ROMANCE DEL MANIGUETERO

romance del maniguetero

Desde esta manigueta,

asido a su fría plata,

te voy contando cosillas

todas, todas las semanas.

Mas en periodo estival,

la época de la playa,

toca vivir el agosto

y la hermandad aparcarla,

descansar de cofradías,

la sin hueso relajada,

olvidarnos de los pasos,

dejar de escuchar las marchas

y dedicar nuestras horas

a tareas menos sacras.

 

Así que amigos cofrades,

hablándoles con el alma,

este fiel maniguetero

descansa una temporada.

No sé cuánto durará,

será corta, será larga,

quizá sea cosa de meses,

quizá bastantes semanas,

quizá no aparezca en años,

quizá aparezca mañana…

hay que dejar reposar

la manigueta de plata,

coger un cirio en la fila

y equilibrar la balanza.

 

No es un adiós, hasta luego,

que nadie me obliga a nada,

que es solo mi manigueta

la que me tiene, me atrapa,

me da el venenillo dulce

de asomarse a la ventana

y como en un “ojo patio”

charlar desnudando el alma

de lo que tanto nos gusta,

de nuestra Semana Santa.

 

Hoy, los zancos ya en el suelo,

la manigueta descansa,

pero mas pronto que tarde

quiero volver a agarrarla.

Hasta un miércoles cualquiera,

hasta luego, hasta mañana.

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TRADICIÓN SIN ORACIÓN

tradicion sin oracion

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

En muchas ocasiones estas reflexiones que desde la manigueta surgen son consecuencia de charlas entre cofrades en las que uno participa, conclusiones personales que resumen una buena tarde en la hermandad, en Twitter, en el grupo de WhatsApp o en el bar de la esquina. Y así ocurre en este caso.

Hablábamos de un tema ya más que tratado: la cantidad de actos, cultos y procesiones que tienen hoy día las hermandades, hasta el punto que para muchos miembros de junta resulta agotador acudir a todos a los que son invitados o deben representar a su hermandad, compromisos sociales que, por otra parte, nos hemos creado nosotros mismos. Esto lo comparábamos con el número de personas que acuden a la Iglesia a diario, o simplemente los domingos, y, realmente, hay algo que choca, que no concuerda, algo falla. No hay el mismo nivel de compromiso.

Muchos de los miles de nazarenos que desfilan en nuestra Semana Santa lo hacen por tradición y muchos hermanos que acuden a las funciones principales de sus hermandades con sus hijos lo hacen por tradición, porque sus padres lo hicieron con ellos. Está claro que hemos heredado una tradición que debemos conservar, pero estamos olvidando el fundamento de esta, convirtiendo en una afición o en una mera costumbre nuestros cimientos católicos y cristianos.

Y en este tema no podemos hacer responsable a la hermandad o a los profesores del colegio (si este es religioso), esto se aprende en casa, esto lo enseña papá y mamá. Salir de nazareno en tu hermandad puede ser una tradición que hay que cumplir, pero hacer una estación de penitencia es mucho más, el que no conoce aquello en lo que cree tiene desvirtuada su fe. Ir a la función principal con tus padres marcará una costumbre hacia tus titulares y hacia tu hermandad, pero no te debe hacer un forofo y sí un devoto. Salir de acólito el día que procesiona tu hermandad, al lado del paso, debe ser un orgullo de juventud, pero si no sabes el significado de lo que estás haciendo habrá sido en vano. Si te vistes de mantilla el Jueves Santo por tradición, con el mismo espíritu que si te vistieses de flamenca, mal asunto.

Desde la manigueta surgió una frase que puede resumir la idea de aquella conversación y de esta reflexión de hoy: Tradición sin oración es afición.

¡QUÉ ENVIDIA!

que_envidia

El pasado día 6 de julio, poco después de las once de la noche en Pamplona, un musulmán deja una mochila en el suelo, grita “Allahu Akbar” (“Alá es el más grande”, grito de los yihadistas antes de inmolarse), y provoca una estampida durante los fuegos artificiales diarios que se celebran a las 23:00 h. en Sanfermines. A los pocos minutos es detenido, se comprueba que no había nada en la mochila y mediante un juicio rápido ayer, día 11 de julio (antes de cumplirse 5 días de su detención) ha sido condenado a dos meses de prisión y 16 meses de expulsión de Pamplona por desorden público. Como ha aceptado la condena, finalmente se ha sustituido la prisión por una multa de cerca de 1.000€ (8€/día durante 4 meses). ¡Qué envidia!

En el segundo encierro un mozo citó de frente a un toro justo antes de la Cuesta de Santo Domingo, con el inri de que sobrepasó la raya roja pintada en el suelo que limita la zona donde pueden estar los corredores. Esto provocó que el toro se diera la vuelta y a los 10 minutos de acabar el encierro el corredor había sido multado por la Policía Local, in situ, con más de 1.000€. ¡Qué envidia!

Agarrarse al toro corriendo al lado de él, tocarlo o citarlo, apartar a otros corredores, estar en zonas prohibidas y cualquier otra acción tipificada en las ordenanzas municipales como infracción durante las fiestas puede ser multada con una cuantía de hasta 6.000€. La Policía Local se dedica a revisar con cámaras lo ocurrido todos los días y posteriormente a identificar a los infractores y a multarlos. ¡Qué envidia!

Revisando las imágenes la Policía Local comprobó como un mozo, en el primer encierro, agarraba a otro hasta provocar que cayese al suelo. En el cuarto encierro ha sido identificado y se enfrenta a una multa de 1.000€. ¡Qué envidia!

Pamplona defiende su fiesta y sus tradiciones de manera ejemplar. No he tenido la oportunidad de ir nunca, pero leo, escucho y veo. Sé que las comparaciones no son agradables, y aunque el sentido de una fiesta no tenga nada que ver con el de la otra (aunque allí sea un santo el protagonista), quizá haya similitudes como la cantidad de foráneos que visitan esta ciudad en una semana, equiparable a la que visita Sevilla en Semana Santa, quizá el número de antitaurinos y animalistas en España sea similar al de anticlericales, quizá las aglomeraciones en determinadas zonas y a determinadas horas sean similares en una y otra ciudad o quizá el número de policías en los encierros sea casi igual al de la carrera oficial sevillana. Si en Pamplona es posible aplicar las ordenanzas con efectividad, ¿por qué no en Sevilla? ¡Qué envidia!

Y mientras nosotros, después de cuatro meses sin saber aún qué pasó y sufriendo año tras año sillitas y demás desórdenes, nos dedicamos a hacer montajitos con el paso del Cristo de las Tres Caídas por Estafeta… ¡Qué gracia!

MILAGRO, SOCIEDAD ANÓNIMA

milagro

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Hay en nuestra Semana Santa -debido a su crecimiento desorbitado- tantas cosas cogidas con alfileres que, anualmente, cuando llega, vivimos verdaderos hechos y acontecimientos que tienen muy difícil explicación lógica o científica, pero que ocurren, auténticos milagros.

O díganme: ¿no es un milagro que ocurran en varios años los hechos de la pasada madrugada del Viernes Santo y que a nadie le suceda nada grave? ¿No es un milagro que nuestros pasos de misterio avancen por Sierpes a la velocidad que lo hacen y no haya una desgracia? ¿No es un milagro que determinadas calles se atesten de público desaforadamente y sin orden ni concierto para ver salir, pasar o entrar una cofradía y que no haya que lamentar desgracias? ¿No es un milagro que se organicen miles de nazarenos de muchas cofradías en los espacios con los que cuentan nuestras hermandades sin que ocurra nada? ¿No es un milagro que haya miles de nazarenos que sean capaces de soportar 12 o 14 horas de estación de penitencia con temperaturas asfixiantes? ¿Seguimos?

Quizá la materialización de nuestra sociedad (el “maldito parné” que decían Valverde y León –con música de Quiroga-) y el siempre bien acogido y poco ponderado crecimiento de nuestras hermandades, así como la globalización -que hace que cofrades de toda España se hagan hermanos y participen de nuestra Semana Santa- sean algunas de las causas que nos hayan llevado a esto. Se han hecho competiciones y comparaciones de números de hermanos, clasificando a las hermandades por este dato, por el número de nazarenos, por el presupuesto anual, por el dinero que aportan aquí o allí… estamos convirtiendo a las hermandades en empresas, en números, y las devociones no son cuantificables.

Por todo esto disfruto y valoro mucho más la esencia que aún no han perdido las hermandades de Gloria, por ejemplo. De la misma manera, por esto, no entiendo como hermandades que realizan de manera plena unas estaciones de penitencia en días de vísperas aún no masificados, con cortejos reducidos y controlables, sin límites horarios ni encorsetamientos, con barrios entregados, donde ejercen su labor catequética durante el año y que disfrutan de la evangelización de su cofradía en su día de salida, quieran cambiar esta maravilla que tienen por una carrera contrarreloj, a horas poco propias, sumándose a jornadas santas que no les cabe más y teniendo por ello que eliminar el recorrido por su barrio para no alargar las horas en la calle. Y están en su derecho, que nadie lo discuta, pero no lo logro entender.

Cada Semana Santa que pasa tentamos la suerte pidiendo que vuelvan a ocurrir los mismos milagros -que afortunadamente ocurren-, pero en lugar de intentar no depender de ellos tensamos más la cuerda. El año que no contemos con alguno de estos milagros lo que ocurrirá será una desgracia, y entonces todos diremos que lo sabíamos, que iba a pasar. Mientras tanto seguimos mirando la caja, las cuotas, las cuentas y tornando cada vez más a convertirnos en clubes sociales y empresas. Cada día reparamos menos en las devociones y más en las gestiones, menos en los rezos y más en los ingresos. Cualquier día le cambiamos el nombre al Consejo de Hermandades por Milagro, S.A.