EL GRAN PODER DE LA PAZ

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Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

No hace falta que recuerde qué segunda primavera sevillana nos espera en este otoño -que hoy comienza- con las salidas extraordinarias que esperamos en nuestra ciudad. Santa Ana y la Virgen de la Paz lo harán el 24 de septiembre, la segunda para coronarse el 1 de octubre. Posteriormente lo hará la Virgen de la O y a primeros de noviembre el Señor del Gran Poder saldrá para presidir el Jubileo de las hermandades y cofradías de la Archidiócesis en este Año de la Misericordia.

El Señor y su Basílica, que parecen ser el objetivo de moda entre perturbados, dementes y los que no lo son tanto. Su hermandad, sin embargo, demuestra cada día la categoría que le atesora y la misericordia que practica -ejercicio difícil que muchos cristianos aún no logran entender-, comunicándolo de esta manera hace unos días: “La Junta de Gobierno, reunida en cabildo de oficiales, ha decidido no ejercitar la acusación particular, dejando a la Fiscalía y al Juzgado, como corresponde en nuestro ordenamiento jurídico, la calificación y enjuiciamiento de los hechos, y a nuestra aseguradora la posibilidad de repetir contra el causante para el resarcimiento de los daños asegurados”. Este resarcimiento ha llegado de inmediato a través de la Sacramental del Sagrario, gran ejemplo de lo que han sido siempre nuestras hermandades y hecho más que destacable.

Sin solución de continuidad, este sábado, la Virgen de la Paz sale hacia la S.M.P.I. Catedral de Sevilla en una tarde que se presupone espléndida, blanca y radiante. El Señor y la Virgen parece que llenan nuestras vidas de ‘casualidades’ que continuamente nos hacen reflexionar, que reafirman que están ahí y que nuestra fe tiene sentido. Unos días después de un nuevo desagravio al Señor y a nuestra fe viene a nuestro encuentro la Paz, la Virgen de la Paz.

Vivamos con júbilo una nueva Coronación Canónica, un nuevo reconocimiento de la Iglesia a la Virgen, una nueva muestra de culto público, una nueva demostración del título de “mariana” que nuestra ciudad atesora, y como dijo el pregonero: “Paz, paz, paz y solo paz. ¡Dejadnos en paz!”.