CURSO COFRADE

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Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Hasta hace unos años nunca oí a ningún cofrade hablar del “inicio del curso” ni del “fin de curso”, eso eran cosas del colegio y el instituto, es más, la frase “fin de curso” se usaba casi exclusivamente para los viajes que se programaban con esta finalidad al terminar cada ciclo. Ahora todas las cofradías organizan su vida de hermandad en cursos, en lugar de anualidades.

Reflexionando un poco sobre esto llego a una conclusión: es tanta y tan variada la actividad existente en cada hermandad que la mayoría se ven abocadas a buscar un mes de vacaciones -como si no estuviesen regidas por las Normas Diocesanas o las propias reglas, si no que fuesen el Estatuto de los Trabajadores o algún convenio colectivo- para descansar de un frenetismo cofrade durante el resto del año que no hay cuerpo que lo resista.

Y de ahí a otra reflexión: ¿es necesario este agobiante calendario de actividades, conciertos, presentaciones, ágapes, charlas, etc.? ¿Por qué las hermandades han aumentado tantísimo su vida social y tan poco su vida cultual? Todas tienen su cartel, su pregón, su tómbola, su concierto benéfico, su convivencia, actos que hace unos años no existían de manera individual. ¿Cuántos nuevos cultos más allá de los especificados en reglas se han incluido en la vida de las hermandades?

Pensemos un poco en esto, pensemos que quizá nos beneficie más hacer un solo pregón pero que sea el pregón de todos; un solo cartel, pero que contente a todos y menos actos a los que asisten los justos y cada vez menos. Equilibremos calidad y cantidad y saldremos todos beneficiados. Y dejémonos de cursos y vacaciones, la vida de hermandad no para nunca y menos la apertura y el horario de los templos, que vaya penita de agosto.

Me voy a San Andrés, necesito orar un ratito a Santa Marta y besar su santa mano, la mano de la que tuvo la dicha de hospedar en su casa al Señor.

LA PASTORA Y LA VELÁ

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Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Comenzaba la década de los 90 y un grupo de jóvenes emprendió la locura de revitalizar una devoción dormida en Triana. La Divina Pastora de las Almas de la Real Parroquia de Señora Santa Ana llevaba 15 años suspendida como hermandad y estos jóvenes creían que era el momento de reorganizarla.

Se lo propusieron en serio. Eran muchas las ilusiones y las ganas, la fuerza de la juventud y la fe hacia una imagen que, día a día, atraía poderosamente a una juventud trianera que la desconocía en su mayoría; como ha ido atrayendo desde siempre a todo el que se ha acercado con el alma limpia a rezarle, ¡qué guapa es la Pastora de Triana!

Entre las ideas que surgieron para revitalizar la vida de hermandad y la economía de la misma la más descabellada fue la de “montar” una caseta en la Velá de Santa Ana. Descabellada porque eran unos años difíciles para esta fiesta trianera que ha pasado por muchos altibajos y, en esos momentos, se encontraba en límites extremos de alcoholismo, peligrosidad y violencia callejera. Una Velá dominada por la inseguridad, los más mayores lo recordarán. Pues bien, en esos momentos, cuatro locos guiados por la fe hacia la Virgen y con las únicas armas de la arrojada juventud y el cariño a la Divina Pastora, montaron la caseta.

Digo bien cuatro locos, porque uno hacía la mili en Tablada y cuando salía de la guardia, por la mañana temprano, se iba directamente a la caseta a hacer de “guarda” durante todo el día (se pasaba las horas pescando), de la caseta al cuartel y de ahí a la caseta, así una semana. Los otros tres curraban, en labores hoy día llamadas de restauración, tras la barra a las 8 de la tarde y salían a las 9 de la mañana todos los días de la Velá, de ahí al trabajo, y a las 8 de nuevo en la barra. Se vieron peleas diarias, incluso navajazos a las puertas de la caseta, se aguantaba hasta el límite a embriagados personajes, el ambiente no era el más propicio. Por el contrario eran muchos amigos, jóvenes, cofrades –incluso algunos en contra de los consejos paternos y familiares-, los que empezaban a acudir a la Velá a la caseta de la Pastora. Aquellos valientes y arriesgados jóvenes fueron los pioneros de las casetas de hermandad en la Velá, por esto la caseta de la Pastora hoy día es la primera, desde el Altozano, de cuantas casetas de hermandades hay en la calle Betis -no sé si sabían que el orden de las casetas es por antigüedad- y la cuarta en el cómputo total, tras la Peña Bética, PSOE y PP.

Hoy quiero reconocer esta iniciativa de aquellos pastoreños nuevos que, entre muchísimas otras, hicieron que floreciera de nuevo la devoción a la Divina Pastora en el barrio de Triana. Hoy día, desde hace años, la caseta de la Pastora es una de las más concurridas y animadas, gracias a Dios, y la Velá, por suerte, no tiene nada que ver con aquella de principios de los 90.

NO ES ORO TODO LO QUE RELUCE

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Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Siempre he defendido y defenderé que la mayor riqueza de la Semana Santa de Sevilla es su diversidad, la forma de entender las cosas que tiene cada hermandad y la idiosincrasia de cada una, actuando bajo un paraguas global que es la Iglesia y la Religión Cristiana.

Hemos tenido en el pasado mes de junio varias elecciones con dos candidaturas, con campañas electorales al más puro estilo político (en las formas, en el coste económico y en el desgaste personal de los candidatos), revolucionando redes sociales y nóminas de hermanos… y de repente -¡zas!-: en la Hermandad del Cristo de Burgos finaliza el plazo de presentación de candidaturas (el mismo 30 de junio) y no se presenta nadie.

Estas son nuestras hermandades. No es oro todo lo que reluce. No estamos en un momento álgido, no vamos a desbordar nada; tampoco decaemos, tampoco se hunde todo por esto, pero cuidado. Ocurrió hace poco en San Buenaventura, en el Rocío de la Macarena o en otras. En este caso que ahora sucede la junta actual continuará un año más (díganme con qué ganitas, si no hay ganas ni siquiera de reelección) pero ¿qué ocurriría si pasado un año tampoco hubiera candidato? En la Regla 51 de dicha Hermandad del Cristo de Burgos, sobre el Cabildo General Ordinario de Elecciones, se dispone que: “Si cumplidas todas las disposiciones de las Reglas la elección no hubiese sido eficaz, la mesa electoral enviara los resultados al Vicario General, al cual corresponde tomar la decisión que proceda a su juicio para garantizar la continuidad del gobierno de la Hermandad y Cofradía.” (transcripción del art. 50 de las Normas Diocesanas de diciembre de 1997). No se especifica en ningún caso -ni en Reglas, ni en Normas Diocesanas ni en el Código de Derecho Canónico- qué habría que hacer más allá de esperar la decisión del Vicario General de la Archidiócesis, pero entendemos, por algún precedente lejano, que se podría prorrogar el mandato de la junta actual otro año más y, en el último caso que pasados dos años de prórroga no hubiese candidato, podría nombrarse un comisionado o bien, en un extremo, ordenar la suspensión de la hermandad. Esperemos, como ha ocurrido recientemente, que en este año haya hermanos responsables y generosos que sean capaces de formar una candidatura y una futura junta de gobierno.

Más allá de todo esto esta situación me hace reflexionar sobre algo que ya hemos comentado desde esta manigueta en otras ocasiones: la cantidad de cofrades válidos que dan “paso atrás” a la hora de pertenecer a la junta de gobierno de su hermandad. La cantidad de hermandades que están en manos de voluntariosos hermanos que buscan la relevancia personal. La cantidad de hermanos dedicados a la visita semanal a su templo y a sus titulares, a su túnica, y ‘esto’ que lo arregle otro que necesite proyección. La cantidad de valiosos cristianos que nuestras hermandades están perdiendo.

No es alarmante aún, pero debemos estar alerta o podemos perderla. Cada vez gana más enteros el folclore y pierde el culto, gana la fiesta y pierde la hermandad. Cada vez hay más y mejores costaleros, más y mejores músicos, pero a la vez menos oficiales de junta y peor formados.

NÚMEROS y COFRADÍAS

Foto: ABC  image abc

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Han salido los números de la Madrugada 2015en ABC. Nueva vuelta de tuerca. Analicémoslo de nuevo pues.

Ya he manifestado en varias ocasiones que me gustan los números desde siempre y que, en esto de las estaciones de penitencia, de la manera que están planteadas hoy en día, hay que contar y medir mucho, pues bajo mi punto de vista es la única manera de ser justos. Me interesa este tema y leo con especial atención las noticias al respecto, como esta última a la que nos referimos. Como somos tan ilusos que nos engañamos a nosotros mismos, ha tenido que venir papá Consejo a demostrarnos que en cuestión de números los cofrades con responsabilidad, y por ende las hermandades a las que representan, mienten (como sabíamos todos por otra parte) más que hablan. Podríamos contar con los dedos de una mano las hermandades en las que los números oficiales de nazarenos ofrecidos por la diputación mayor de gobierno se asemejan a los conteos. Por este motivo aplaudí, aplaudo y aplaudiré la decisión tomada desde San Gregorio de gastarse el dinero que generan las propias hermandades en demostrarles a las mismas que están engañándose ellas solas. Es así de duro, pero así de cierto. Y me parece bien.

Este nuevo conteo me ha recordado una misiva del Director del Cecop al Consejo, la pasada Cuaresma, en la que le solicitaba que dispusiese las medidas correctoras convenientes ante la diferencia horaria ofrecida por este Consejo y la ofrecida dos días después por la Hermandad de la Macarena con respecto a los horarios de paso del cruce entre las calles San Miguel y Trajano (recordemos que el compromiso de paso de esta hermandad en este punto, en el acuerdo cerrado –a falta de firma- en el Consejo, era a las 4:15 h y el horario que comunicó al Cecop era a las 4:35 h). Manuel Nieto, delegado en ese momento de la Madrugada, manifestó al día siguiente que la hermandad había esgrimido un crecimiento de 300 nazarenos en sus filas con respecto al año anterior. Sinceramente, yo dudé mucho de la exactitud de esta aseveración -y no estoy haciendo la quiniela el lunes, hay multitud de amigos que pueden corroborarlo- y al final los números me han dado la razón: la Hermandad de la Macarena en 2014 pasó por Campana con 2.495 nazarenos y en 2015 con 2468, o sea, 27 nazarenos menos.

De la misma manera el Sr. Nieto establecía en 700 personas más (según los datos que le ofrecían las hermandades) que el año anterior el total de participantes en los cortejos de la Madrugada. Números: 10.718 participantes en los cortejos de 2014 y 10.400 en los de 2015, 318 participantes menos. ¡Vaya estimación!

Ante tamañas diferencias, engañifas y estimaciones entiendo que lo más oportuno en estos momentos sería hacer el conteo anualmente, este no miente, es demostrable y habla con exactitud de la realidad. Viendo las tendencias en los cortejos se podría tomar decisiones bianuales o trianuales en cuanto al reparto de tiempos, estableciendo el tiempo de cada jornada porcentualmente entre las hermandades del día según sus cortejos. Este Consejo ha abierto la veda a las revisiones de tiempos de paso (un derecho adquirido e inamovible hace solo un par de años), aprovechémoslo. De momento puede ser una solución inmediata, amén de cambios de orden y otras cuestiones, a los problemas más urgentes.

Y luego, más allá de esto, tranquilamente, busquemos una solución global, con vistas al futuro y duradera en el tiempo.

ENCARNIZADA CAMPAÑA

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Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

No voy a repetir los hechos, ni mucho menos, de la encarnizada campaña vivida hasta hace un par de días en mi Hermandad de la Esperanza de Triana, todos los cofrades –como diría el pregonero- sevillanos y no sevillanos, han sido testigos de lo ocurrido, pero si me gustaría reflexionar sobre un hecho de la misma que me ha llamado poderosamente la atención.

Por mi colaboración en radio y televisión he tenido la oportunidad de hablar de manera cercana con Francisco y con Alfonso y entiendo perfectamente el desgaste físico y psicológico que sufrían los días previos al cabildo de elecciones. Pero hay algo que me resulta más difícil de entender: qué poderosas razones pueden mover a ningún cofrade para intentar hacer llegar su idea de hermandad y su proyecto de gobierno de la misma a sus hermanos de manera tan agresiva, y tan costosa a la vez (podemos estimar -háganlo si no- en más de 10.000 euros el gasto solo en imprenta y correos entre ambas candidaturas), en lugar de hacerlo de manera más mesurada y tranquila, pues se supone que no te va la vida en ello.

Los más jóvenes, normalmente ajenos en su mayoría a los procesos electorales de nuestras hermandades, se han involucrado con especial ahínco en este recientemente vivido. Lo habrán hecho consciente o inconscientemente, de motu proprio o manejados por otros intereses, cada uno con sus motivos personales y buscando lo mejor para su hermandad, llevados por la amistad y el afecto, esto es indudable, pero en muchos casos con un celo digno de admiración (sobre todo en época final de curso) y con una entrega casi de legionario a favor del candidato elegido como idóneo para gobernar la hermandad durante tres años. Han copado las redes sociales diariamente de comentarios, tuits y retuits, fotos, estados de Facebook, estados compartidos y hasta de opiniones personales rayando el insulto hacia la candidatura contraria o el otro candidato. Incluso, curiosamente, pude leer un estado en el que un joven reclamaba respeto para su candidato a la vez que ponía verde al de enfrente.

Como decía, pongo de manifiesto este hecho y reflexiono sobre ello porque creo que, una vez pasado todo y elegido a nuestro hermano mayor, quizá sea la hora, para todos, pero especialmente para los jóvenes, de analizar si lo hemos hecho bien o mal. Ahora es cuando debemos repasar nuestros estados y nuestros tuits, porque ahora, terminado el “fragor de la batalla”, la perspectiva cambia. ¿Habéis hablado con cofrades de otras hermandades? Que os cuenten cuales han sido sus opiniones durante estos meses sobre nuestra hermandad y lo que ocurría.

Los jóvenes sois el futuro de la hermandad y no tenéis, afortunadamente todavía, vicios adquiridos que los que ya peinamos canas en muchos casos no sabemos evitar. Ahora es el momento de analizarlo todo, de reflexionar, de utilizar el sacramento de la Penitencia que con tanto acierto nuestra Iglesia nos brinda a los pecadores, de aplicar el perdón con nuestros hermanos y, sobre todo, de grabar en nuestra mente todo aquello que no hicimos bien para, dentro de tres años, no repetir lo mismo. Nunca más.