Olvidemos lo banal.

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Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades. Y las cosas que pasan por San Gregorio, tan cerca de nuestra Semana Santa, no me están gustando.

Yo os propongo, mejor, que olvidemos por una semana las medidas físicas, los minutos, los metros, que dejemos eso a los diputados mayores, que llega su hora, y que nosotros, los cofrades de a pie, nos dediquemos a las medidas del corazón: a verla por donde me gusta, a llegar a tiempo a aquella revirá que no me pierdo nunca, a disfrutar de cómo están vestidas las Esperanzas…

Yo os propongo, mejor, que olvidemos a los hermanos mayores, a su protagonismo, a su política, y que nos dediquemos a la política del amor, a nuestros hermanos: a disfrutar del reencuentro con aquel compañero de tramo que solo veo de año en año, a compartir trabajadera y sudor con los que quiero, a ver esa entrada tardía que todos los años veo junto a los mismos amigos…

Yo os propongo, mejor, que olvidemos los libros, revistas, propaganda y merchandising cofrade, su tiempo ya ha pasado, y que nos dediquemos al programa, a disfrutar con nuestros hijos, padres, amigos de planear la jornada, a meter los pies en agua al llegar a casa, a la conversación de las sillas con los vecinos de siempre…

Yo os propongo, mejor, que nos dediquemos a disfrutar de nuestra peculiar manera de conmemorar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo y que olvidemos lo banal. Disfruta, vive tu hermandad, haz tu estación de penitencia de manera sincera, acude a los cultos que prescribe nuestra Iglesia, tolera, enseña, reza, aprende, sonríe, ama…

Amigos, ahora sí, esto ya está aquí. Disfrutémoslo.

Consolación: Madre.

A continuación reproduzco el artículo que he escrito para el Anuario 2014 de la Hermandad de la Sed: “HERMANOS”.


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CONSOLACIÓN: MADRE.

Con amor maternal cuida de los hermanos de su Hijo que todavía peregrinan y se debaten entre peligros y angustias hasta que sean llevados a la patria feliz” (LG 62).

Así se define a María, como Madre de todos los cristianos, en la Constitución dogmática sobre la Iglesia del Concilio Vaticano II “Lumen Gentium”, y de esta realidad podemos deducir que se desprenden muchas de las advocaciones por las que conocemos a María como Madre, por ejemplo las de Auxiliadora o Consolación. Vemos por tanto que es Madre de todos nosotros, los hermanos de su Hijo, Madre de su Parroquia, Madre de sus vecinos y Madre de Sevilla.

La Virgen de Consolación, desde que llegó –en unos meses hará cuarenta y cinco años- ha sido y es la Madre que “todas las generaciones llamaran bienaventurada” (Lc 1, 48), ha sido y es la Madre de ojos azules que tanta falta hacía, ha sido y es la Madre del Cristo de la Sed y, por supuesto, la Madre del barrio de Nervión, al menos así la intuímos los que no somos parroquianos de la Concepción y, por lo que conozco, así la ven sus vecinos.

La Virgen de Consolación es la Madre del niño que, cuando va todos los días al colegio y pasa por la Parroquia, se acuerda de ella y de su Hermandad unos segundos imaginando a su Madre en el Altar o en su trono de Reina el Miércoles Santo. Es la Madre del anciano que, sin obligaciones, espera la apertura de la Parroquia diariamente para echar con Ella ese ratito a solas sin interrupciones, sin molestias y abstraído del bullicio que a solo unos metros tiene lugar.

La Virgen de Consolación es la Madre del trabajador que la tiene siempre presente en su tienda, oficina o taller mediante aquella foto que enmarcó porque la vio más bonita que nunca. También del que en sus quehaceres diarios siempre encuentra un hueco para un Ave María en una entrada y salida rápida por la puerta de la Avenida de la Cruz del Campo.

La Virgen de Consolación es la Madre del ama de casa que de camino al mercado soltó unas lágrimas ante Ella suplicándole una mejoría en la situación laboral de sus hijos, es la Madre de la madre que fue a verla para que su niño superase con éxito esa entrevista de trabajo, la Madre de la madre que no puede reprimir un “¡ay, Madre mía!” cuando, mirándole a los ojos, da gracias por tanto como obtuvo de Ella.

La Virgen de Consolación es la Madre de cada nazareno que, revestido con su túnica, revestido de Sevilla, la acompaña cada Miércoles Santo cuando perfuma de cariño cada uno de los rincones de nuestra ciudad en una única y excepcional Estación de Penitencia. También de cada costalero, de cada acólito, de cada hermano.

Pero, sobre todo, la Virgen de Consolación, por designio divino, porque es la Madre de Cristo y porque así lo quisieron sus hijos, es la Madre de la Iglesia.

¡Gloria a la Virgen de Consolación, Madre de la Iglesia y Madre nuestra!

MESURA, PROPORCIÓN y MEDIDA.

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Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Hablaba el otro día con un hermano mayor de los excesos en nuestra Semana Santa y en todo lo concerniente a las cofradías en general, hasta el extremo de apellidar “cofrade” a una demostración de zumba o a un desfile de moda. Esta es la realidad, estemos de acuerdo o no con ella. Hay quien piensa que el exceso es el principio del fin, o quien cree que de las cosas de Dios cuanto más mejor; los habrá fatigas y mijitas, como en todo; los que acusan a las hermandades de “procesionitis” y los que no saben vivir ni un sábado del año sin ver un paso, aunque sea un paso a nivel; pero todos coinciden en que nos estamos excediendo en todos los aspectos. Incluso las hermandades de Gloria y las Sacramentales se quejan de la invasión penitencial de actos y cultos extraordinarios en sus tradicionales épocas del año, fechas señaladas y cultos de regla.

Supongo que ustedes estarán de acuerdo en esto, si no díganme: ¿está siendo estresante su Cuaresma? Supongo, que al igual que la mayoría de los cofrades, tendrán los típicos cultos y actos a los que nunca renuncian, por tradición, por obligación de reglas o por gustos personales, pero ¿cuántos hay además que cada Cuaresma se incorporan al calendario acostumbrado? Hablo de cultos: ¿cuántos Via Crucis externos hay? ¿cuántos había hace 20 años? Hablo de actos: ¿cuántos pregones-exaltaciones-meditaciones hay? ¿cuántos conciertos? ¿se estrena aún alguna marcha en Semana Santa o ya todas en Cuaresma?

Nos estamos excediendo en todo y los excesos nunca son buenos. Nos empeñamos en que la Semana Santa dure todo el año, en celebrar efemérides que no merecen ser celebradas, en presentar lo impresentable o en anunciar lo que no es noticia. Las juntas de gobierno están imbuídas en hacer de todo, en estar en todos sitios, en hacer más que la otra, en programar miles de actos, cultos, charlas… prima la cantidad.

Este mismo hermano mayor, siguiendo la conversación, resumía: ¨como decían los clásicos: mesura, proporción y medida.” No puedo estar más de acuerdo con él, desde todos los estamentos que formamos parte de nuestra Semana Santa deberíamos promoverlo, solo así podremos reconducir esta “vorágine cofrade” que no sabemos bien dónde nos va a llevar, pero, seguramente, a nada bueno.

Como decían los clásicos: mesura proporción y medida.

La Santa en Triana

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Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

No hay vacío en San Andrés. A pesar de que la Santa estará ausente unas semanas, a pesar de que no encontraremos su belleza arrebatadora justo frente a nosotros al entrar en la Capilla, no hay vacío, pues la Hermandad, que suele hacer tan bien las cosas, ha dispuesto que la serenidad armoniosa de la Virgen de las Penas ataviada de hebrea presida durante estos días el altar que normalmente ocupa Santa Marta.

Pero sí hay vacío en los corazones de los hermanos y en los numerosísimos devotos de la Santa. Llegar los martes a la Parroquia y no verla es demasiada condena. Sabemos que serán pocos días desde que se decidiera en Cabildo General esta intervención menor. Sabemos que está en el mejor de los hospitales, en la casa de Pureza de Pedro Manzano, en manos del mejor de los conservadores y restauradores. Sabemos que es necesario. Sabemos de la diligencia que la Hermandad tiene y ha tenido siempre en cuanto a la preservación y conservación de su patrimonio se refiere. Sabemos esperar… pero cuando la Santa de Betania ha conquistado tu corazón ya no podrás pasar sin ella ni unos días.

¡Qué dura se está haciendo esta media Cuaresma sin tenerte en casa! “Que no se borre la huella devocional”, dijeron sus hermanos al referirse a las muestras de cariño que la Santa tiene en su pie y que son el fiel reflejo de unas caricias y unos besos que llegan al alma. “Será poca cosa”, comentaban por Daoiz. Pero ninguno podía imaginar de qué manera se iba a notar su falta.

No hay vacío en San Andrés, pero la echamos de menos. Aunque, sinceramente, somos muchos los hermanos y devotos que vivimos a esta orilla del río y en verdad estamos encantados de saber que tenemos a Santa Marta a nuestro lado, como decía un hermano de responsabilidad en la Hermandad: “algunos tenemos la suerte de tenerla de vecina durante unos días, pasaremos a visitarla y le diremos que, aunque este es un buen barrio para vivir, no tarde en volver a casa”.

No hay vacío en San Andrés, pero sí en nuestros corazones, Santa Marta. Te esperamos pronto en casa.

CULTOS Y FOTOS

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Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

A tenor de la petición del Obispo Auxiliar en el Via Crucis de las Cofradías (que se olviden los móviles delante de los pasos y que se aproveche para rezar y santiguarse) y otros cultos vividos en estos primeros días de Cuaresma me asaltan algunas dudas y se me ocurren algunas reflexiones al respecto.

Estando de acuerdo, como no puede ser de otra manera, con D. Santiago, tampoco me parece mal que, en un momento dado, se haga una foto como recuerdo o como medio de hacer llegar un instante de dicho culto por WhatsApp a quien no puede estar presente. También hay muchos cofrades en la distancia que por Twitter están al tanto de los cultos de nuestras hermandades gracias a estas fotos que se toman con los smartphones. Pero debería quedarse en eso, una foto, captar un instante sin molestar. ¿Qué pasa hoy día?, que si no proclamamos a los cuatro vientos que hemos estado allí es como si no hubiésemos estado, si no pones en tu Facebook alguna foto nadie sabrá que estuviste en el besamano, triduo, rezo, procesión, traslado o via crucis.

No sé yo si WhatsApp, Twitter, smartphone o Facebook son palabras muy acordes con el culto, la verdad. El culto, el rezo a nuestras imágenes pienso que es algo más íntimo, más interior y más personal que el hecho de obtener una determinada foto y publicarla, por eso estoy de acuerdo con D. Santiago.

Pero aparte de los móviles también están las cámaras, no es lo mismo un móvil que una cámara, ya sea de fotografía o de video -que hoy es casi lo mismo-, y dentro de estas están los profesionales y los que no lo son. A cualquiera de los fotógrafos y/o cámaras de las webs de referencia cofrade de Sevilla o de las distintas cadenas de televisión local casi nunca los verá usted estorbando, en un lugar no indicado, haciendo fotografías fuera del horario permitido, grabando sin permiso, con focos o flashes en cultos íntimos o recogidos… ¿pero cuántos hay que sí hacen este tipo de fotografías o grabaciones? ¿Cuántos se ven con la libertad de grabarlo todo o fotografiarlo todo?

El fin principal de nuestras hermandades es, por encima de todo, el culto, nunca se nos olvide; pero el fin principal del culto es dar Gloria a Dios por medio de Jesucristo y de su Madre, es buscar el sustento de nuestra fe, es vivir, mostrar y compartir esa fe de manera pública y notoria, tampoco se nos olvide; nunca el fin principal del culto puede ser tomar una imagen, que no sea en nuestra retina, ni molestar a los que, verdaderamente, quieren vivirlo como tal.

Hablando de fotos, ya hablaremos después de la Semana Santa del “palo selfie”.

LA PRINCESA Y SU REINA

Adjunto en esta entrada el artículo que he escrito en el boletín de Cuaresma de la Hermandad de la Amargura de Constantina como “in memoriam” a Robledo Grado. Con todo el cariño que mi corazón ha sabido poner, que es el que le tengo a esta familia.

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LA PRINCESA Y SU REINA

Hace muchos años que en un reino de la sierra sevillana corrió la noticia: una nueva Reina llegaría al lugar para quedarse para siempre.

Muchos fueron los habitantes del lugar que mostraron su alegría y su regocijo, pero especialmente una de las princesas que formarían parte de la corte de la nueva Reina, pues le comunicaron que, hasta el día de su presentación a todo el pueblo y toma de posesión del palacio, ésta se alojaría en su casa sin ser vista por los demás.

La princesa había quedado huérfana de padre muy joven, por lo que se quedó a cargo de su madre y sus hermanos desde entonces. Su padre siempre tuvo su casa dispuesta para las cosas del reino y así siguió sucediendo desde su marcha. Allí se guardaban las mejores joyas de los reyes del lugar, sus ropajes y enseres, sus pertenencias más sagradas. Ahora todo iba a ser distinto, pues la propia Reina sería la alojada en su hogar. Todo fue preparado con la más delicada atención y con el mayor esmero para Ella. Más afán puso la princesa aún al saber que ella misma pasaría a formar parte de la corte de sirvientas más directas de la Reina: sus camareras. ¡Qué ilusión más grande! De ahora en adelante cuidaría directamente de los ropajes de la Reina, plancharía sus prendas más íntimas, guardaría con esmero sus encajes, mantos, bordados y armiños, limpiaría sus coronas…

La Reina tomó posesión tras seis preciosos y felices meses en casa de la princesa. El reino serrano, desde entonces, solo tuvo loas y alabanzas para su nueva protectora. La princesa, que era una de sus mejores sirvientas, compaginaba sus quehaceres como camarera de la Reina con el cuidado de su familia y de su hogar. Nunca abandonaba sus obligaciones, en casa y en palacio, todos los días de su vida los dedicaba a la felicidad de su Reina y de sus seres más queridos, entregaba cada minuto de su tiempo al bienestar de sus semejantes y a la mayor gloria de su Reina entre su grey.

Pasaron los años y los años y así transcurrían los días y los días en la vida de la princesa, hasta que enfermó sin nadie esperarlo. Cuentan que durante su enfermedad, aunque físicamente no volvió a ser lo que era, nunca perdió su humor, su bondad, sus ganas de agradar y su generosidad para con sus semejantes. Cuentan que durante su enfermedad, como no podía acudir a palacio a estar con su Reina, diariamente se acordaba de Ella. Cuentan que la Reina ni un día dejó de preguntar por su princesa y camarera.

Un día, también inesperado y desde entonces triste, la princesa Robledo, de la estirpe de los Grado del reino de Constantina, murió, y la Reina Amargura dijo a sus otras camareras: “Preparad mis mejores galas y mi mejor corona, la recibiré en la Casa del Padre vestida de blanco”.