LA TERTULIA

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Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Todos o casi todos ustedes saben ya a estas alturas que uno participa en una tertulia televisiva, cofrade y local, más o menos acertada según el día y normalmente interesante dado el nivel de mis compañeros de mesa. Estas tertulias, para mí, suelen ser bastantes fructíferas (entiendo que para el espectador también) y didácticas, adjetivos que creo que mi amigo, el director de El Programa, es lo que pretende.

Siendo enriquecedoras estas charlas, como queda dicho, hoy he vivido otra tertulia diferente, de esas que no se olvidan, de las que más de uno pagaría por vivirlas. No creo que les interese a la hora que estoy escribiendo esto ni el día que es, simplemente les contaré que acabo de llegar de la hermandad, de mi hermandad. Día de culto y de encuentro semanal y en la casa hermandad estamos charlando algunos hermanos. El mayor, de 71 años, en un momento de la enfrascada conversación sobre la vida de hermandad y su acierto o desacierto en la manera de convocar a los hermanos a vivirla, toma la palabra y… los otros callamos. Habla solo él.

Cuenta cómo se originó la hermandad, las vicisitudes de los primeros tiempos, aquel hermano que fue piedra fundamental en lo que hoy día es la cofradía, aquel bache que tal hermano mayor supo superar e hizo que hoy día estemos aquí, sus principios en el grupo joven junto a otros hermanos que hoy día han ocupado y ocupan cargos de responsabilidad, lo bueno, lo malo, lo que le gusta, lo que no… los más jóvenes le interrumpimos de vez en cuando y opinamos, los de su quinta apostillan y/o divergen: “recuerdo cuando tú…”. ¡Dios mío de mi vida! ¡Qué tertulia! Hermandad de verdad, aprendizaje del bueno; este hermano me escucha, me entiende, pero me apostilla, me corrige o me matiza; otro de mi edad opina, otro de la suya lo defiende…

Me mata, me saca la lágrima del alma, cuando saliendo de la casa hermandad buscando cada uno su hogar me mira a los ojos y me dice: “Pepe, yo he entregado mucho en la hermandad, he pasado mucho, no sé cuántos años fui mayordomo, he sido teniente, he sido hermano mayor… ¡pero la hermandad me ha dado muchísimo más! Tengo aquí a mi compadre, mis amigos, me he formado y me sigo formando como cristiano, mi fe está puesta donde escuchábamos misa hace un rato, mi hermandad me lo ha dado todo. La hermandad debe ser la casa de todos, a todo el que llegue aquí hay que recibirlo, primero, con una sonrisa; después con palabras amables y después con cariño. A la postre, la hermandad siempre te va a dar más de lo que tú le des, mucho más”.

Estoy en casa, es tarde, lo escribo por que me gustaría ser algún día como él, sigo pensando en él, rezo por él…

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EL GRAN PODER DE LA PAZ

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Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

No hace falta que recuerde qué segunda primavera sevillana nos espera en este otoño -que hoy comienza- con las salidas extraordinarias que esperamos en nuestra ciudad. Santa Ana y la Virgen de la Paz lo harán el 24 de septiembre, la segunda para coronarse el 1 de octubre. Posteriormente lo hará la Virgen de la O y a primeros de noviembre el Señor del Gran Poder saldrá para presidir el Jubileo de las hermandades y cofradías de la Archidiócesis en este Año de la Misericordia.

El Señor y su Basílica, que parecen ser el objetivo de moda entre perturbados, dementes y los que no lo son tanto. Su hermandad, sin embargo, demuestra cada día la categoría que le atesora y la misericordia que practica -ejercicio difícil que muchos cristianos aún no logran entender-, comunicándolo de esta manera hace unos días: “La Junta de Gobierno, reunida en cabildo de oficiales, ha decidido no ejercitar la acusación particular, dejando a la Fiscalía y al Juzgado, como corresponde en nuestro ordenamiento jurídico, la calificación y enjuiciamiento de los hechos, y a nuestra aseguradora la posibilidad de repetir contra el causante para el resarcimiento de los daños asegurados”. Este resarcimiento ha llegado de inmediato a través de la Sacramental del Sagrario, gran ejemplo de lo que han sido siempre nuestras hermandades y hecho más que destacable.

Sin solución de continuidad, este sábado, la Virgen de la Paz sale hacia la S.M.P.I. Catedral de Sevilla en una tarde que se presupone espléndida, blanca y radiante. El Señor y la Virgen parece que llenan nuestras vidas de ‘casualidades’ que continuamente nos hacen reflexionar, que reafirman que están ahí y que nuestra fe tiene sentido. Unos días después de un nuevo desagravio al Señor y a nuestra fe viene a nuestro encuentro la Paz, la Virgen de la Paz.

Vivamos con júbilo una nueva Coronación Canónica, un nuevo reconocimiento de la Iglesia a la Virgen, una nueva muestra de culto público, una nueva demostración del título de “mariana” que nuestra ciudad atesora, y como dijo el pregonero: “Paz, paz, paz y solo paz. ¡Dejadnos en paz!”.

LOS MEDIOS

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Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Don Eugenio habla estupendamente. Es rara la vez que no es capaz de hacer que reflexiones sobre tus bases como cristiano en cualquiera de sus homilías. Asistía este domingo pasado a la Función Principal de Instituto de mi hermandad, como mandan las reglas, y, cómo no, escuchaba atentamente a D. Eugenio. Reflexionaba sobre el Salmo Responsorial que acabábamos de leer: “Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre”. Nos exhortaba a seguir -en las hermandades y cofradías- al pie de la letra este Salmo 50, indicaba que nuestras imágenes y nuestra principal función, el culto a estas, son simplemente los medios para llegar a Dios. Teníamos que ponernos en camino (decía) adonde está el Padre, utilizando estos medios que Él nos pone y que hemos aprendido a querer, a cuidar y a venerar desde pequeños, debiendo tener muy en cuenta, eso sí, que no son el fin último, sino que simplemente son el camino.

Cuando un sacerdote te recuerda algo tan fundamental, tan lógico y tan asumido desde pequeño y hace que salte un resorte de alarma en ti es que algo no va bien. ¿Estaremos poniendo como las metas a aquello que solo son los medios? ¿Habremos caído las hermandades en el error de fundamentar nuestro día a día en algo que no sea el amor a Dios y a nuestros hermanos? ¿Habremos olvidado el fundamento para recrearnos en lo accesorio?

Hemos hablado largo y tendido desde esta manigueta sobre esas cuestiones que, sin dejar de sorprendernos, desafortunadamente son las que predominan hoy día en una sociedad cofrade llena de egos y olvidada del prójimo en muchísimas ocasiones, más de las que nos gustaría. Luchas por ostentación de poder y rencillas personales disfrazadas de “diferentes formas de entender esto”; la cofradía como fin, por encima de la hermandad; campañas de descrédito a personas; cofrades rentabilizando económicamente, al modo político incluso, aquello que siempre fue entrega desinteresada a nuestras hermandades; jóvenes cofrades que no van a misa, ni a los cultos de la hermandad siquiera, dedicados a ver quien da más pregones, quien toca mejor la corneta o quien saca más pasos…

Cuando los escribas y fariseos le preguntaban que qué era lo más importante, el primer mandamiento, Jesús respondía que lo primero era el amor a Dios sobre todas las cosas, y después amar a tus hermanos tanto como a ti mismo. Ojalá fuésemos capaces, cada día más, de “utilizar” a nuestros Cristos y a nuestras Vírgenes como lo que son, los medios para llegar a lo más importante.

TRIANA HUELE A PASTORA

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Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Pasaron los días “feriados”, pasaron las vacaciones y el verano, prácticamente, terminó. Se retoma la actividad en las hermandades, las secretarías, mayordomías y priostías se ponen al día con el veranillo del membrillo. En Triana hay una casa hermandad que, desde el día de la Virgen, vive en plena actividad; llega septiembre y todo tiene que estar preparado. El barrio también se prepara, más aún este 2016 en el que la Catedral cumple 750 años y la Abuela saldrá de paseo por sus calles.

Este poema tiene 20 años, pero parece que lo escribiera ayer mismo. Retomo mi actividad bloguera con Ella, con mi Pastora y con Triana. Llega septiembre, el alma al aire y el corazón en sus manos…

 

Covadonga, calle Larga,

calle Betis, Altozano,

el arrabal se prepara

para vivir un mes largo.

¡Se acaba el estío, Triana!,

¡ya terminó tu letargo!

 

El otoño cae en Sevilla,

hojas y plantas marchitan,

mas en Triana florece

una blanca margarita,

rosa entre todas las rosas,

Madre del Pastor Bendita.

 

Por el río el sol se pierde,

y cuando el cielo se dora,

todo el barrio se adormece

a la espera de la aurora.

Llegó de nuevo septiembre…

¡Triana huele a Pastora!