NO CAER TRES VECES

titulares-esperanza

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

De sensato y de maduro podemos calificar el resultado del Cabildo General Extraordinario celebrado hace una semana en mi hermandad de la Esperanza de Triana para aprobar la intervención al Santísimo Cristo de las Tres Caídas, por parte de Pedro Manzano, en aras de limpiar su policromía sobre todo. No puedo negar que, satisfecho, vi cumplido mi deseo, que expresaba desde esta manigueta horas antes, de comprobar como la hermandad caminaba junta en torno a su Cristo.

Hay que felicitar a la junta de gobierno, pues se ha trabajado bien en el proceso, se preparó la información a los hermanos con sensatez y de manera meridianamente clara. Hay que felicitar a Pedro Manzano, su exposición brillante, como su trabajo, su estudio previo al Santísimo Cristo y su excelente profesionalidad y exquisito trato. Importantísimo que la comisión de expertos, el director espiritual y la junta consultiva, todos, remaran en el mismo sentido que la junta de gobierno, por que esto concluyó en que casi se rozara la unanimidad (calculo unos 350 hermanos y solo 1 voto en contra y 1 abstención) en el “si” a la propuesta efectuada.

Creo que este magnífico resultado -el ver a toda la hermandad unida en la búsqueda de lo mejor para uno de sus titulares- no debe llevar a triunfalismos ni a sacar conclusiones fuera de lugar, más bien al contrario, debe ser una razón para analizar con detenimiento todo tipo de causas por las que se llegó hasta aquí.

Asido a esta, mi manigueta, y reflexionando desde el cariño que le tengo a mi hermandad y la veneración a mis titulares, llego a dos conclusiones que me llaman la atención por encima de muchas otras: la primera es que este cabildo tenía que haberse celebrado mucho antes, sin haber esperado al estado alarmante (que no preocupante) de uno de los pilares de nuestra devoción, nuestro Cristo de las Tres Caídas; la segunda, y quizá más sustancial, es que deben ponerse los medios para que no caigamos por una tercera vez en esta misma circunstancia, pues ya pasamos por algo tremendamente similar en 1989 con Nuestra Señora de la Esperanza.

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YA ERA HORA. YA ES HORA.

tres-caidasFoto: Enrique Ayllón

 

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

La restauración del Nazareno de Sanlúcar la Mayor y el cabildo de esta noche en la Esperanza de Triana sobre la limpieza de policromía al Cristo de las Tres Caídas han reavivado, un año más, una vez más, la polémica sobre las intervenciones a nuestras imágenes.

No seré yo quien eche más leña al fuego sobre la conveniencia, en general y como norma, de poner una imagen titular en manos de un restaurador, conservador, imaginero, artista o escultor. No vamos a hablar de esta o aquella intervención pasada, de sus resultados ni de fotografías comparativas. Hoy mi reflexión me lleva a la intervención al Santísimo Cristo de las Tres Caídas, sobre la que esta noche decide su hermandad, porque, qué quieren que les diga, ya era hora.

Desde hace más de 15 años, que yo recuerde, el comentario general y mayoritario entre los hermanos es el oscurecimiento paulatino de la cara del Cristo y la necesidad de “hacer algo” al respecto. En junio de 2010 se decidió que el Señor de la calle Pureza no viajara a Madrid en 2011 al Via Crucis que presidiría el Papa con motivo de la clausura de la JMJ al año siguiente y, para esta ocasión, como prevención ante el posible traslado, el IAPH realizó una revisión exhaustiva a la imagen. Las conclusiones de ese examen, expuestas en aquel cabildo, eran que el estado de conservación era “perfecto” a excepción de la suciedad, visiblemente acumulada, en la policromía de la imagen. Por fin la junta de gobierno ha decidido, a la vista de varios informes más, proponer una ‘intervención conservativa’ –así se define en la convocatoria de cabildo- sobre el Cristo. Se escuchan versiones variadas sobre las conclusiones de los informes y sobre la propuesta que la hermandad va a poner encima de la mesa a los hermanos, pero hasta esta noche no sabremos nada con certeza.

En mi modesta opinión, como cofrade de a pie que soy, a la hora de restaurar cualquier imagen expuesta al culto, no solo hay que tener en cuenta los criterios artísticos, si no también los devocionales. Me refiero con esto que, muchas veces, dejar la imagen como el artista la concibió, especialmente si la restauración llega tarde, hace que haya un impacto tan grande entre los actuales devotos, que el efecto, por muy positivo que sea artísticamente, es negativo en el aspecto devocional. Para el que escribe hay un conservador, muy cerca de Pureza, que es reconocido por la gran mayoría del mundo cofrade como de los mejores, si no el mejor, pues está sabiendo conjugar ambos criterios, el artístico y el devocional, en todas y cada una de las restauraciones (intervenciones conservativas) que está realizando a las imágenes titulares de nuestras hermandades. Ojalá esa fuera la propuesta de la junta de gobierno a los hermanos esta noche.

Por otro lado, sea esa o no la propuesta, yo creo que el cabildo general de hoy es de los más importantes que se han celebrado en los últimos años en mi hermandad de la Esperanza, porque estamos hablando del Cristo, oiga, de la imagen titular, y tratándose de eso quedan en segundos planos obras, cuentas, elecciones, gestiones y museos. Me encantaría ver esta noche cómo en mi hermandad todos sus hermanos caminan unidos en torno a su Cristo de las Tres Caídas, que quieren que les diga, ya es hora.

ROMANCE DEL NAZARENO

SANTA

¿Quien le pone el cascabel

a este incómodo gato

de la Carrera Oficial

y sus días apretados?

Unos dicen del asunto

que se nos fue de las manos,

otros que no tiene arreglo,

aseveran sentenciando,

hay quien lo solucionaría

dándole paso a los pasos,

pero una gran mayoría

de cofrades avezados

siempre ven la solución

tirando ‘pal’ mismo lado:

al del pobre nazareno,

ya de por si maltratado.

 

Que pongan fila de a tres

y penitentes de cuatro.

Que se peguen entre ellos

hasta chocar los espartos.

La mitad hasta la Seo

y allí damos el cambiazo.

Pongamos numerus clausus

y estará todo arreglado.

Que corran los nazarenos

para disfrutar del paso,

que para eso tenemos

a dos cuadrillas de hermanos

y más de ciento cincuenta

con el redoble y soplando.

Midamos cada segundo

el tiempo que ya llevamos

para que corran o frenen

los nazarenos de tramo.

 

¡Ay, hermano nazareno,

al que tratan como un trapo!

Tú que en la calle le das

sentido a los días santos,

tú que demuestras tu fe

con tu penitencia andando,

anónimo caminante,

defensor de lo sagrado,

acompañante de luz

redimiendo tus pecados,

con el cirio del dolor,

también con la cruz cargado,

pensativo, cabizbajo,

rezando rosario en mano,

¡nazareno, nazareno!,

¿por qué contra ti cargamos

y no vemos más salida

para cuadrar los horarios?

 

¡Ya está bien, señores míos!,

mandamases y gregarios,

ya está bien de soluciones

que siempre pasan por alto

que el que va de penitencia

es el hermano de tramo,

el que sufre, el que sostiene

esos cortejos tan largos,

el que merece el respeto

y no ser utilizado

como borrego cualquiera,

que ya bastante calvario

de manera voluntaria

es el que va soportando

para que encima le añadan

piedras a sus pies descalzos.

LA GOLONDRINA DEL PATROCINIO

cartel-ss-2017

Ha sido inevitable, de cajón. Ha sido ver el cartel de la Semana Santa de este año, gran obra de Cerezal, y sentir que ilustraba a la perfección las palabras que con tanto cariño dediqué al Cachorro, en el marco incomparable del Castillo de San Jorge, el pasado 11 de marzo de 2016 en el Pregón de Semana Santa de la Peña Trianera. Aquí las tienen.

Una tarde de otoño, caminando por Alfarería, me fijé, casi sin quererlo, casi sin buscarlo, en una golondrina que revoloteaba el cielo de Triana. No iba acompañada de otras, como suelen, no correspondía el momento a la típica bandada piando interminablemente, si no que volaba en círculos sola como la una. Quizá ese fuera el motivo por el que atrajera mi atención y me distrajera de mis lejanos pensamientos. Como caminaba sin destino, sin objetivo ni quehacer alguno, me sedujo la idea -si eran capaces mi vista y mis piernas- de seguirla. Por Alfarería me llevó a Pinzón, de ahí a Chapina, Castilla, crucé la Ronda y el Patrocinio. Habitaba ella en el arco de ladrillos vistos y azulejería azul de la Basílica de Triana. Allí tenía su hogar, su nido y su morada.

Recordé una leyenda madrileña que había leído hacía tiempo, la cual decía que el Cerro de la Golondrina, cerca de Navacerrada, tomó su nombre porque la primera golondrina que le quitó una espina al Señor ya crucificado, voló y voló con ella en el pico, perdida, nadie sabe cuánto tiempo; cruzando mares, ríos, valles y montañas hasta caer exhausta en este cerro, donde murió.

¿Qué hacía esta golondrina sola viviendo al lado del Cachorro? Desde aquel día más de una tarde dirigía mis pasos al Patrocinio a observarla; apoyado en la pared del antiguo ambulatorio comprobaba sus idas y venidas. No tenía crías, no tenía pareja, habitaba sola. No migraba buscando un mejor clima, los días de más frío no salía de su nido, no dejaba la Basílica. Cuando el tiempo era más benigno había ocasiones en que tardaba horas en volver, pero siempre volvía. La golondrina solitaria, la golondrina del Cachorro, la golondrina del Patrocinio…

Llegó la primavera y su actividad aumentó, acompañada de cierta indecisión, de cierto nerviosismo y alteración. Nunca se separaba más de 200 o 250 metros del nido, volaba y volaba sin parar alrededor de la Basílica, eran continuas las idas y venidas y los vuelos en círculo encima de la espadaña.

Con la Cuaresma no presté mucha atención a la que, muy sevillano, ya consideraba mi amiga, pero el Viernes Santo, roto por una Estación de Penitencia durísima en una Madrugada eterna, pero expectante por ver al Señor expirar por las calles del barrio antes de descansar un poco, me acerqué al Patrocinio y recordé a la golondrina solitaria. Esperaba cansado la salida del Cristo de la Expiración y mientras las largas filas blanquinegras de hermanos salían del templo intentaba ver si mi amiga estaba en su nido, pero me era imposible. El paso del Señor quedó presto para su salida y, solo entonces, vi a la golondrina salir de su nido y comenzar a volar en círculos, como la primera vez que reparé en ella meses antes, pero ante la puerta de la Basílica. Salió el Cachorro y al instante la golondrina cerró sus alas y de manera veloz encaminó su vuelo hacia el Cristo, frenó en un batir de alas preciso al llegar a la cabeza… y le quitó una espina de la corona.

 

Golondrina

que con mimo le quitaste

las espinas al Cachorro,

dile que soy de Triana,

dile que por Él yo lloro.

 

¿Quién dice que hay Semana Santa sin Dios? Quien no ve a Dios en el Cachorro no es de esta Tierra. Lo dice de un modo precioso San Pablo: “me amó y murió por mí”. El Cachorro embellece la muerte. Quien no ve a Dios en el Cachorro no tiene corazón. Hasta las golondrinas ven a Dios expirando en el zurraque.

Dios está en la historia que hay debajo de cada antifaz, detrás de cada túnica. El Cachorro está en cada caramelo que reparte un monaguillo. Dios está en cada clavel de su monte, en cada moco de cera de sus candelabros o de sus faroles. El Cachorro está en cada lágrima de fe derramada a su paso el Viernes Santo y en el rostro carente de lágrimas de la Virgen guapa del Patrocinio. El Cachorro expira por una Castilla en penumbra sobrecogedora. Dios es amor y Triana sabe mucho del amor de Dios.

 

Descendió de los cielos a quitarte

de tu sien esa espina que, clavada,

vino a herir tu frente traspasada

por el amor que usamos de estandarte.

 

Sé, Cachorro, siempre tú mi baluarte,

sé mi fe, mi oración enamorada,

ese Dios al que nunca pido nada,

esa espiga y esa vid para rezarte.

 

Cuando sientas que te niego torpemente

y compruebes que otra vez vengo rendido

sé mi Dios, mi sustento, mi aliciente.

 

Dame luz de tu eterna primavera

pues sabes que yo a ti nada te pido,

pues sabes que te doy mi vida entera.