EL CONSEJO

cofrade verano

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Dicen que los amigos se cuentan con los dedos de una mano y el otro día, hablando con uno de estos cinco, como no, de cofradías, surgió el tema de este blog. Para mí fue una grata sorpresa, pues yo creía que solo me leían mi mujer y mi madre –por compromiso- y este también lo hacía. Genial. Al final le confesé que voy escribiendo durante la semana las ideas o temas que se me ocurren o surgen sobre la actualidad cofrade. Le conté que ha habido semanas que he llegado a escribir hasta tres entradas y las he ido publicando posteriormente cuando ha llegado el momento, pero ha habido miércoles, también, que, llegada la hora, no he sabido qué tema tratar, y esto ya me había ocurrido varias veces últimamente. Procuro expresar siempre mi opinión de manera respetuosa, y esto no es fácil. Todo empezó como una colaboración en una web cofrade del grupo Publicaciones del Sur -hoy desparecida- y ello propició que retomara y actualizara mi antiguo blog. Cuando cesó dicha colaboración ya tenía inculcado el gusanillo de escribir y, hoy día, me lo tomo como una obligación.

Este buen amigo, sabiendo de mis cosas como sabe, me dijo que tampoco debía ser una obligación algo que económicamente no me reportaba nada; me aconsejó que si lo que me aportaba mi blog era de otra índole que la lucrativa no me obligase. Entendía él que el verano era un buen momento para descansar un poco y reflexionar, aprovechando los finales de curso en las hermandades (¡qué cursi lo de curso!) y que retomara mi afición en septiembre.

Entiendo que los consejos, así como las opiniones, hay que tomarlos con una importancia directamente proporcional a la categoría que te merece la persona de la que vienen, por lo que me lo he tomado muy en serio, he reflexionado sobre la recomendación que mi amigo me hizo y, claro está, la voy a seguir al pie de la letra (nunca mejor dicho).

Ustedes sabrán perdonarme, pero he aceptado el consejo y voy a descansar de escribir y opinar unas semanitas, solo un mes y pico. Nos leeremos en septiembre, fecha en la que seguro que Triana ya olerá a Pastora.

Feliz verano.

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INTERVENCIONISMO

norma

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Por fin salieron a la luz las nuevas normas diocesanas que, D.M., entrarán en vigor el próximo 15 de agosto. Había cierta expectación en torno a ellas -aunque nada equiparable a los procesos electorales, el culmen del cuchicheo cofrade cada año en los primeros días del estío- y ya fueron promulgadas por el Sr. Arzobispo.

La mayoría de los cofrades las califican de intervencionistas y, en general, estamos de acuerdo. Sin entrar en muchos detalles, a grandes rasgos, nos hemos dedicado a compararlas con las anteriores de 1997 y la conclusión puede ser esa: que el Arzobispo y la curia diocesana tienen más poder de intervención en las cosas de las hermandades que hasta ahora. Pero ojo, esto no quiere decir que antes no lo tuvieran, para eso está el Código de Derecho Canónico, la sensación es que se ha querido dejar meridianamente claro que las hermandades pertenecen a la Iglesia y que esta es jerárquica desde siempre y a esa jerarquía nos debemos.

Además del ya famoso artículo 18 en el que “las hermandades y cofradías no interpondrán demanda ni podrán establecer intervención judicial alguna en el fuero civil sin licencia del Ordinario del lugar” -ahí queda eso- lo que podemos destacar, a diferencia de las anteriores es, primero, que se eliminan los preámbulos, directamente al artículo 1, nada de justificaciones. Posteriormente llama la atención que decisiones que estaban antes en manos del Vicario General ahora dependen directamente del Sr. Arzobispo o del Departamento de Asuntos Jurídicos para Hermandades. También nos llama la atención el aumento de obligaciones y funciones del Director Espiritual, casi obligando a que sea el párroco, pero más por entenderlo como un tirón de orejas a estos que otra cosa. Para leer detenidamente el nuevo capítulo de ‘sanciones’ a las hermandades y a sus miembros, así como el de ‘actividades y actos de culto’ o el de ‘bendiciones y coronaciones canónicas’, que antes tampoco existían. Asimismo llama la atención la contribución al Fondo Común Diocesano, que ya era obligatoria, pero en 1997 se dejó a criterio de cada hermandad según sus posibilidades y ahora es el Sr. Arzobispo el que determina la cantidad con la que se debe colaborar. Por último nos llama la atención el apartado dedicado a la economía de las hermandades, mucho más extenso y específico y en el que encontramos como novedades, por ejemplo, las definiciones de “ingresos” o “patrimonio”.

Sería interesante que los responsables de las más de 600 hermandades de la Archidiócesis se leyeran el texto completo, cosa que no va a ocurrir evidentemente, seguro que evitaríamos muchos de los problemas a los que posteriormente hay que enfrentarse cuando de “Palacio” se trata.

Y, por último, una reflexión: ¿estas normas son el resultado de ciertos comportamientos generalizados en las hermandades en los últimos años?

EL DÍA QUE APRENDÍ MÁS DE CARIDAD

caridad calcuta

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Es un tema más que manido el presumir en los cabildos generales de tal o cual cantidad de dinero empleado en caridad (no me gusta llamarlo “acción social”, lo veo más político, en cristiano es CARIDAD). Si económicamente se aportó más que el año anterior la presidencia del cabildo orgullosa lo dejará bien claro, si fue menos se dirá la cantidad y punto, esgrimiendo que se cumple con la cuantía o porcentaje prescrito en las reglas. Poco a nada se habla de la otra caridad, la más auténtica, la que se practica de tú a tú con el prójimo; la que no cuesta dinero, pero cuesta si no la tienes dentro. Esa caridad que cuesta llevarla a cabo si en casa no te la enseñaron, si ningún amigo, profesor o catequista te la mostró, si no la aprendiste o recordaste luego nunca. La de la sonrisa al de al lado, la del gesto educado o cariñoso con el desconocido, la de la mano en el hombro, la caridad gratuita y bienhechora.

Andaba uno estrenándose en cargos de máxima responsabilidad en su hermandad y, bisoño y preocupado, quería que todo fuese más que perfecto. Era preocupación principal que, de las arcas de la hermandad y de lo generado extraordinariamente, se dedicase a caridad lo máximo posible; los tres pilares, lo ya sabido. Fue entonces cuando la diputada de caridad me puso en bandeja una lección que jamás olvidaré.

Se presentó en un cabildo con la idea, que todos acogimos con gusto, de ir el siguiente domingo a un comedor para indigentes cercano del que unas monjas se hacían cargo y que todos conocíamos. Había pensado ella que, dado que la situación económica de la hermandad no permitía colaborar económicamente con mucho ni en muchos sitios, fuésemos los miembros de junta de gobierno a ayudar a las hermanas a preparar y servir las comidas de ese domingo. Y fuimos. ¿Qué les cuento?.. No creo que sea necesario entrar en detalles de lo que a mi mente vino de recuerdos de la infancia en mi parroquia, de lo que mis abuelos hacían en Cáritas, de lo que a mis padres vi hacer después… ¡en qué estaba yo pensando! ¿Qué ideas de gobierno, cargos y cabildos habían nublado mis sentidos?

Solo por ver la cara de felicidad de aquellas monjas repetimos hasta en un par de ocasiones. Aquello me recordó dónde está la verdad de esto que llamamos HERMANDADES, aquello me recordó la verdadera Caridad con mayúscula, aquello me recordó para siempre que los números, como sirven de verdad en la hermandad, es cuando se usan para contar sonrisas y abrazos de nuestro prójimo y nuestro hermano.

Desde entonces procuro recordármelo de vez en cuando, y si no siempre hay amigos, conocidos y cofrades, dignos de imitar, que con sus actitudes te lo recuerdan. Y no se crean, hay más hermanos que practican la verdadera Caridad de los que piensan.