NORMANDOS Y NORMADOS

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Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Ya lo escribía mi muy admirado Manuel Romero en su “Libro de hermanos” bajo el título de ‘Ordenancismo’, que hay una estéril moda normativa en las hermandades. Así la entendía, pues explicaba que esta no nos lleva a acrecentar la vida de hermandad, ni tampoco al mayor conocimiento de la liturgia ni nada por el estilo, simplemente saciaba a los muchos políticos frustrados que abundan en las nóminas de nuestras corporaciones.

No solo estoy de acuerdo con él (hay que estarlo en un 99 % de las ocasiones) si no que me gustaría hacer una reflexión dando un pasito más, buscando terminar la “chicotá” -que no la “corría”, porque esta es larga y aún le queda- como se hace por San Andrés, ganándole terreno.

En nuestras cofradías nunca han sido necesarias las normas más allá del conjunto de mínimos que se suponen que son las reglas (también llamadas en tiempos estatutos), fundamento básico de toda corporación. ¿Por qué? Pues porque la absoluta mayoría de los cofrades, y más aún, los que componían las mesas de gobierno, eran plenos conocedores de nuestra religión, de nuestra Iglesia, de lo que tenían entre manos, de su funcionamiento, costumbres e idiosincrasia.

Hoy día tenemos unas corporaciones llenas de egos y personalismos (¡cuánto Catecismo habría que regalar al imponer la medalla de hermano!) en las que prima el mismo hermano antes que la hermandad, el pasar a la historia antes que la historia continúe, el “todo vale” y el “¿por qué no?” antes que “mejor no, no vaya a ser que…” o el “¿qué sabrá este?” antes que el “haré caso a don mengano”. Esto conlleva que haya que normar aspectos que nunca tuvieron que serlo -por sabidos-, que haya que ponerle cotas a los que no saben de esto, que haya que limitar al descarado y al inventor. Ojo, no justifico a los normadores, pues hay muchas maneras mejores, creo, de hacer esto, pero es una de las razones que llevan a la norma antes inexistente.

Lo último ya es poner una norma escrita en la que se limiten las “levantás” dedicadas, en la que a los costaleros se les explique que forman parte de la cofradía o en la que se le diga a los capataces la cantidad de auxiliares que deben llevar y las funciones de cada uno. Y otra cosa: ¿es necesario publicarla en la web de la hermandad al día siguiente de ser aprobada? ¿Qué buscamos con esto?

Acabaremos por convertir nuestra Semana Santa en Normandía y a los cofrades en normandos… ¿o normados?

“¡QUÉ SOLA VAS, SOLEDÁ!”

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Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

El apartado 5 de la regla nº 53 de la Hermandad de la Soledad de la Parroquia de San Lorenzo dice lo siguiente: “Así todo dispuesto y todos enterados de sus obligaciones se organizará la Procesión por el Diputado Mayor de Gobierno […]. A continuación de la última pareja de cirios, la Cofradía se organizará de la siguiente forma: precediendo a la antepresidencia, dos cirios negros apagados. Seguidamente por corresponderle como Hermano Mayor Honorario de nuestra Corporación, ocupará lugar preferente el representante de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, que irá flanqueado por hermanos con vara. Inmediatamente después formarán dos parejas de cirios negros apagados, y entre ellas, separándolas, dos bocinas y a continuación la presidencia de la Cofradía. Por último, precedido por acólitos con ciriales e incensarios, el Paso de María Santísima en su Soledad al pie de la Cruz, de la que penderán el Santo Sudario y las escaleras. Tras el Paso el Preste acompañado de acólitos, y cerrando la procesión, cinco nazarenos con cirio negro.”

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El pasado domingo, 15 de noviembre, esta Hermandad celebró Cabildo General Extraordinario con un único punto en el orden del día: la reforma de la regla nº 53 en su apartado nº 5 con el fin de incorporar una banda de música, sin cuerpo de tambores y cornetas, tras el paso de María Santísima en su Soledad en la Estación de Penitencia del Sábado Santo. Para convocar este Cabildo la Junta de Gobierno se reunió en Cabildo Extraordinario ya que 205 hermanos (más del 10% de los hermanos con derecho a voto que exigen las reglas) lo solicitaron por escrito.

Hasta aquí todo es normal, entra dentro de lo legal, de lo posible y de lo explicable, por más versiones que se escuchen de la manera en que realmente se ha reunido a los firmantes, de donde ha surgido realmente la convocatoria y por qué ahora. Lo que no tiene explicación posible es el soledad2número de hermanos que votaron a favor de la propuesta una vez celebrado el Cabildo, porque es del todo inexplicable que 205 hermanos lo soliciten y solo 127 voten a favor de la inclusión de la banda. Y no le den más vueltas ni le rebusquen causas, es inexplicable que ni siquiera los solicitantes acudan a votar (no es creíble que 80 hermanos cambien de opinión en un mes).

Con todo y con eso la Soledad de San Lorenzo seguirá, porque así lo han decidido sus hermanos, sin música cada Sábado Santo y los que solemos acudir a la Plaza alrededor de la medianoche podremos seguir escuchando esas saetas concatenadas que llegan al alma.

“¡Qué sola vas, Soledá!,

tú ya no tienes consuelo;

tú sólo quieres llorá

siendo Sevilla pañuelo

que te quiere consolá.”

                                                                                              Saeta (De León/Ochaíta)

ORIGINALIDAD COFRADIERA

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Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Y resulta que nuestras hermandades hoy día, de manera fehaciente e indudable, son un fiel reflejo de la sociedad en que vivimos, cuando para mí no debieran serlo en absoluto.

En estos tiempos todos pretendemos ser originales, únicos y pioneros, es lo que prevalece. Siempre ha habido gente así, pero no siempre de manera forzada y estudiada como un objetivo como hoy parece, si no de manera natural. Pues igual pasa en lo cofradiero, se pretende en exceso ser una hermandad original y única, distinta, referente en algo, lo que sea. Se olvidan orígenes, tradiciones y estilos, se olvidan los objetivos fundamentales, se desechan formas de ser acuñadas por los años, todo con tal de buscar el titular y la resonancia. Para mí esto no es más que -vuelta la burra al trigo- consecuencia del nivel de las personas que componen las juntas de gobierno (hubo un tiempo en el que un cargo era una carga, no un privilegio).

De esta manera cada día está más difícil ser original, aportar algo nuevo, y, la mayoría de las veces, cuando se hace, no resulta del todo acorde con el espíritu y rigor de las reglas. Y, por el contrario, cuando alguna originalidad resulta exitosa, todas van detrás repitiendo esquemas. Celebración: Cartel, pregón, exposición, charlas y salida extraordinaria (hasta que nos pusieron la mano en el pecho y nos pararon en seco). La originalidad en las priostías resulta que está en ‘volver’, en coger una foto cuanto más antigua mejor, y montar lo ya montado. La originalidad en las mayordomías no va más allá de los “ambigús” –algún día la hostelería más anticlerical dirá algo, ya están tardando- bajo el formato festival, concierto o tómbola. La originalidad en la música… dejémoslo estar. Y así podríamos seguir analizando diputación a diputación y colectivo a colectivo.

Con todo esto mi reflexión de hoy llega al punto en el que pienso que no hay mejor forma de ser original y pionero que siendo como uno es, pues Dios nos ha dado esa cualidad de ser irrepetibles. De este mismo modo, si cada hermandad se limitara a adaptarse a los tiempos sin estridencias, sin chirriar y sin salidas de tono, simplemente cuidando y manteniendo el patrimonio heredado (de manera fundamentalísima el inmaterial, por supuesto), estoy convencido que seríamos referente en muchas más cosas de las que ya lo somos, sobre todo, en los principales valores de la persona que, poco a poco, nuestra sociedad está perdiendo y que nosotros –que somos Iglesia- nunca deberíamos perder.

Gracias a Dios hay hermandades que cada día se preocupan más en ser originales, en no dejar de ser nunca ellas mismas, a ver si siguen todas por el mismo camino.

EL MUSEO DE VUELTA

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Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Los hermanos de la querida Hermandad del Museo han decidido hace unos días modificar completamente el recorrido de vuelta de su cofradía el Lunes Santo. 190 votos a favor del cambio, 51 en contra, 4 abstenciones y 1 nulo. En total votaron 246 hermanos de los aproximadamente 2.100 con derecho a voto, esto quiere decir que solo un 12 % de los hermanos que podían hacerlo han participado de esta decisión, en contra, por ejemplo, del 40 % (815 hermanos) que votaron en las últimas elecciones hace justo un año.

Decidido está y, la verdad, este nuevo recorrido particularmente me parece precioso -parte de lo que buscamos en nuestras hermandades no es más que acercarnos a Dios mediante la belleza-, mucho más bonito que el actual, pues calles como García de Vinuesa, Castellar, Gravina, Pedro del Toro o Bailén, incluso la fachada principal del mismo Museo de Bellas Artes pueden ser un marco incomparable tanto para el Santísimo Cristo de la Expiración como para María Santísima de las Aguas.

Sin embargo, y siguiendo con los números, podemos comprobar cómo la diferencia existente entre ambos recorridos es de 165 m., siendo más largo el recién elegido que el anterior. A priori no es una diferencia que deba retrasar mucho la entrada de la cofradía en su Capilla, quizá unos 20 minutos, pero si analizamos ambos recorridos podemos llegar a la conclusión que la diferencia puede ser bastante mayor, pues cambiamos cinco ‘revirás’ por ocho, estas últimas sin contar las dos del posible y más que probable saludo a la Hermandad de Jesús Despojado. Asimismo cambiamos calles más anchas como Tetuán y Alfonso XII por la estrechez de las antes mencionadas, por las que evidentemente el cortejo –sobre todo el de la Santísima Virgen- no debe discurrir con la misma fluidez. Esto nos lleva, en un primer y rápido análisis, a pensar que la diferencia de tiempo se puede ir hasta una hora o quizá algo más y, la verdad, en el contexto actual de nuestra Semana Santa puede ser un exceso innecesario. Claro está, todo esto es una reflexión personal que no tiene por qué cumplirse, pero que estoy seguro más de un cofrade ha hecho ya, incluso más de un hermano del Museo.

El próximo Martes Santo volveremos a hablar de este recorrido de vuelta. Ojalá que para bien, ojalá que hayamos inmortalizado en nuestras retinas imágenes imborrables, ojalá que la función catequética de la hermandad en la calle se vea mejorada, ojalá que no todo el público que se agolpa en el Baratillo para ver a San Gonzalo acuda a ver “la nueva vuelta” tras el saludo trianero y ojalá que el cuerpo de nazarenos de la Hermandad del Museo no sufra más de lo que ya lo hace por lo tardío de su entrada.

Mientras esto llega seguiremos soñando con “Amarguras” por el andén del Ayuntamiento y con las cornetas del Soria 9 con “Virgen de las Aguas” por Alfonso XII.