

Ser nazareno en Santa Marta es acompañar a los titulares, pero todos los días. El nazareno de Santa Marta es simplemente un cristiano más, no alza la voz, no destaca, no molesta, reza, hace el bien a sus hermanos, vive su fe, es uno más de la grey, otro católico, sencillamente. Conozco a muchos de entre sus filas que buscan eso, solo eso, ser uno más. Cualquiera de mis hermanos que esté leyendo este artículo ahora mismo puede recorrer mentalmente nuestra estación de penitencia, desde la emotiva misa de nazarenos matinal, pasando por el profundo respeto, orden, compostura y la camaradería entre hermanos que se respira en San Andrés organizando la Cofradía, sentida Comunión junto a los hermanos de tramo, salida ordenada, recogimiento ejemplar en la ida entre el bullicio de la tarde, Carrera Oficial con apreturas, regreso silente, nocturno y respetuoso, entrada entre tañidos lastimeros, oración emocionada ante los titulares y regreso a casa.

Cualquiera de mis hermanos también puede recorrer mentalmente, de la misma manera, nuestro calendario anual de cultos, desde la Función Principal de Instituto hasta la propia estación de penitencia, pasando por la Misa “In Coena Domini” del Jueves Santo, el Triduo de mayo a la Virgen de las Penas, los Cultos Eucarísticos y Función de junio, el Besamanos a Santa Marta en dicho mes o el Triduo en octubre, Función de Ánimas de noviembre, Vigilia a la Inmaculada y Besamanos a la Virgen de las Penas en diciembre, misa de Navidad y, ya en Cuaresma, Quinario, Via Crucis, Meditación y Besapiés al Cristo de la Caridad.

La misma normalidad con la que se lleva a cabo la estación de penitencia, con la que se celebran todos estos cultos, es con la que cada hermano practica y vive su fe durante todo el año; con esa naturalidad que está ya impresa en la vida diaria de la hermandad, en su idiosincrasia y en el carácter de sus hermanos, esa tranquilidad, esa serenidad que no es fácil de mantener hoy en nuestra sociedad, pero que va en la genética de Santa Marta, desde el primer día.

Ser nazareno en Santa Marta es esperar que llegue cada martes para rezar a las plantas de la Santa de Betania y adorar al Santísimo, es caminar día a día asido a la mano caída del Cristo de la Caridad sabiendo que la Virgen de las Penas no apartará nunca su mirada de ti. Ser nazareno de Santa Marta es mucho más de cuatro horas.

 

(Publicado en el Boletín Informativo nº 94 de la Hermandad de Santa Marta – Febrero de 2017)

HOY VENGO A REZARTE

hoy vengo a rezarte

 

Hoy vengo a rezarte, sí. Hoy vengo a rezarte porque necesito verte cara a cara, porque necesito estar contigo en tu Capilla, porque necesito que me expliques, que me escuches, que me mires, que me entiendas, entenderte…

No te voy a negar que he dudado de ti, tú ya lo sabes; pero tampoco me podrás negar que, aunque ha sido poca cosa, casi es inevitable que haya tenido un momento de zozobra, soy un hombre y tengo flaquezas, tú ya lo sabes. Lo sabes tan bien como que eres la que me ayuda muchas veces a sobreponerme a esas debilidades. Por eso estoy aquí, por eso hoy vengo a rezarte. Me acuerdo de la anécdota de aquel que venía a echar un cigarrito contigo, necesito echar un cigarrito contigo.

Los conocía a los dos, a esos dos hijos tuyos, no tanto como para tener confianza con ellos, pero sí como para saludarnos con afecto siempre que nos veíamos por la hermandad o por el barrio y para haber tenido en más de una ocasión alguna conversación interesante y fraternal, casi siempre de la cofradía. Pero no es ya eso, ¡es que conozco a tantos amigos comunes que están destrozados! ¿No voy a dudar? ¿Tú me entiendes?

Yo sé que están contigo, que tus razones –que ahora quizá se nos escapan- tendrás para habértelos llevado a tu vera y al lado del Cristo (cuando el Cristo no estaba, cuando solo estabas tú –y el que siempre está en el Sagrario-), que yo eso no lo dudo, pero se me hace tan difícil… ¿y sus familias? ¿y esos niños? ¿y esos padres? ¿y esos compañeros de junta?

Hoy vengo a rezarte y a pedirte. A darte gracias, como siempre, pero necesito pedirte hoy también, porque es demasiado el dolor que percibo, porque necesito ayuda para comprenderlo, porque veo que mi fe se tambalea en situaciones como esta y sé que tú me escuchas, y sé que tú nos ayudas. Hoy te necesito, como tantas otras veces, hoy te necesitan, y vengo a rezarte, por mí y por ellos.

Hoy vengo a rezarte, pero no por José Manuel ni por Álvaro, hoy vengo a rezarte por los que les quieren, por los que les querían, por los que aquí se quedan… sin ellos, pero contigo.