TOCAR LA CARNE DE CRISTO

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Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Vivimos una época del año, la Navidad, en la que las hermandades se afanan en realizar y convocar actos benéficos y campañas a favor de los más necesitados, cumpliendo con uno de sus fines principales: la caridad. Indudablemente es una labor encomiable y digna de admiración, además de involucrar especialmente a los jóvenes cofrades en ella, lo que me parece idóneo. Bien es verdad que algunas veces dejamos de ver –dentro de la hermandad me refiero- el verdadero sentido de lo que celebramos en Navidad por el hecho de cargar la agenda de tanto acto, y no me refiero solo a los dedicados a recaudar a favor de los más necesitados, si no a las convivencias -“combebencias”- navideñas, a las “zambombas”, tan de moda (nos encanta importar costumbres que no son nuestras y desvirtuarlas), conciertos navideños, etc.

A mi modo de ver sería muy fructífero mejorar las campañas caritativas navideñas en nuestras hermandades en dos aspectos, con lo que ahondaríamos mucho más en el conocimiento de esa Verdad de la que habla el Papa Francisco y que acaba de nacer entre nosotros. Uno de ellos es la oración y la formación, sobre todo a esos jóvenes que implicamos en ensayos solidarios, caravanas, recogidas de alimentos, etc. No vendrían mal pequeños retiros orientados a los hermanos que nos hagan reflexionar un poco y profundizar en los mensajes de nuestros pastores, pues pienso que poner un tuit con un enlace o retuitear desde el twitter de la hermandad no es formar. En segundo lugar implicar más a los hermanos en otra labor caritativa importantísima y que casi siempre obviamos: la caridad cercana, humana y directa. Muchas veces se ayuda más con un abrazo, una sonrisa, un gesto, un beso o un consejo que con un kilo de lentejas o 5 euros. Nunca olvidaré cuando en una hermandad, ante la falta de liquidez para ayudar económicamente, se nos ocurrió que podíamos ir un día toda la junta de gobierno a servir los almuerzos a un comedor social de una congregación religiosa del barrio, aquello quedó grabado en nuestros corazones y en nuestra memoria, para siempre, la sonrisa eterna de las religiosas que mantienen a diario el comedor.

No pretendo poner ni una pega a lo que actualmente realizamos las hermandades en favor de los enfermos y necesitados, en absoluto, todo lo contrario, solo hay palabras de elogio hacia la importantísima labor que hoy día se lleva a cabo, pero sí mover un poco alguna conciencia para que intentemos ser más imaginativos y nunca aminoremos la marcha, todas la manos son pocas y mientras más veces y más cerca “toquemos la carne de Cristo” mejor.

Por cierto: Feliz año nuevo.

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UN AÑO POR DELANTE

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Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Se decía, al término de la pasada Semana Santa, que había un año por delante para solucionar los problemas (sobre todo de horarios e itinerarios) que habían quedado patentes tras la misma, algunos ya sabidos –la mayoría- y otros sobrevenidos. Dos tercios del año que había por delante se han cumplido y ¿qué se ha solucionado?

Nos consta, porque así lo han hecho saber, el trabajo denodado e incansable del Consejo General de Hermandades y Cofradías, de la Junta Superior y de los delegados. Muchos cofrades se sorprenden de algunas actitudes airadas, malhumoradas y acusatorias de algunos cargos generales, sobre todo del presidente y del vicepresidente y delegado de la Madrugada, pero, aunque no comparta ese tipo de posturas ostentando el cargo que se ostenta, yo los entiendo. No debe ser nada fácil trabajar y trabajar para no ver resultados y, para más inri, ser constantemente criticado. Debe ser duro y, por eso digo que entiendo sus reacciones a veces, pero, claro, es a lo que uno se expone cuando voluntariamente se ofrece para tales menesteres.

Como escribía es constatable dicho trabajo incansable, pero ¿qué se ha conseguido? Parece, por las cotas de protagonismo que ocupa, que todos los problemas residen en la Madrugada, y, como todos sabemos no es así. También parece que la fumata blanca a este respecto ya ha llegado y que es cuestión de horas que se conozca. Ojalá. ¿Y el resto de lo que hace nueve meses eran preocupaciones de primer orden? ¿Y el Martes Santo? ¿Y el Miércoles Santo? ¿Y la seguridad –botellonas, carreritas, etc.- de la propia Madrugada? ¿Y las sillitas? ¿Y los cortejos deshechos? Por el contrario ha quedado claro ya que, con este Consejo, formatos como el del cartel o el del pregón no van a cambiar, que la Carrera Oficial no va a cambiar tampoco ni en estructura ni en gestión, que hay alguien dentro que lo cuenta todo y que los hermanos mayores tienen siempre la última palabra.

Nos queda el tercio del año más importante, el que incluye la Cuaresma, el que debíamos dedicar a lo que hay que dedicarlo, a prepararnos espiritualmente para la Semana Santa, pero mucho me temo, aunque haya acuerdo para la Madrugada, que no será así. Y si así lo pareciere, ya inventarán algo para convulsionar la Cuaresma.

Mientras tanto esperemos noticias y vivamos en familia y en paz, siendo este mi deseo para todos, una FELIZ NAVIDAD.

LA ESPERANZA DE LOS JÓVENES

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                “Ningún miedo es tan grande como para sofocar completamente la esperanza que brota en el corazón de los jóvenes”. (San Juan Pablo II)

La Esperanza bajó ayer a la Tierra, al suelo de Triana.

Ya comentaba hace un año desde esta manigueta que la Esperanza vino a hacernos más felices, y más aún en estos días de su Besamano. Está realmente preciosa, como Ella es, preciosa. Pero además es que sus priostes la han puesto de dulce. Da gloria entrar en la Capilla, Ella lo llena todo y, a su alrededor, un joyero que uno va descubriendo poco a poco -cuando ya puedes apartar la vista de sus ojos arrebatadores- y que adorna la belleza sin igual de la Esperanza.

Vi ayer muchos jóvenes en la Capilla y recordé las palabras de San Juan Pablo II que cito al inicio. Retumbaban en mi mente: “la esperanza que brota en el corazón de los jóvenes”. Fugazmente me venían también recuerdos del debate del lunes y de cuando se hablaba de los jóvenes talentos que se han ido de España sin futuro y sin esperanza y que hay que recuperar. Uno enlaza, casi sin querer, las cosas que guarda en la memoria, y, después de acordarme de quien me tenía que acordar y de quien siempre me acuerdo cuando estoy frente a mi Esperanza, me acordé de los jóvenes en general, de mis hijas, de mis sobrinos, de los muchos jóvenes de Triana que conozco gracias a Dios, de los compañeros de cole, de los jóvenes de mi hermandad… Por todos recé y por todos pedí a la Esperanza, para que les enseñe y nos ayude a los mayores a enseñarles a ser valientes, a no tener miedo, porque “ningún miedo es tan grande como para sofocar completamente la esperanza”, a buscar esos verdaderos valores de la persona que cada día se pierden más y vemos menos en nuestra sociedad.

Esperanza, Tú que lo puedes todo, sé la Esperanza de los jóvenes y permite que los mayores lo veamos. Llena de jóvenes estos días la Capilla y llénalos de Ti.

Hoy iré de nuevo a besar Tu mano.

SOY CATÓLICO, ¿Y QUÉ?

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Ya tornaron en albicelestes los ajuares negros de nuestras dolorosas, hemos vivido un hermoso día de la Purísima y estamos inmersos en un nuevo Adviento que nos prepara para el feliz nacimiento del Divino Pastor, del Rey de Reyes.

En las empresas y asociaciones, en esta época que fugazmente describo en el párrafo anterior, se preparan felicitaciones de cortesía, montajes fotográficos y correos electrónicos que, en breve, se mandarán a otras empresas, asociaciones, clientes, proveedores, socios, trabajadores y compromisos. Observo, desde hace años, que cada vez son menos las empresas que felicitan la NAVIDAD, el nacimiento de Cristo, el sentido único y verdadero de estas fiestas que nos llegan y que nos alegran la vida. “Con nuestros mejores deseos de paz y felicidad”, “Por un 2016 cargado de ilusión”, “Confianza y seguridad serán nuestras credenciales para este año que comienza”, “Empezar con un gran deseo es empezar bien el año”, … Estas y otras frases más o menos ingeniosas son las felicitaciones ‘políticamente correctas’ que la mayoría de los empresarios hoy día envían con motivo de la NAVIDAD. ¿Hay miedo a proclamar que somos católicos?

Yo no sé que pensaran ustedes, pero a mí me molesta bastante cada vez que lo veo. La NAVIDAD es una fiesta religiosa, bien definida, claramente católica y aprovechada por la mayoría para la conveniencia de cada uno: por casi todos para vender más de todo, por las empresas para quedar bien, por los políticos como siempre por que les conviene y hasta por los tunantes y carteristas para hacer su ‘diciembre’ por el centro. Este es otro ejemplo más de esta corriente laicista y falta de valores fundamentales que nos rodea y nos intenta apartar a un lado de nuestra sociedad. Y los católicos ¿qué hacemos para proclamar nuestra fe? ¿Tenemos miedo? ¿Ahora nos importa el “qué dirán”?

Pues no, no soy un carca, no soy un extremista, no estoy anticuado, no vivo de espaldas a la realidad, no me niego a un futuro mucho mejor y no soy bobo. SOY CATÓLICO, APOSTÓLICO Y ROMANO, y soy una persona normal.

FELIZ NAVIDAD a todos, que el Hijo de Dios que cuelga de algunos balcones -afortunadamente- y que es el verdadero sentido de nuestras vidas, os traiga con su nacimiento lo mejor del mundo y que, por muchos más siglos de los veinte que ya lo hicimos, sepamos llevar a gala ser seguidores de su ejemplo.

SE ACABA EL PLAZO

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Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

En algo más de quince días llegará el domingo 20 de diciembre de 2015, fecha sin importancia hasta el pasado 14 de octubre, al menos en lo cofrade. Esa tarde fue la del plantón a la prensa, la de las buenas intenciones del Consejo y la del porrazo sobre la mesa de los hermanos mayores.

¿Hay vida más allá de la solución a la ‘Madrugá’? ¿Solo eso importa? Ni siquiera las nuevas normas de antiguas pretensiones y espíritu arcaico han conseguido quitarle protagonismo y cuota de mercado. Para colmo las declaraciones del hermano mayor de la Hermandad de la Macarena hace unos días en El Programa de Ondaluz, ofreciéndose para ser la segunda del día -donde tiene mucho que decir la Hermandad del Gran Poder, que aún no ha dicho nada- han reavivado las opiniones de todos los cofrades. Algunos medios incluso se han lanzado a proponer en los últimos días esta solución como el maná.

Mi opinión personal es que la reorganización necesaria de la ‘Madrugá’, utilizando el símil clínico, se ha enquistado de tal manera que sin cirugía no tiene solución. No ha habido labor preventiva, se ha cogido muy tarde, en estado avanzado de degeneración, y, en estos casos, o se corta por lo sano o no suele haber solución curativa. Y de la misma manera que esto no me sorprende, sí lo hace que ahora venga con pretensiones de desbloqueo quien parece que todo lo bloqueó en la Cuaresma pasada, cuando parecía que con tratamiento se podría llegar, al menos, al alta voluntaria. Y más me sorprende que, de repente, esa parece que sea la única solución de las múltiples planteadas.

Hace mes y medio que se dijo en el Consejo que si el 20D no había consenso habría solución. Días después D. Marcelino dijo que había que pasar una Navidad y Cuaresma tranquilas, pensando en lo que hay que pensar, y que lo que el Consejo les trasladara el 20D ‘iba a misa’. El Plan Nieto, la solución en principio planteada, no lo ven factible 4 de 6. Todas han movido ficha, sin éxito que sepamos hasta la fecha. ¿Tendrán el antídoto en la caja fuerte? ¿Hay un conejo en la chistera? Si no es así ¿qué va a pasar el 20 de diciembre? ¿Adelante el Plan Nieto? ¿Hay un Plan Nieto 2?

¿Y los demás días? ¿Están arreglados? Pronto tendremos respuesta a todas estas preguntas, se acaba el plazo…