SOLEMNES PROFESIONES

solemnes profesiones

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Y lo que pasa en nuestras hermandades, desgraciadamente, es que pienso que las estamos profesionalizando en exceso en muchos de sus aspectos, sobre todo en la gestión. Y no digo yo que la culpa sea toda de las propias corporaciones o sus dirigentes, pero una gran parte sí que lo es.

Por un lado las instituciones oficiales, cosa lógica viendo cómo está el panorama, van apretando las tuercas poco a poco a la Iglesia -dentro de la que nos encontramos, que parece que se nos olvida- y exigen fiscal y tributariamente cada vez más, equiparando de manera progresiva a las hermandades con empresas con fines económicamente lucrativos. Esto obliga a buscar asesores externos o bien a buscar entre los hermanos quien lo haga de manera gratuita, como siempre se ha hecho.

Por otro lado las mismas hermandades nos hemos visto envueltas en una autoexigencia y una competencia que quizá algún día nos explote en nuestras propias manos. No es normal que alrededor de los necesarios cultos que nuestra naturaleza nos demanda veamos cada vez más actos sociales y de protocolo que en poco benefician y que a mucho obligan. No es normal que se vea como necesario tuitear cada alfiler que se mueve en la hermandad y que además se exija que se haga con un lenguaje profesional. No es normal que se exijan cabildos ordinarios con presentaciones de cuentas y memorias profesionales. ¿Dónde quedó el voluntarioso mayordomo que sabía trajinarse al personal para arrimar donativos?, ¿lo hemos sustituido por un economista? ¿Dónde quedó el voluntarioso secretario que mandaba correos electrónicos a los medios y redactaba convocatorias correctamente?, ¿lo hemos sustituido por un periodista experto en redes? Y otra cuestión es la competencia… como aquella hermandad lo haga y a la “gente” le guste… ¡ay amigo!, allí que vamos todos. Quizá también mucho de esto venga dado por las elecciones con dos candidaturas o más, pues llega la “campaña electoral” y algo hay que ofrecer para diferenciarnos del otro, aunque al final se está demostrando que el que gana es el que ofrece, como elemento diferenciador, una “campaña” de tú a tú y llevar la hermandad como siempre se ha hecho, aunque adaptada en paralelo a la Iglesia a los tiempos que vivimos.

Y por último están los profesionales cofrades. Me refiero con esta expresión a aquellos cofrades que quieren hacer de las hermandades su medio de vida, su profesión, y no hablo de aquellos oficios artesanos tradicionales ni de aquel que circunstancialmente una vez al año saca dos perras por echar una mano, hablo de ganar un sueldo mensual y buscar una trayectoria profesional en la hermandad. Esto es tan lícito como moral, tan loable como admisible, pero está provocando una serie de cargas y de obligaciones a las hermandades que nunca han tenido.

Todas estas cuestiones sumadas nos envuelven en una vorágine de vida social, empresarial y profesional en el día a día que hace que nos apartemos bastante de nuestros verdaderos fines, y, sobre todo, está creando unas necesidades a las hermandades y unas obligaciones a sus dirigentes que distraen del todo la atención de lo verdaderamente importante en la mayoría de los casos.

Nuestras corporaciones siempre se han surtido, para todo, de voluntariosos cofrades o de hermanos que gentilmente han puesto sus profesiones al servicio de las necesidades del momento, solemnes profesiones, que tanto dinero y tantas preocupaciones han ahorrado a las hermandades. Benditas sean las que siguen conservando esta manera de ser y hermanos de estas características.

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LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO

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Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

A vueltas con la formación, aspecto fundamentalísimo en el desarrollo personal de todo cofrade que se precie y de todo católico, se nota desde hace tiempo un empeño renovado desde el propio Arzobispado en que este tema no quede en el olvido y forme parte del día a día de las comunidades de creyentes que nos rodean, entre las que se encuentran nuestras hermandades, por supuesto. Las mismas juntas de gobierno, la mayoría, se preocupan también por el tema formativo con más esmero del que hace unos años se tenía. Tanto Arzobispado como hermandades han tomado medidas e iniciativas para ofrecer formación a todos, pero ¿por qué se ha llegado a esto? Y, lo que es más importante ¿esa preocupación y esas medidas se traducen en resultados positivos?

Con la primera pregunta quiero referirme a profundizar un poco en qué ha pasado para que la formación, que en otras épocas, como el valor al soldado, se le presuponía al cofrade, ahora sea una preocupación por su evidente escasez en un alto número de estos. Probablemente la familia sea una de las principales causas de esto que hablamos, pues la preocupación por la formación religiosa de los hijos hace mucho tiempo que dejó de ser una prioridad para los padres, amén de la desestructuración familiar actual de más hogares de los deseados. Con la segunda pregunta intentamos dar una vuelta de tuerca más, pues quizá no se obtengan los resultados deseados de las catequesis sacramentales, convertidas en obligatorias unas y aumentadas en tiempo otras. ¿Y la formación en las hermandades? ¿es suficiente lo que se hace? ¿es efectivo? ¿basta con dos charlas al año? ¿un miembro de junta (diputado de formación) para eso? Quizá haya que estrujarse un poco más los sesos, aunque mucho se ha avanzado.

Sugiero, con el mayor de los respetos a la formación de cada uno, la lectura de la Exhortación Apostólica del Papa Francisco sobre el anuncio del evangelio en el mundo actual: Evangelii Gaudium (La Alegría del Evangelio), que debería ser de lectura obligatoria para todos los cofrades, como una vez me dijo un gran católico (y cofrade también). Aclara mucho las ideas sobre este tema de la formación y muchos otros y, aunque tiene ya casi cuatro años, es de plena actualidad.

Por otra parte, ya lo dijimos desde esta manigueta alguna vez, los mejores cursos de formación son cada domingo, duran media hora y hemos dejado de asisitir a ellos. Lo dicho: nada como la alegría del Evangelio.

ROMANCE DEL AMBIGÚ

ambigu

Ambigú es palabra franca,

porque la RAE, el diccionario,

dice que viene de Francia,

de los vecinos gabachos,

como francesa es bufé

-del mismo significado-

y que nos llega también

de los “mesieu” de ahí al lado.

El ambigú o bufé

en la hermandad instalado,

que siempre llamamos “bar”

porque no somos gabachos,

es el alma, es la vida,

donde pasar buenos ratos,

es donde se hace amistad

y se conocen hermanos.

En el bar de la hermandad,

entre dos, o tres, o cuatro,

cogieron “pa” caridad

todo lo presupuestado,

surgió la idea de hacer

de plata los candelabros,

también se gestó en el bar

emplear lo recaudado

para echarle una manita

a José, un buen hermano,

que, las cosas del destino,

está pasando un mal año.

En el bar de la hermandad,

con botellines en mano,

Curro se comprometió

para entrar de secretario,

sacamos el donativo

de aquel hermano empresario,

se consiguió rematar

la obra del campanario,

los niños con las canastas

para pétalos sacaron,

María la camarera

comprometió al consiliario

para donar un encaje

que hace falta de diario

y se creó, allí en el bar,

nuestro taller de bordado.

El bar de nuestra hermandad

es donde echamos el rato,

allí, señor concejal,

nos reunimos los hermanos

siempre después de rezar,

que para eso aquí estamos.

Este bar, como le digo,

ambigú desde hace un rato,

es el gran laboratorio

de lo que usted ve a diario,

es donde poder charlar

y conocer al hermano,

es sonrisa semanal

donde se estrechan los lazos.

Que la ley no nos permite

con las bebidas en mano

permanecer la calle…

dígamelo y yo no salgo,

que por ser de una hermandad

hay algunos ilustrados

que piensan que todo vale,

que sí porque yo lo valgo…

aquí le doy la razón,

aquí la cabeza agacho;

pero… señor concejal,

haga las cosas con tacto

y no nos vaya a meter

a “tos” en el mismo saco,

que como decía mi abuelo,

que de esto sabía un taco,

“lo cosas de la hermandad

que dan mejor resultado,

los beneficios mayores,

desde siempre se gestaron

con botellines fresquitos

y una ración de pescado”.

NO NOS DECEPCIONEN

no nos defrauden

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Casi seríamos capaces de asegurar que la Madrugá va a dar mucho que hablar aún -más de lo que hasta ahora lo ha hecho anualmente esta jornada única y universal de nuestra Semana Santa-, no ya por lo ocurrido en este 2017 y sus circunstancias y esclarecimiento (ayer mismo conocíamos que había un nuevo detenido), si no más bien por las consecuencias, incalculables todavía, de los desafortunados incidentes. Y de esto queremos hablar, de lo que pueda deparar el futuro.

Ya comentábamos desde esta manigueta en días pasados que, se tomen las decisiones que se tomen, en nuestra opinión, estas siempre deben tener muy presente que lo que se realiza es un culto, que somos hermandades dando pública muestra de nuestra fe y que necesitamos de los fieles entorno a las imágenes, como público orante o como miembros del cortejo, para que tenga sentido nuestra estación de penitencia. Esto nos parece capital y entendemos que debe ser la premisa fundamental a partir de la cual comenzar a tomar las decisiones que haya que tomar.

Por otro lado se entiende que desde el gobierno de la Ciudad y desde los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado la salvaguarda de la integridad física del ciudadano sea una preocupación máxima entre los temas a resolver, así como la aplicación de leyes, normas y ordenanzas sin tratos de favor.

Bajo nuestro humilde punto de vista, tanto el Ayuntamiento de Sevilla como el Consejo General de Hermandades y Cofradías son los únicos y escasos ‘beneficiados’ de la Madrugá de 2017. ¿Por qué decimos esto? Porque los sucesos ocurridos, de cara a la opinión pública, les han dado el encargo urgente con carta blanca -de momento- de reformar una Carrera Oficial cogida con alfileres desde hace tiempo y organizar debidamente para esos días un casco histórico tremendamente saturado.

¿Qué podemos esperar entonces? ¿Con qué apoyos contarán unos y otros finalmente? ¿Palacio? ¿Asamblea de hermandades (hermanos mayores)? ¿Grupos políticos? ¿Seguiremos las hermandades torpemente utilizando argumentos económicos (sillas y palcos –subvención-, dinero que deja la Semana Santa en la ciudad, oficios que viven ella, …) para defensa de nuestros cultos y tradiciones? ¿Será la solución propuesta un cambio radical o seguiremos parcheando? ¿Veremos el centro convertido en recinto cercado? ¿Perderemos la Campana a cambio de Duque, o Laraña, o Tetuán? ¿Seguirá existiendo la ratonera de Sierpes?

Señores concejales y consejeros, señores hermanos mayores, Sevilla les ha dicho “¡arreglen esto ya!” y cuentan con una tremenda ventaja para hacerlo: el beneficio que les han proporcionado unos hechos que a nadie nos hubiese gustado vivir, pero que están ahí, ya que reclaman la urgencia de una solución y han provocado la aquiescencia de los cofrades y sevillanos para que la implanten. Esperamos mucho de ustedes, no nos defrauden, garanticen nuestros cultos centenarios, garanticen nuestros cortejos y la integridad de nuestras cofradías, garanticen nuestra seguridad como ciudadanos, garanticen que podremos celebrar en paz nuestra Semana Santa con sus actuales dimensiones y en los tiempos que vivimos, háganlo, es su obligación, para ello fueron elegidos, pero no nos decepcionen, por favor.