SECUNDARIOS IV: “PILATOS”

pilatos

Hoy hablaremos del que fue quinto prefecto de la provincia romana de Judea entre los años 26 al 36 después de Cristo: Poncio Pilato. Según algunos historiadores Pilatos -como también se le llama- sería hijo de Marco Pontius, un hispano que ganaría el “pilum” de honor en las guerras contra los astures y la ciudadanía romana. Nacería en Hispalis, serviría bajo las órdenes de Germánico y se casaría con Claudia Prócula, nieta de Augusto, por lo que se convertiría también en su nieto, recibiendo el título de “amigo del emperador” y el cargo de procurador de Judea. Esta biografía se refrendaría también en uno de los evangelios apócrifos, el de Nicodemo, y en un libro muy documentado: “Memorias de Poncio Pilato” del escritor e historiador argentino Basilio Bejarano. ¿Se imaginan que esto se confirmara con nuevos hallazgos arqueológicos e historiográficos y resultara que hablamos de un paisano nuestro?

En el misterio de la Hermandad de Torreblanca aparece, tallado por José Antonio Blanco Ramos en 2005, en actitud dialogante con el Señor en la delantera del paso. En el misterio de la Presentación al Pueblo, de la Hermandad de San Benito aparece, tallado por Castillo Lastrucci en 1928, también en la delantera, en actitud dialogante con el público (el pueblo) presentando al Señor. Por último, en el misterio de la Sentencia, de la Hermandad de la Macarena, y también tallado por Castillo, pero en 1929, aparece cabizbajo, serio y meditabundo en su sillón sentado en la trasera del paso.

Son muchas las historias y leyendas hispalenses en torno a este personaje, querido y requerido por los sevillanos y al que, en el fondo, exculpamos todos de la muerte del Señor. Una de estas historias se refiere al palacio renacentista del primer Marqués de Tarifa, que este decoró al estilo romano y que era el inicio de la Vía Dolorosa del Via Crucis al humilladero de la Cruz del Campo, hecho por el que los sevillanos comenzaron a decirle la “Casa de Pilatos”. Pues hoy día se ha escuchado a algún cochero de los coches de caballos que, al paso por este palacio, comentaba a los turistas: “Le dicen la Casa de Pilatos porque ésta fue la casa que Pilatos se hizo en Sevilla para venir a ver la Semana Santa y quedarse después en la Feria.”

En la Macarena se tiene a Pilatos como el que fue jefe de los armaos, y se le profesa un cariño especial, contando hasta con sus devotos. Tan es así que más de una madrugada se oye decir a alguna mujer del barrio: “¡Pilato, que guapo ere, miarma!”. En otra ocasión un armao, vestido ya para la Estación de Penitencia, tuvo un altercado con un policía local y le dijo: “Lo que usted diga, pero yo no me someto a más autoridad que a la de Roma y a la de Pilatos”.

Pero sin duda en San Benito es toda una institución, hasta el punto que a su paso de misterio, cariñosamente, se le denomina “el pilatos”. Cuentan que una viejecita que oraba ante el Señor de la Presentación todas las tardes, estando el misterio ya en la Iglesia en Cuaresma, se acercó a orar también ante Pilatos. Un hermano que la vió intentó explicar a la mujer el error que estaba cometiendo, respondiéndole esta: “Hijo, ya sé que es Pilatos, pero es que es tan guapo que debe ser hasta bueno”. También hay una historia curiosa en la priostía de la hermandad, pues es tal la expectación, que se sortea todas la Cuaresmas quién es el hermano auxiliar que debe retirar al Pilatos, una vez en la iglesia, la funda que lo cubre todo el año.

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SECUNDARIOS III: “LONGINOS”

longinos rafaesFoto: Rafaes

El Evangelio contiene una mención a un soldado que en los estertores de la vida de Jesús, procedió a hincarle una lanza en el costado. Dicha mención es menos unánime de lo que acostumbra a creerse, pues el único evangelista que la recoge es Juan, el cual nos cuenta: “los judíos, como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado -porque aquel sábado era muy solemne- rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran. Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con él. Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua.

Pues bien, ese soldado que lanceó a Jesús cuando ya exhalaba el espíritu viene a tener nombre en la tradición cristiana, nombre que no es otro que el de Longinos, que al fin y al cabo, no significa otra cosa que “lanza”, lonjé en griego. Esta tradición es tan sólida que hasta es considerado santo por nuestra Iglesia Católica, habiendo leído un servidor que se estaba quedando ciego y al dar la lanzada, una gota del Salvador cayó sobre sus ojos y lo dejó sano al instante; razón por la que abandonó la carrera de soldado y, después de haber sido instruido por los apóstoles, llevó una vida monástica en Cesárea, donde ganó muchas almas para Cristo por medio de palabras y ejemplo.

Longinos, en nuestra Semana Santa, aparece únicamente en el paso de misterio de la Sagrada Lanzada. Muchos han asimilado este centurión al que en los evangelios sinópticos expresa la frase “verdaderamente este hombre era hijo de Dios”, pero basándonos en la sentencia de Pilatos parece ser más lógico que fuera Quinto Cornelio quien la pronunciara, y digo esto porque tradicionalmente se cree que el centurión del misterio de la Hermandad del Cerro del Águila es Longinos y según vemos es más lógico pensar que fuese Quinto Cornelio.

El “Longinos” de la Hermandad de la Sagrada Lanzada aparece a caballo en la delantera del paso y fue tallado en 1999 por Navarro Arteaga. Tras la Semana Santa de 2003 sufre un accidente cuando es bajado del paso, lo que obliga a realizar una profunda restauración por parte de dicho imaginero, saliendo totalmente reformado el Miércoles Santo de 2004.

“Longinos” es el nombre de una marcha de la banda del Sol y también de otra marcha que la antigua banda de la Exaltación tocaba. Y, como curiosidad, recomiendo a los lectores no perderse en internet, de la Semana Santa del pueblo natal de nuestro Cardenal emérito, Medina de Rioseco, el conocido “baile del longinos”, pues “Longinos” es como se denomina popularmente allí al paso de misterio de la Hermandad de la Crucifixión, cuyos costaleros son llamados “longineros”.

“Longinos” también se llama una excepcional y peculiar persona a la que he tenido la suerte de conocer: Longinos Abengózar Muñoz, Don Longinos, como lo llaman Aracena -donde es párroco desde 1984 y donde hace unos meses lo han nombrado hijo adoptivo-, reactivador de la devoción pastoreña en esta localidad, impulsor de la finalización de las obras de la Iglesia de la Asunción de la localidad arundense –comenzadas en el s. XVI-, canónigo en Huelva, hijo predilecto de su pueblo natal -Alcázar de San Juan en Ciudad Real-, excelente sacerdote, certero predicador y humilde siervo de Dios.

SECUNDARIOS II: “MALCO”

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Continuamos con nuestros personajes secundarios en este mes de agosto.

El paso de la “bofetá” es uno de los más característicos de nuestra Semana Santa, pues representa el pasaje bíblico en el que Jesús, después de ser arrestado, comparece ante Anás – suegro del Sumo Sacerdote Caifás- en el momento en que este le pregunta por sus discípulos y su doctrina. El Maestro le responde que no debe preguntarle a Él, si no a los que públicamente le han oído, pues Él nunca se ocultó cuando hablaba. Ante la respuesta uno de los alguaciles le dio una bofetada mientras le decía que cómo se atrevía a responder así al Sumo Sacerdote.

Este alguacil siempre ha sido nombrado en Sevilla como Malco, aunque el que escribe no tiene muy clara esta identificación. De la lectura de los evangelios se desprende que Judas llega al Huerto de los Olivos en compañía de una corte de soldados, alguaciles y siervos de los principales sacerdotes para prender al Señor, el cual pregunta que a quién buscan; uno de ellos le dice que a Jesús Nazareno y es cuando Él afirma: “Yo soy”. Parece que hubo una riña y Pedro desenvainó su espada y le cortó la oreja derecha a uno de los de la guardia. Jesús instó a Pedro a envainar la espada y sanó la oreja del siervo al instante, aunque este hecho de la sanación solo lo cuenta Lucas y solo Juan es el que pone nombre al siervo: Malco. Se explica que estuviera al frente de la guardia ya que Lucas lo identifica como siervo del Sumo Sacerdote.

Tenemos pues que Malco es, claramente, el siervo del Sumo Sacerdote al que le corta la oreja Pedro y Jesús se la sana, pero no lo tenemos identificado con el que posteriormente en el patio de la casa de Anás abofetea al Señor, en ninguno de los cuatro evangelios.

Una vez aclarado esto, aquí en Sevilla Malco es otro de los sayones que con tanto acierto tallara Castillo Lastrucci entre los magníficos misterios que dejó en nuestra ciudad. Este fue uno de los primeros, pues hizo su primera salida en 1923. Malco en Sevilla es el de la “guantá” del paso de la “bofetá”; ese tío “malage” que echa la mano “patrás” “pa” pegarle al Señor todos los Martes Santos.

Por tener, Malco tiene hasta dedicada la letra de una saeta, que dice así:

Cuando le pregunta Anás

a Jesús, que está ataíto,

vas tú y le das la guantá,

sieso, cobarde, maldito,

judío sin caridad.

Incluso hay un refrán sevillano que dice: “Eres más malage que el judío de la bofetá”

Sin duda, en nuestra ciudad, el del paso de la “bofetá” no es el único Malco que hay.

SECUNDARIOS I: “CALAMAR y RAFAÉ”

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Durante este mes de agosto centraré mis entrada de blogs semanales en hablarles, a mi manera, de algunas figuras secundarias de nuestros pasos de misterio.

Si yo les digo el nombre de “Calamar” puede que muchos de ustedes sepan de qué o quién les estoy hablando, pero otros muchos seguro que no.

Si les digo que es de Triana, ya vamos acotando el cerco. Figura secundaria de un misterio, un animal, ya seguro que lo saben, pero por si acaso, para que ya no haya dudas, lleva encima al romano “Rafaé”. ¿Ya lo saben, verdad? Hablamos del caballo que figura en la delantera del paso de misterio de la Hermandad de la Esperanza de Triana, portando en sus lomos al centurión romano que indica el camino e invita a levantarse al Santísimo Cristo de las Tres Caídas.

“Calamar” y “Rafaé” fueron tallados, así como el resto de las figuras secundarias de este misterio, por Antonio Castillo Lastrucci. Esta fue la última figura secundaria en incorporarse al paso en el año 1941, anteriormente lo habían hecho Simón de Cirene en 1939 y en 1940 la mujer con sus dos hijos y el esclavo etíope, que dejaría de procesionar a finales de los 50, siendo la de “el negro” otra historia curiosa que contaremos en una próxima ocasión. La última restauración que se conoce de este centurión y este caballo, en la que se vaciaron y cambió un poco el color del pelaje de este último, fue en el año 1995, de la mano de José Francisco Rodríguez.

Son muchas las leyendas e historias que corren de boca en boca en el seno de la hermandad sobre esta figura secundaria, por ejemplo la del nombre del equino, que se dice que cuando llegó a Triana, todos aquellos que habían hecho donaciones para su adquisición comenzaron a firmar en la peana de la figura, con lo que corría la voz por el barrio de que el caballo tenía más tinta que un calamar, y “Calamar” se le quedó. O aquella otra, vivida en primera persona como testigo por el que os escribe, en la que el año de la peste equina un hermano se presentó en la hermandad con el permiso de la Consejería de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Junta de Andalucía para que el caballo “Calamar”, propiedad de la Hermandad de la Esperanza de Triana, pudiera ser trasladado en la madrugada del Viernes Santo a la Santa Metropolitana y Patriarcal Iglesia Catedral de Sevilla.

El romano “Rafaé” es protagonista de infinidad de cuentos y leyendas que los abuelos transmiten a sus nietos en las visitas cuaresmales a la Capilla de los Marineros, cuando se pueden contemplar los pasos. Aquella de la gallardía de “Rafaé” y su caballo “Calamar” en las heróicas guerras en las que la Roma Imperialista defendía la Bética; o como “Rafaé” se arrepintió, tras la muerte del Señor, de haberle obligado a caminar y levantarse hasta tres veces con el peso de la Cruz; incluso aquella que, según estos abuelos cuentan, en la que “Rafaé” y “Calamar” son los que verdaderamente llevaron al Señor hasta el Calvario, y que por su ensañamiento con el Hijo de Dios fueron castigados a permanecer el resto de los días como figuras de un paso.

Con todo y con eso, “Calamar y Rafaé” componen una de las figuras secundarias de nuestra Semana Santa más populares y nombradas, siendo reconocido el paso del Santísimo Cristo de las Tres Caídas desde cualquier enclave por la presencia de estos personajes en su delantera y por la característica pezuña de “Calamar” sobresaliente del canasto.