VOY CON ENRIQUE

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Sí, voy con Enrique. Y voy con él porque cuando se puso en contacto conmigo, en los primeros compases de este año 2016, para proponerme que formara parte de su candidatura a presidir el Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla, me pareció que su forma de entender el Consejo y las hermandades eran tan parecida a la mía que no podía ser cierto. Me propuso trabajar con discreción, trabajar con eficacia y trabajar con humildad, pero ante todo trabajar. Me propuso formar parte del equipo de Glorias, hermandades a las que le hacen falta muchas cosas, pero, sobre todo, un Consejo cercano del que puedan disponer siempre que lo necesiten, ayudándolas y asesorándolas en cuestiones económicas, fiscales, formativas, litúrgicas, artísticas, etc. (ni más ni menos que lo que dicen los estatutos). Me propuso intentar convencer a las hermandades y a sus hermanos mayores, para que eligiesen nuestra propuesta, desde un escrupuloso respeto a todas las candidaturas que hubiesen surgido o surgiesen iguales a la nuestra, desde una exquisita consideración hacia el Consejo actual y desde la más alta estima a todas esas mismas hermandades y a sus hermanos mayores. Me propuso intentar que se decidiesen por nuestra opción sin entrar a valorar ninguna otra por nuestra parte, sin entrar en guerras de acusaciones ni dimes ni diretes y, por encima de todo, sin responder a los posibles bulos que se pudiesen lanzar hacia su persona o los componentes de su candidatura. Me propuso que no haríamos “campaña” entendida a la manera política, que nos reuniríamos con las hermandades y, a lo sumo, tomaríamos una cervecita después de las reuniones, que no habría cenas ni almuerzos, ni folletos, ni webs, ni nada por el estilo. Voy con Enrique porque cuando le conté todo esto a mi mujer ella lo vio de la misma manera que yo y me apoya. Voy con Enrique porque mientras más he ido conociendo al grupo más me he dado cuenta de que esto puede funcionar muy bien, de que los pensamientos y las ideas entre nosotros fluyen porque convergen. Voy con Enrique porque todo lo que me propuso se ha ido cumpliendo y porque, como me dijo, le ha costado, pero ha formado un equipo para darle aire nuevo al Consejo durante 4 años, no para ganar unas elecciones.

Voy con Enrique porque me hace ilusión, porque entorno a Enrique hay un grupo de cofrades con esta misma ilusión, porque Enrique ha sabido transmitirnos a todos esa ilusión y esas ganas de trabajar por las hermandades de Sevilla. Puede que estas hermandades, representadas en sus hermanos mayores, decidan mañana que la de Enrique Esquivias es la mejor opción o puede que no sea así; en ambos casos sonreiré. Si las hermandades deciden que trabajemos por ellas pues pediremos al Espíritu Santo que nunca nos falte la luz de su presencia, si deciden que no seamos nosotros pues estaré contentísimo de haber defendido con honradez lo que siempre he creído que debe prevalecer en el gobierno de nuestras corporaciones: trabajo con humildad, eficacia, respeto, discreción y oración.

Voy con Enrique y estoy muy orgulloso de haberme embarcado en esta aventura que, a partir de mañana, puede ser una carga que aceptaría con la misma humildad que ilusión. La semana que viene hablamos…

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LA SELECCIÓN COFRADE

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Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Me encontraba hace un par de días en una amena charla de sobremesa entre cofrades cincuentones (otros no tanto) hablando del hartazgo de cofradías que en la actualidad nos invade, tema del que no voy a volver hablar, pues ya desde esta manigueta hablamos hace tiempo. Comentábamos si habíamos asistido a la Coronación Canónica de la Soledad de Castilleja o al aniversario del Gran Poder de Brenes y daba la casualidad de que ninguno de los cincuentones habíamos asistido, en ninguno de los dos casos. De aquí varió la conversación a que la mayoría de los cofrades, y más en la situación actual, cuando llegamos a una cierta edad, vamos siendo cada vez más selectivos a la hora de presenciar cultos externos, sobre todo en la Semana Santa.

Y es verdad. El ímpetu de la juventud te lleva a hacer cosas que con los años entiendes que serían impensables. Semanas Santas enteras casi sin dormir siendo arte y parte de tus cofradías y el resto del tiempo viendo las demás. Cuando señalábamos el Programa del ABC para guardarlo (algunos quedan por casa) y presumir de que las habíamos visto todas, así, además, al año siguiente se preveía un itinerario distinto para verlas todas también, pero en otros sitios. Con los años seleccionamos lo que queremos ver, donde verlo y, además, solemos ir todos los años a ver lo mismo en el mismo sitio. Aquello que nos gusta o que el año tal nos dejó un regusto especial. Probablemente sea un palio de vuelta, en un sitio con poca gente (si queda alguno) y, a ser posible, donde te encuentres con aquel amigo que sabes que le encanta esa cofradía en ese sitio como a ti.

La selección cofrade, un hecho real que, gracias a Dios, permite que con la edad, la mayoría de los cofrades, distingamos entre lo que nos transmite y lo que no, lo que evangeliza y lo que no, lo que tiene unción y lo que no. Otro día hablaremos de si las juventudes cofrades que surgieron en los 70, a la postre, hicieron bien o mal a nuestras hermandades.

CONSTRUIR COMUNIDAD

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Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Me parecen sencillamente geniales las frases que diariamente nos brinda la cuenta de Twitter de S.S. el Papa Francisco. No dejo de leerlas porque entiendo que hay que ser un genio para resumir en 140 caracteres tanta enseñanza bíblica y tanta verdad, tantos valores y tanta sabiduría. Y, claro, de vez en cuando hay alguno que, pensando en lo nuestro, me llega más que otros y me hace reflexionar seriamente.

Este que muestro hoy, de hace unos días, no me digan que no podría ser el lema de cualquiera de nuestras hermandades. “Este tiempo pobre de amistad social”, ¡cierto!, ¿no lo han pensado ninguna vez? Hoy día vemos en nuestros jefes, nuestros clientes o nuestros compañeros de trabajo a enemigos, pero ¿acaso no ocurre lo mismo en la hermandad con los miembros de junta o con el que tiene un puesto en la cofradía? No creo que sea necesario dar más explicaciones sobre esto, hagan examen de conciencia o miren alrededor y verán como saben perfectamente de qué les hablo.

“Construir comunidad”, ¡por favor!, tarea primordial en una hermandad. El Papa habla en este tuit de relaciones sociales en general, pero es que esto es básico en nuestras asociaciones de fieles. Nuestra vida cotidiana está llena de estas relaciones sociales y la de los cofrades está trenzada de relaciones con hermanos y con otros miembros de otras hermandades. ¿Por qué no nos dedicamos en la medida que debiéramos a construir comunidad? Todos hemos vivido episodios esperpénticos entre hermanos de una misma hermandad y entre cofrades, algunos bastante cercanos y otros recordados en el tiempo, y todos los hemos desaprobado.

Si hemos de vivir diariamente con estas personas y no con otras, ¿no es más fácil ver a un hermano-amigo que a un enemigo, un oponente o un superior-inferior? ¿No es más fácil ser amigo en primer lugar de aquel que comparte mi vida diariamente que pretender amistad con otros que no comparten nada? Siendo sinceros, creo que es más reconfortante ser felices en los acontecimientos cotidianos con las personas que comparten nuestras vidas que buscar la felicidad en aquello que no conocemos.

Lo dice el Papa, apliquémoslo al ámbito cofrade: hay poca amistad social, construyamos comunidad. Seguro que viviremos más felices y nuestras hermandades saldrán ganando.

PRIMERO HAY QUE SER CRISTIANO

cofrades

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

“Para ser buen rociero primero hay que ser cristiano”. Así reza la letra de la genial sevillana que compusieran Hurtado y Santiago para Amigos de Gines en 1971. Si cambiamos la palabra ‘rociero’ por ‘cofrade’ pues también nos cuadraría la sevillana, ¿no? Para mí no es extrapolable lo rociero a lo cofrade, aunque hay muchos cofrades que son rocieros también y viceversa, pero en este caso la letra de la sevillana me viene al pelo para reflexionar sobre aquellos cofrades que primero son cristianos.

He conocido, en mis casi 5 décadas de vida, muchos de ellos. No hablo de expertos en liturgia, no hablo de misa y comunión diaria, no hablo de cofrades que no tienen otra vida más que su hermandad, no hablo de los que presumen de conocer a muchos curas (que también he conocido a muchos de todos estos), no, hablo de CRISTIANOS con mayúsculas.

He conocido a cofrades que buscaban en la Biblia soluciones a sus problemas, cofrades que no faltaban a misa un domingo, cofrades que aprendieron a querer a sus devociones sin ser ni querer ser más que nadie. He conocido a cofrades que siempre tenían el consejo adecuado para los jóvenes de la hermandad y sabían darlo con educación. Conocí a cofrades de los que, cuando se fueron de este mundo, nunca había oído hablar mal de ellos con fundamento. Cofrades reconocidos en su ámbito profesional y laboral, cofrades con credibilidad (eso que solo se gana con una vida ejemplar), he conocido a cofrades que siempre han pensado en no hacer daño al de enfrente a la hora de hablar, de decidir o de actuar. Es tan fácil, y tan difícil, como esto. Todos tenemos personas de referencia (en el ámbito cofrade u otro cualquiera) y qué fácil parece ser como ellos cuando los vemos o conocemos y qué difícil resulta llevarlo a la práctica.

En cada hermandad hay, al menos, uno. En cada hermandad y en cada época hay una figura ejemplar, cofrade al que todos respetan y admiran por sus valores y su vida de fe, sin fisuras, porque solo hizo el bien. Lástima que en algunas hermandades la última figura de este tipo que se recuerda algunos solo lo conocen en fotos.

Para ser un buen cofrade primero hay que ser cristiano. Tan fácil y tan difícil como eso.

ME GUSTA EL CORPUS

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Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Ya pasó el Corpus y de nuevo las mismas cantinelas de todos los años: hay más gente en el cortejo que entre el público, es excesiva una procesión con 4.000 personas, habría que limitar el número de representantes por hermandad, habría que meter más bandas, esto hay que cambiarlo… y fíjense ustedes que a mí me da la impresión que el Cabildo Catedral hace oídos sordos a todo esto.

Me gustaría reflexionar sobe un par de cuestiones. He oído que la postura de Palacio es no “prohibir” a nadie acompañar al Señor, que de númerus clausus nada. Me parece perfecto, opino de la misma manera. En Semana Santa, para cualquier espectador en Carrera Oficial, pasa de seguido en una tarde un cortejo de bastante más de 4.000 personas, y al día siguiente otro, y otro, y de madrugada, y no pasa nada. Por otra parte entiendo que si hay una víspera que mantiene las calles y los bares del centro abarrotados hasta las dos de la madrugada no podemos pretender que a las 8 de la mañana esté todo el mundo en la Avenida para ver a S.D.M., que no sale hasta las 10:30 al menos. A las 10 de la mañana la Cuesta del Bacalao está abarrotada, a las 11:30 todo el recorrido está lleno de público, pero de eso no se habla, solo de la Avenida vacía al salir los primeros integrantes del cortejo.

A mí me gusta la procesión del Corpus, me gusta el día del Corpus, me gusta tal como está, creo que es uno de los días más bonitos de Sevilla y lo vivo con intensidad y emoción. Esto es otra cosa, no queramos tunearlo acercándolo a una Estación de Penitencia. Puedo ser un retrógrado, un inmovilista, un lo que ustedes quieran, pero me gusta. Yo tan solo retocaría la posición de los pasos dentro del cortejo, redistribuyéndolos más equitativamente, pero eso tampoco es demasiado importante.