ELECCIONES: ¿OTRA DESMEDIDA?

votacion

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Ya comentamos desde esta manigueta no hace mucho sobre las elecciones en nuestras hermandades, deseando unos procesos electorales modélicos y ejemplares en este año 2015 tremendamente electoral, lo miremos por donde lo miremos. Quitando un par de detalles, a punto de llegar al ecuador del calendario, se ve que hasta ahora los candidatos a junta de gobierno han hecho uso de la educación y el señorío que últimamente se ha echado en falta en bastantes ocasiones, limitándose a exponer sus programas e ideas a los hermanos. Pero ¿de qué manera?

Los tiempos cambian, estamos de acuerdo, pero ¿todo vale? Las hermandades no son partidos políticos (aunque cada vez se asemejan más en el gobierno de las mismas) para tener campañas electorales como las que estamos viendo últimamente en algunas de ellas. Las hermandades no son clubes deportivos, para andar con fichajes y cambios de “entrenadores”. Las hermandades no son peñas, no son clubes sociales, una hermandad no es una ONG, no es una empresa y no es un círculo cultural. Creo que en esto estamos todos de acuerdo, pues bien, cuando llegan unas elecciones, muchas de ellas, parecen todo eso antes que una hermandad.

A mi parecer, en los procesos electorales, como en muchos otros ámbitos, hemos sobrepasado los límites que la mesura y la proporción mandan, ese término medio tan difícil de encontrar hoy día en la mayoría de nuestras hermandades. Quizá –y no es excusa- todo lo que rodea a la Semana Santa se haya desmedido, es cierto, pero esto no es óbice para que los propios cofrades apostemos por reconducirlo y, más al contrario, parece que nos gusta entrar en el juego de la desproporción y la desmedida.

En definitiva el tema electoral es otro ejemplo más de cómo tratamos los mismos cofrades, en estos tiempos que corren, a nuestras propias hermandades centenarias, preocupándonos más de nuestro ego, de nuestra posición social y de nuestro propio beneficio que del prójimo. Afortunadamente en algunas hermandades no es así, aunque sean minoría.

El miedo que a mí me da es que los cofrades que se visten por los pies están dando “paso atrás” y refugiándose en su cirio y en disfrutar las cofradías en la calle, dejando la hermandad a un lado y dando paso libre a la desmedida y a los que vienen a servirse.

EL COMUNICADO

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Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Admitámoslo: están de moda los comunicados en las hermandades y cofradías sevillanas. Esta es la manera más fácil de huir de las preguntas, o sea, digo lo que quiero decir y nadie podrá rebatirlo ni cuestionar sobre ello. Son muchos los medios que existen hoy día entorno a las hermandades, las redes sociales son un caldo de cultivo de noticias (de todo tipo) impresionante, webs especializadas, las propias webs de cada hermandad… Se ha puesto fácil lo del comunicado, la verdad.

El problema de los comunicados es cuando se pretende excusar lo inexcusable. Porque, mire usted, si lo que se pretender hacer al publicarlo es un desmentido, una aclaración, justificar ante la opinión cofrade una decisión determinada o simplemente dar una noticia a mí, la verdad, no me parece mal hacerlo mediante este medio y aprovechar todo lo enumerado en el párrafo anterior para su pronta y eficaz difusión. Ahora bien, si lo que se pretende es justificar malas actitudes o aptitudes, culpar a otros de nuestros errores, echar balones fuera o todo ello a la vez, la verdad, mejor callar. Para colmo si además se intenta hacer todo esto con medias verdades -no contándolo todo si no solo lo que al comunicante interesa-, con palabras altisonantes y rotundas que solo a unos cuantos convencen o repitiendo una y otra vez la misma idea con distintas palabras… apaga y vámonos.

En definitiva creo que esto de los comunicados en las hermandades es un método fácil de autocomplacencia y una manera burda de intentar dar un vuelco a la opinión cofrade cuando es contraria a los intereses de quien lo emite. Las hermandades y la Iglesia (no me cansaré de repetir que es a la que pertenecemos) siempre se han caracterizado por “hacer” más que por “hablar”, por los hechos más que por las palabras. Y, en todo caso, ¿no tienen hoy día los hermanos mayores decenas de entrevistas en todos los medios al año en las que poder defender los intereses de su hermandad y dar explicaciones de lo que crean oportuno?

«Quien de verdad sabe de qué habla, no encuentra razones para levantar la voz». Leonardo da Vinci.

MOLESTANTES

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Quizá desde la manigueta sea el mejor sitio para observar a los cofrades que molestan en una procesión, gloriosa o penitencial. También desde la acera se observa perfectamente a este espécimen, popularmente llamado “cangrejero”, yo lo llamo “molestante”.

Todos alguna vez nos hemos visto en la ‘necesidad’ de atravesar un cortejo procesional, necesidad relativa, pues normalmente los motivos que nos llevan a hacerlo no son tan importantes como para que no puedan esperar unos minutos. Aún así, hay muchos cofrades, algo más respetuosos que el resto, que esperan una insignia o un determinado momento oportuno para hacerlo molestando lo menos posible el discurrir de la procesión. En el caso de las hermandades de Gloria esto ocurre con asiduidad, el público cruza constantemente los cortejos, que suelen ser más relajados, más espaciosos y más cortos. Todo esto puede tener un pase, aunque lo ideal sería, para mi, no molestar nunca a ningún miembro de ningún cortejo procesional, llámese hermano de cera, vara, insignia, acólito, capataz…

Lo que no tiene pase, a mi parecer, son los cofrades “molestantes” que se instalan en las proximidades de los ciriales durante largos espacios de tiempo y caminan con el cortejo, bien de frente a la imagen, bien charlando de espaldas a la misma. Y tan tranquilos, oiga. Normalmente la postura adoptada es un antebrazo encima de la barriga y el codo contrario apoyado en éste con la mano en la barbilla, mirando hacia todos lados, menos a la imagen, a ver quién los está observando o a quién pueden saludar. Mire usted, a mi eso me parece fatal, una falta de respeto total hacia los integrantes del cortejo, una molestia constante a los acólitos, un no dejar trabajar al capataz fuera de lugar y un no saber estar vergonzante.

Hace pocos días me acercaba a ver una procesión de Gloria y observaba, tranquilamente desde la acera caminando a la altura del paso sin que nadie me molestase para verlo perfectamente, cómo eran más de 30 los cofrades “molestantes” que a codazos y empujones reían y charlaban, de espaldas a la imagen, andando entre los ciriales y capataces, sin oficio ni beneficio. Ante esto me preguntaba y me pregunto: ¿quién enseñó a amar a las cofradías a estas personas? ¿tiene lógica alguna ‘ver’ una procesión de esta manera?

Nadie está en posesión de la verdad, mire usted, pero a mi me enseñaron a ver las cofradías desde la acera y sin molestar a los que procesionan. Ya si acaso otro día hablaremos de los “chillantes”.

Primeras damas

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Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Siempre alabo y alabaré a cada cofrade que tiene la valentía de presentarse ante sus hermanos como oficial de junta en su hermandad, más aún si es como hermano mayor. Otra cuestión es la valía de cada uno para ello, pero solo el hecho de estar dispuesto a quitarle horas a tu familia y a tu tiempo de ocio ya merece todo mi respeto y mi consideración.

El papel de la mujer está cambiando, indudablemente, en nuestras hermandades, pero todavía la mayoría de ellas son “consortes” y sufridoras del cargo del marido, si encima le toca ser “primera dama” (como se autodenomina más de una esposa de hermano mayor en tono coloquial) pues puede ser que acabe hasta el moño de hermandad, de hermandades, de cofradías, de niños, de casa y del propio marido-hermano mayor.

Creo que no se sabe valorar lo suficiente el papel que para las hermandades desarrollan las “primeras damas”, muchas de ellas incluso no cofrades o poco amantes del mundo de las cofradías sevillanas. La agenda de un hermano mayor como representante de su hermandad, por muy pequeña que esta sea, hoy día, es algo exagerado y sobredimensionado en todos los aspectos; muchas de las veces ocupada por actos sociales y no religiosos incluso, otras muchas con compromisos “ineludibles” -pues hay quien se molesta si no es el hermano mayor quien acude a tal función o a cual acto-, cada hermandad se afana en programar una agenda apretadísima de numerosos actos y cultos, pues eso se considera “vida de hermandad”, ¡qué les cuento! ¿Y quien sufre verdaderamente todo esto? Pues la esposa -e hijos- del hermano mayor de turno -en “situación familiar regular”-.

Quiero desde esta manigueta encumbrar a toda esposa de hermano mayor, pasados, actuales y futuros. Quiero pedir un aplauso fuerte para las “primeras damas”, pues son los verdaderos cimientos del cargo de mayor responsabilidad de la hermandad; las verdaderas “consiliarias”, primeras, segundas y terceras, en noches de insomnio; las auténticas veladoras de secretos; las únicas testigos de las lágrimas de un hermano mayor; las que debieran recibir cenas honoríficas, cuadros de agradecimiento y palabras de cariño. Quiero pedir que siempre que se le dé un homenaje a un hermano mayor saliente se tenga en cuenta a su mujer en él.

Y también quiero pedir otra cosa: cuando dejemos de exigirnos los cofrades entre nosotros mismos y no nos molestemos por las ausencias de otros hermanos mayores u oficiales de junta en nuestros actos, solidarizándonos con la vida familiar de cada uno, empezarán a cambiar nuestras hermandades y seremos mucho mejores, más solidarios y menos ombliguistas. Quizá también haya más cofrades dispuestos a formar parte de las juntas de gobierno.

Hay un matrimonio, él hermano mayor, al cual esto que escribo hoy les sonará bastante. Termino con palabras de ella: “¡Que a mí no me gusta la Semana Santa, que yo estoy aguantando esto porque el que me gusta de verdad es mi marido, y él es feliz con la labor que está haciendo!”