EL CULTO A LA ESTÉTICA

imagen el mundo costaleroFoto: El Mundo

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Hace pocos días asistía encantado al Quinario de una hermandad –que no era la mía- y oía al predicador hablar del “culto a la estética”. Creo, pues, que el título no ofrece dudas sobre el tema del que hoy vamos a intentar reflexionar desde esta manigueta.

¿Verdaderamente, como indicaba el sacerdote, nos hemos instalado la mayoría en el culto a la estética? Seria e interesante reflexión a la que nos lleva esta pregunta. Cuando vamos a un Besamanos o Besapiés ¿vamos a rendir culto a la imagen expuesta a veneración o vamos a opinar sobre montaje, maneras de vestir y número de velas? Cuando vamos a un culto de regla (¿vamos?) ¿vamos a vivir tres, cinco o siete días de rezos y Eucaristías junto a nuestro titular o vamos a enjuiciar a priostes y vestidores? ¿Estamos tan imbuidos en temas de horarios e itinerarios que cuando asistimos como espectadores a una estación de penitencia somos diputados mayores en potencia más que fieles que rezan al Señor y a la Virgen? Quizá leamos o escuchemos casi a diario tantas ‘noticias’ musicales sobre Semana Santa que prestamos más atención a lo que suena que a la imagen a la que acompaña esa música. Igual pasa con los capataces y costaleros, con los bordados y la talla, etc., etc., etc. Habría que plantearse seriamente y de manera íntima todo esto.

Pero también podemos volver el calcetín y hacer la pregunta a los responsables de las hermandades: ¿los montajes de priostes, vestidores y floristas son para mayor gloria del titular o para ser recordados ellos mismos? ¿Se busca el ambiente que ayude a orar y a venerar a la imagen o que “hablen de mí”? Quizá haya un poco de las dos cosas, unos que buscan su minuto de gloria, el pasar a la historia, y otros que vamos buscando el fin equivocado.

Estoy convencido que muchas de las medidas que desde la Plaza Virgen de los Reyes se toman para con las hermandades están encaminadas a reconducir el culto a la estética hacia el culto a nuestras devociones, quizá por esto algunas sienten tan mal o no sean bien entendidas por los cofrades instalados en la veneración musical, la devoción al costal o la extraordinariez. De la misma manera, al aplicar normas generales, siempre hay casos injustos o con poca lógica -que los que buscan excusas siempre ponen de ejemplo, por cierto- pero es a lo que conllevan los decretos, siempre pagan justos por pecadores.

No creo que solucione nada esta entrada de blog, como ninguna otra, pero al menos espero haberle hecho reflexionar un poco, como a mí me hizo revisar mi propia fe este sacerdote el otro día.

LA ETERNA MADRUGÁ

eterna madruga

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Mire usted, la “Madrugá” en Sevilla -Madrugada del Viernes Santo, que diría uno que yo me sé- comienza con la cofradía, dicen, que es madre y maestra, el Silencio, la más antigua. Tiene un Cristo maravilloso, unos dicen que de Ocampo, otros que de Gaspar de la Cueva, que va en uno de los pasos más bonitos de Sevilla, seguido de la Virgen de la Concepción, preciosa imagen de Sebastián Santos, que procesiona en un originalísimo paso de palio de orfebrería, siempre adornado con azahar. Sus hermanos no hablan ni para pedir la venia, ¡qué serios!

¡¿Qué le digo de la siguiente cofradía?! El Gran Poder, el Señor de Sevilla, obra cumbre de Juan de Mesa que va a cumplir 400 años y al que toda la ciudad venera. Con su zancada poderosa es digno de verlo procesionar. La Virgen del Mayor Dolor es una auténtica joya de las que tiene Sevilla, que con San Juan hace uno de los conjuntos más emblemáticos de la Semana Santa. Solo nombrar al Gran Poder ya se ponen los pelos de punta…

La Macarena, ¿ha dicho usted algo? Ese Cristo de la Sentencia, portentoso misterio y canasto maravilloso, acompañado de la simpar Centuria romana, los de las plumas blancas, los romanos macarenos. Y la Virgen, sí, la Virgen, la Macarena, guapa a rabiar, roba el corazón a todo aquel que la contempla, una auténtica Señora. ¿Y su palio? ¿Y sus mantos? ¿Y sus hijos? La Macarena ¿ha dicho usted algo?

Luego viene el Calvario. Otra de las serias. El crucificado de Ocampo es una talla maravillosa que invita a la oración a los fieles; con su característico paso de caoba y sus personales jarras a los lados, va seguido de Nuestra Señora de la Presentación, en su señero palio de cajón, Virgen atribuida a Astorga, muy venerada por sus hermanos y con una personalidad arrolladora.

Y llega Triana. La Esperanza, la belleza por excelencia, la que lo llena todo. Primero el segundo misterio de la noche, el originalísimo misterio que preside el Cristo de las Tres Caídas, con el centurión a caballo que le marca el camino. ¡Cómo anda! ¡Cómo lo llevan! ¡Qué maravilla de Cristo! Y llega Triana, la Esperanza, la guapura bajo palio, la hermosura, Capitana de la marinería que le acompaña, exuberancia floral, flequería alegre al viento… la Esperanza de Triana, palabras mayores.

Y, mire usted, la Madrugá termina con los Gitanos, con “er Manué”, ese Señor de la Salud que quita “to er sentío” cuando uno lo ve caminando entre tientos, saetas, soleares y seguiriyas. El Undivé Moreno al que sigue su Madre de las Angustias, Virgen bonita donde las haya, querida y requerida, a la que otro que yo me sé sueña ponerle algún día clavellinas en su palio…

Pues sí, mire usted, esa es la Madrugá, la eterna Madrugá, la señera Madrugá, ¿comprende ahora por qué es la jornada que tiene más nazarenos con menos hermandades? ¡Si es que no tiene más remedio que ser así! Pues mire usted, entre tanta maravilla, andamos perdidos. Perdidos en minutos, perdidos en desacuerdos, perdidos en egoísmos y perdidos dando rodeos por Sevilla para no estorbarse. ¿Usted lo entiende? Pues yo tampoco, ya se está eternizando esto…

NO ENTRAR AL TRAPO

Escudo-de-Sevilla

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Utilizo el símil taurino, con el permiso de la concurrencia, porque describe a la perfección lo que pienso que deberíamos hacer los cofrades cada vez que nos muestran la muleta los espadas de la política, que, precisamente, no son diestros.

Cuando llega la Cuaresma salen al ruedo lidiadores de medio pelo para intentar cortarle al burel las dos orejas y el rabo, sacando tajada de los que saben de sobra que entramos al trapo. No falla: el año pasado que iban a quitar la Semana Santa si salían elegidos, este año que quieren quitar la misa de la tele, a los santos del escudo de la ciudad de Sevilla y el título de Mariana, otrora los solsticios, etc., etc., etc.

Los cofrades, que parecemos nuevos en esta plaza, acudimos prestos al engaño y, en lugar de devolver el toro al corral o simplemente ver los toros desde la barrera, nos metemos rápidamente en faena e inundamos las redes sociales y los ‘esmarfones’ de lances defensivos y de justificaciones de nuestras creencias y religiosidad. Corren inmediatamente los ‘megabaits’ con mensajes de protesta, de defensa, de insultos incluso a estos políticos mediocres que solo buscan notoriedad a costa de un ganado que saben que es bravo y se lanza rápido a la arena, atándose los machos, buscando pelea y sacando pecho.

Desde que ha tomado la alternativa esta moda del laicismo en la política, estos toreros de salón no paran de darnos la vara cuando llega el momento y nosotros, en lugar de dar una larga cambiada o tener mano izquierda, acudimos a la muleta una y otra vez provocando un revuelo que, precisamente, es el que buscan. Saben que no van a dar ni un derechazo, ni medio natural, pero saben también que con esos brindis al sol al final dan la vuelta al ruedo de la publicidad gratuita y se ganan el aplauso fácil de sus seguidores.

A mi modesto entender, saldríamos por la puerta grande si, en lugar de embestir cada vez que nos mostraran el engaño, cambiáramos de tercio, nos pusiéramos el mundo por montera y diéramos una larga cambiada a este personal que no tiene ni medio pase. Cuando se den cuenta que pinchan en hueso una y otra vez ya veríamos si seguirían siendo capaces de meterse en faena de nuevo.

¡Suerte y al toro!

EL BUEN GUSTO

amor

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Las redes sociales, no cabe duda, han dado un vuelco importante a la forma en que vemos el mundo, también el mundo cofrade. De vez en cuando, entre la ‘bulla’ diaria de tuits, posts, hashtag y demás compañeros mártires que no aportan nada, llega, como una bocanada de aire fresco, una imagen, un mensaje, algo que te saca una media sonrisa, que te hace pensar, que te transporta o que provoca un ‘ole’. Todo esto, precisamente, es lo que me pasó en el día de ayer cuando, primero con poca calidad en Facebook y posteriormente mucho mejor por WhatsApp -el libro de las caras y la aplicación cuál es, dicho en español-, observé una foto del altar de Quinario del Santísimo Cristo del Amor.

“¡Qué buen gusto!”, fue lo primero que pensé, lo primero que me salió. Seguidamente, observando la foto aún, una sonrisa, al recordar que las flores son cosa de Javi Grado. Luego un “¡ole!”, sin dejar de mirarla, porque conozco un poco esa priostía desde hace algunos años y he podido comprobar cómo trabajan y con el grado de minuciosidad y cariño que llegan a hacerlo todo. Por último, bloqueando la pantalla del teléfono inteligente (smartphone) y guardándomelo en el bolsillo para seguir trabajando, tras tan breve y placentero paréntesis, pensé “¡qué maravilla!”

Qué fácil parece cuando uno ve el resultado, pero qué complicado es llegar a provocar, mediante la belleza, esa tan deseada unción sagrada que constantemente debiera imperar en todo aquello que concierne a los cultos a nuestros titulares. Más difícil aún cuando, como en este caso, se busca la variedad, el no ser repetitivo, pues hay muchas hermandades que han encontrado hace tiempo su canon y, con ligerísimas y casi imperceptibles variaciones, podríamos ver fotos de los altares de culto de distintos años sin poderlos diferenciar, pero hay otras, como la que nos ocupa, que es capaz de sorprendernos con asiduidad, y más concretamente de manera positiva. Reconozco mi debilidad por ese altar mayor de la Colegial, reconozco mi debilidad hacia el imponente crucificado de Mesa, pero es que el conjunto conseguido merece una especialísima mención digna de alabanza.

Está claro y demostrado que, como decía San Francisco de Asís, el verdadero amor a Dios siempre está rodeado de belleza. En este caso, además, de buen gusto.

¿FELIZ CUARESMA?

cuaresma

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

No pasaba ni media hora de las doce de anoche y un verdadero reguero de felicitaciones inundaban las redes sociales y el WhatsApp. Parece que una legión de hartibles esperaban desde hace tiempo el momento de la felicitación, del mensaje, de la orignalidad. Unos con imágenes, otros con frases originales, entre ellas la más repetida: “Feliz Cuaresma”.

No sé yo si la palabra “feliz” es la más adecuada para tener buenos deseos hacia un tiempo litúrgico, la verdad, pero se está haciendo costumbre. Sobre todo no sé si es adecuado si en este tiempo se nos está pidiendo ayuno y abstinencia, intentar ser mejores, y como dice el Papa Francisco en su mensaje de Cuaresma: buscar el don en el otro y en la Palabra. A los católicos se nos pide un esfuerzo en estos cuarenta días para que, una vez terminados, celebremos la Pascua de la mejor manera, convertidos, siendo mejores, estando más cerca del Señor.

Quizá nuestra manera de vivir este tiempo, la espera, nos haga desear felicidad para con el prójimo cofrade: el pescaíto, las comidas de hermandad, el disfrute de los ensayos, las mudás, ver los pasos en las iglesias, preparar las túnicas, pasear escuchando ensayar una banda (cada vez menos), visitar los altares de culto para criticar si tiene mucha o poca cera, si está bien colocada, largar de los vestidores y priostes al ver a las Vírgenes de hebrea, acudir a las bullas de via crucis y traslados, a las colas de los besamanos y besapiés, a la cola de la papeleta de sitio, …

En fin, que me queda la duda si es felicidad lo que hay que desear o simplemente dejar que cada uno la viva a su manera, pero con la meta de intentar llegar al Domingo de Ramos siendo mejor persona y mejor cofrade, lo que siempre se ha hecho cuando no había redes sociales ni WhatsApp. Ya puestos, y habiendo sacado el tema, yo no voy a ser menos: que tengan ustedes una buena y provechosa Cuaresma.