HACER LAS COSAS BIEN

lamadruga

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Estoy seguro que esta no será la última vez que hablemos de lo mismo, porque estoy seguro que no va a quedar así la cosa, quizá este año sí, pero la solución de urgencia (como fue la adoptada antes de finalizar el año) no tienen sostén por mucho tiempo. No digo yo que no valga de momento, pues yo mismo aposté por algo muy similar hace varias semanas, pero recalcaba que lo que se me ocurría era algo para salir del paso una vez enquistado todo. Así ha sido: antes de que nos impongan algo que no gusta a nadie vamos a hacer “lo que sea”. ¿Y qué es lo fácil? Dejarlo todo como está con un lavado de cara.

 ¡Qué difícil es hacer las cosas bien! A todos los cofrades nos parece fácil, todos tenemos nuestra solución en la cabeza y muchos lo entendemos como algo sencillísimo. A más de uno querría yo ver en la situación actual, ya fuese como hermano mayor o como diputado mayor de gobierno de alguna de las hermandades o como miembro de la junta superior del Consejo. Todo es fácil desde casa, pero ¡qué difícil en el tajo! Cualquiera que haya tenido responsabilidad en una hermandad y haya tenido que tomar decisiones de trascendencia sabe de lo que estoy hablando. Es difícil contentar a todo el mundo, son muchas las opiniones, muchos los intereses y si, además, el asunto se encalla…

 Nunca he dudado de la buena fe de cada uno de los intervinientes, hace dos años, el año pasado y el actual. Lógicamente cada hermano mayor y cada diputado mayor de gobierno tienen que defender a su hermandad y a sus hermanos y ahí, hay un escollo: saber escoger el término medio entre el interés particular de tu hermandad y el interés general de la jornada y de la Semana Santa. El Consejo es un mero organizador a merced de las hermandades, pero ahí hay otro escollo: su labor es mediadora, organizativa y, en este caso, ‘pacificadora’. Y, para mi, un tercer escollo: que todas se han empeñado en tener que sacrificarse, que por narices todas tenían que salir perjudicadas y beneficiadas por igual, algo absurdo desde mi punto de vista.

Insisto: Nunca he dudado de la buena fe y de la intención de cada uno de los intervinientes, ahora, una cosa es la intención y otra la capacidad.

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SOMOS NAZARENOS. RESPÉTENNOS.

nazarenos

Cada Domingo de Ramos es inevitable para mí evocar el momento, repetido anualmente durante mi infancia, en el que mi madre ayudaba a mi padre a revestirse con la túnica de la Amargura de Constantina y posteriormente ambos me revestían. Aprendí a ser nazareno cuando uno de estos años (no contaría con más de 5 de edad) noté como la gran mano de mi padre temblaba cogiendo la mía, mientras en mi estómago retumbaban los tambores del Himno Nacional, a la salida de la Amargura. Miré hacia arriba y vi un antifaz humedecido y un nazareno lleno de fe que, seguramente un poco acongojado, evitaba mirarme. Ya se lo dije hace más de veinte años cuando mi pueblo me permitió ser su pregonero:

Tú me enseñaste un domingo / sin palabras a rezar, / tú me enseñaste un domingo / a Amargura pregonar, / tú me enseñaste un domingo / y a boca llena he de gritar / que tú me enseñaste un domingo. / ¡Gracias, padre, por llorar!

La vida me trajo a la orilla del Guadalquivir en plena adolescencia y hoy soy nazareno de Sevilla. Esta es mi historia, pero somos miles los nazarenos de Sevilla, miles, y cada uno tiene detrás la suya, a cada cual más singular y particular. Somos el anónimo sustento de nuestra Semana Santa, multitud callada que forma sólida base, basamento de candelabro que sostiene brazos armoniosos y la luz que se ve, candelero de listones de madera tapado por rica saya, parihuela fuerte y robusta que soporta canasto de oro.

Somos el soporte de nuestras cofradías, ¿por qué no nos respetan ustedes? ¿por qué nos utilizan como moneda de cambio? ¿por qué no nos dan simplemente el sitio que nos corresponde y que nos merecemos? ¿No recuerdan que ustedes eran nazarenos hace poco? ¿Y los diputados mayores de gobierno? ¿Dónde están?

La solución es que se recorran más metros, dicen. La solución es los cirios de tres en tres. La solución es las cruces de cuatro en cuatro. La solución es los números clausus. ¡Oiga! ¡La solución es que los pasos anden! No mareen más la perdiz con los nazarenos. ¿Por qué no establecen tiempos intermedios en Carrera Oficial para los pasos? ¿Por qué no toman medidas para limitar el tiempo de paso de los pasos? ¿Por qué no?

Somos nazarenos. Respétennos.

EL MUSEO, NECESARIO

PuertaMuseoSemanaSanta

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Que el turismo ha tenido un repunte en nuestra ciudad en los últimos años es algo que cualquier sevillano no duda, puesto que lo vive a diario. Que este fenómeno tan importante para la economía local -imprescindible diría yo- ha suavizado la curva de nivel de ocupación y se ha equilibrado el número de visitantes a lo largo de todo el año, siendo menos destacables los picos en determinadas fechas, es también algo constatable.

Hago esta introducción porque entiendo, en mi modesta opinión, que las hermandades de Sevilla estamos desaprovechando, desde hace mucho tiempo, la oportunidad de mostrarnos al mundo más allá de los días propios de la Semana Santa como ya han hecho otras ciudades (la imagen que ilustra esta entrada de blog pertenece al de Zamora) instalando un museo permanente.

Están más que demostradas la validez y sapiencia de algunos cofrades que han sido comisarios en las múltiples exposiciones puntuales que nuestras cofradías vienen organizando, incluso algunas de manera conjunta (¡cuánto bien está haciendo el Círculo Mercantil en los últimos tiempos!) y que a buen seguro podrían ser quienes encauzaran este proyecto. No logro entender que nadie abandere esta idea cuando parece ser que el éxito estaría garantizado, como así lo demuestran ejemplos como los museos de este tipo ya existentes (véase Málaga), las exposiciones a las que antes me refería, el Museo de la Macarena o Munarco cuando existía. Incluso más de una hermandad daría por bueno conservar sus pasos o enseres expuestos y cuidados todo el año antes de tenerlos en situaciones, a veces, precarias. Los mismos cofrades de a pie comprobamos con frecuencia cómo las múltiples y valiosísimas obras de arte que nuestras cofradías poseen se aprecian de manera muy distinta procesionando que expuestas.

Entiendo que debiera ser el Consejo General de Hermandades y Cofradías quien lo hiciera una realidad que considero necesaria –ya que además sería una fuente de ingresos para la entidad y, por ende, para las hermandades- y quizá se acerque una buena oportunidad, ante las próximas elecciones de junio, para que alguna candidatura lo esgrima como proyecto.