LA TERTULIA de EL PROGRAMA de Ondaluz – 23 de febrero de 2015

Pinchando en la imagen o en el texto accederás al video de la TERTULIA de EL PROGRAMA del pasado martes 23 de febrero. En él comentamos los aspectos y opinamos sobre el Via Crucis de las Cofradías se Sevilla y también sobre el exceso de actos cofrades de Cuaresma.

IMG_5770

LA TERTULIA de EL PROGRAMA de ONDALUZ – 23 de febrero

EL VIA CRUCIS

viacrucis2015

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Al igual que en entradas pasadas hablábamos de la fugacidad del cartel, de su formato discutible o de si había llegado la hora de cambiar esquemas, hoy debemos hablar del Via Crucis de las Cofradías como uno de los actos cuaresmales de referencia y que reúne a un mayor número de cofrades en torno a una imagen.

El rezo del Via Crucis del primer lunes de Cuaresma y el traslado de la imagen elegida a la S.M.P.I. Catedral de Sevilla es el culto que aglutina a todas las hermandades de Sevilla. Las que no participan llevando las andas en los traslados lo hacen con su Cruz de Guía en el templo mayor, otras colaborando con la hermandad que organiza el culto en préstamos de enseres o aportación de experiencias, a otras las implica la propia hermandad dándole protagonismo en ciertos aspectos del culto y, también, las hay que, por pertenencia a la misma feligresía, día de salida o advocación, se motivan de manera ejemplar para apoyar y ayudar a la hermandad organizadora. De una manera u otra, el Via Crucis es un éxito año tras año, para mí, porque todos los cofrades se sienten partícipes de distinta forma. De la misma manera, la cercanía de la imagen al pueblo, al ir en andas, hace que descubramos imágenes por las calles de Sevilla únicas e irrepetibles.

Estas calles por las que pasa el cortejo están abarrotadas año tras año y, lo más importante, las naves de la S.M.P.I. Catedral también se están viendo más repletas en cada ocasión. Me parece acertadísima la decisión del Consejo de acortar un poco la oración de cada estación para evitar el tedio en el culto, el tiempo de estancia en el templo e intentar con ello la mayor participación de los cofrades.

Con respecto al de este año, felicitar a la Hermandad de la Cena, tan peculiar y única en sus formas, que (excepto la demora en la vuelta) ha organizado unos traslados ejemplares. Felicitar a los numerosos amigos que ahí tengo y que han vivido un día inolvidable junto al Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia.

Por último, ojo a la petición del Obispo Auxiliar en el Via Crucis: que se olviden los móviles delante de los pasos y que se aproveche para rezar y santiguarse. Hablaremos de esto después de la Semana Santa, seguro.

¿Qué es la Cuaresma?

Esta semana, desde la manigueta, he leído este enriquecedor artículo del Padre Antonio Rivero, L.C. y me atrevo a sugerirlo a quien pueda interesar.

Profundicemos un poco en el verdadero sentido de este maravilloso tiempo litúrgico, muy especial también hace años para los que nos sentimos cofrades y, en mi opinión, devaluado hoy día por el exceso de vísperas.

Espero que os guste.

cuaresma mio

“¿Qué es la Cuaresma?

La Cuaresma ha sido, es y será un tiempo favorable para convertirnos y volver a Dios Padre lleno de misericordia.  

 El tiempo de la Cuaresma rememora los cuarenta años que el pueblo de Israel pasó en el desierto mientras se encaminaba hacia la tierra prometida, con todo lo que implicó de fatiga, lucha, hambre, sed y cansancio…pero al fin el pueblo elegido gozó de esa tierra maravillosa, que destilaba miel y frutos suculentos (Éxodo 16 y siguientes).


También para nosotros, como fue para los israelitas aquella travesía por el desierto, la Cuaresma es el tiempo fuerte del año que nos prepara para la Pascua o Domingo de Resurrección del Señor, cima del año litúrgico, donde celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado, la muerte y el mal, y por lo mismo, la Pascua es la fiesta de alegría porque Dios nos hizo pasar de las tinieblas a la luz, del ayuno a la comida, de la tristeza al gozo profundo, de la muerte a la vida.


La Cuaresma ha sido, es y será un tiempo favorable para convertirnos y volver a Dios Padre lleno de misericordia, si es que nos hubiéramos alejado de Él, como aquel hijo pródigo (Lucas 15, 11-32) que se fue de la casa del padre y le ofendió con una vida indigna y desenfrenada. Esta conversión se logra mediante una buena confesión de nuestros pecados. Dios siempre tiene las puertas de casa abiertas de par en par, y su corazón se le rompe en pedazos mientras no comparta con nosotros su amor hecho perdón generoso. ¡Ojalá fueran muchos los pecadores que valientemente volvieran a Dios en esta Cuaresma para que una vez más experimentaran el calor y el cariño de su Padre Dios!


Si tenemos la gracia de seguir felices en la casa paterna como hijos y amigos de Dios, la Cuaresma será entonces un tiempo apropiado para purificarnos de nuestras faltas y pecados pasados y presentes que han herido el amor de ese Dios Padre; esta purificación la lograremos mediante unas prácticas recomendadas por nuestra madre Iglesia; así llegaremos preparados y limpios interiormente para vivir espiritualmente la Semana Santa, con todo la profundidad, veneración y respeto que merece. Estas prácticas son el ayuno, la oración y la limosna.


Ayuno no sólo de comida y bebida, que también será agradable a Dios, pues nos servirá para templar nuestro cuerpo, a veces tan caprichoso y tan regalado, y hacerlo fuerte y pueda así acompañar al alma en la lucha contra los enemigos de siempre: el mundo, el demonio y nuestras propias pasiones desordenadas. Ayuno y abstinencia, sobre todo, de nuestros egoísmos, vanidades, orgullos, odios, perezas, murmuraciones, deseos malos, venganzas, impurezas, iras, envidias, rencores, injusticias, insensibilidad ante las miserias del prójimo. Ayuno y abstinencia, incluso, de cosas buenas y legítimas para reparar nuestros pecados y ofrecerle a Dios un pequeño sacrificio y un acto de amor; por ejemplo, ayuno de televisión, de diversiones, de cine, de bailes durante este tiempo de cuaresma. Ayuno y abstinencia, también, de muchos medios de consumo, de estímulos, de satisfacción de los sentidos; ayuno aquí significará renunciar a todo lo que alimenta nuestra tendencia a la curiosidad, a la sensualidad, a la disipación de los sentidos, a la superficialidad de vida. Este tipo de ayuno es más meritorio a los ojos de Dios y nos requerirá mucho más esfuerzo, más dominio de nosotros mismos, más amor y voluntad de nuestra parte.


Limosna, dijimos. No sólo la limosna material, pecuniaria: unas cuantas monedas que damos a un pobre mendigo en la esquina. La limosna tiene que ir más allá: prestar ayuda a quien necesita, enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que nos lo pide, compartir alegrías, repartir sonrisa, ofrecer nuestro perdón a quien nos ha ofendido. La limosna es esa disponibilidad a compartir todo, la prontitud a darse a sí mismos. Significa la actitud de apertura y la caridad hacia el otro. Recordemos aquí a san Pablo: “Si repartiese toda mi hacienda…no teniendo caridad, nada me aprovecha” (1 Corintios 13, 3). También San Agustín es muy elocuente cuando escribe: “Si extiendes la mano para dar, pero no tienes misericordia en el corazón, no has hecho nada; en cambio, si tienes misericordia en el corazón, aún cuando no tuvieses nada que dar con tu mano, Dios acepta tu limosna”.

 

Y, finalmente, oración. Si la limosna era apertura al otro, la oración es apertura a Dios. Sin oración, tanto el ayuno como la limosna no se sostendrían; caerían por su propio peso. En la oración, Dios va cambiando nuestro corazón, lo hace más limpio, más comprensivo, más generoso…en una palabra, va transformando nuestras actitudes negativas y creando en nosotros un corazón nuevo y lleno de caridad. La oración es generadora de amor. La oración me induce a conversión interior. La oración es vigorosa promotora de la acción, es decir, me lleva a hacer obras buenas por Dios y por el prójimo. En la oración recobramos la fuerza para salir victoriosos de las asechanzas y tentaciones del mundo y del demonio. Cuaresma, pues, tiempo fuerte de oración.


Miremos mucho a Cristo en esta Cuaresma. Antes de comenzar su misión salvadora se retira al desierto cuarenta días y cuarenta noches. Allí vivió su propia Cuaresma, orando a su Padre, ayunando…y después, salió por nuestro mundo repartiendo su amor, su compasión, su ternura, su perdón. Que Su ejemplo nos estimule y nos lleve a imitarle en esta cuaresma. Consigna: oración, ayuno y limosna.”

Para vivir plenamente mi fe.

SANTA MARTA FEBRERO 2015.indd

A continuación incluyo en esta entrada el artículo que he escrito para el boletín cuaresmal de mi Hermandad de Santa Marta, en la sección denominada “De los hermanos”. Los hermanos cuentan distintas vivencias en el seno de la hermandad a lo largo de su pertenencia a ella.


Para vivir plenamente mi fe.

La profunda atracción que el Santísimo Cristo de la Caridad había suscitado en nosotros desde siempre hizo que, con veintipocos años, mi íntimo amigo y yo decidiéramos hacernos hermanos de Santa Marta. Así comenzó una relación hermano-hermandad que me ha llevado media vida y que ha ido emparejada a una historia de crecimiento en lo espiritual y en lo personal que aún hoy día perdura y que mi intención es que lo haga hasta que el final inevitable me lleve a la presencia del Señor.

Ya en mi primera Estación de Penitencia sentí que había encontrado lo que desde hacía tiempo andaba buscando, ese verdadero momento de reflexión interior unido a un esfuerzo físico penitencial y ese “aislarse” del mundo, bajo el antifaz, en silencio, siendo capaz de orar, como si me hallase solo en un templo, pero rodeado del mayor bullicio que imaginarse pueda. Nunca he faltado cada Lunes Santo desde entonces, lo necesito. Sin embargo, a pesar de ello, en los primeros años de pertenencia a la hermandad fui un hermano “capirotero”, mi implicación se limitaba a pagar la cuota y revestir la túnica cada Lunes Santo.

Ni que decir tiene que lo que en principio era atracción como cristiano fue tornando en verdadera devoción y que la belleza arrebatadora de Santa Marta y la serenidad armoniosa de la Virgen de las Penas fueron conquistando -sin prisa pero sin pausa- mi corazón hasta hacerlo suyo. Y así, sin prisa pero sin pausa, fui dándome cuenta que no solo la Estación de Penitencia era lo que andaba buscando como medio de llegar al Señor, como cofrade, como católico, si no que la hermandad me ofrecía todo aquello que necesitaba para vivir plenamente y diariamente mi fe. Empecé a participar, en San Martín, de los cultos semanales de los martes, sin vergüenzas, superando ese primer impulso que te hace dudar (“que pinto yo allí si no conozco a nadie”) y a raíz de ahí el Espíritu Santo fue poniendo en mi camino puentes de oro en forma de situaciones, hechos puntuales, amigos, conocidos y hermanos que han hecho que hoy día, otros veintipocos años después de llegar a ella, viva plenamente mi Hermandad y mi fe al lado de mis titulares y de mis hermanos.

Hacerme eco aquí y ahora de todas estas circunstancias, incluso de alguna de ellas, sería demasiado extenso. Todos tenemos experiencias, vivencias e historias personales que, compartidas, nos ayudan a ser mejores. Al participar de la vida de la hermandad se adquieren unos lazos fraternos que hacen que, además de la devoción personal a los titulares, la hermandad tenga “caras”, la Hermandad sea Iglesia, seamos personas, hermanos, unidos por unas vivencias y una fe compartida, más fuerte, más auténtica.

Sirva esta oportunidad que se me brinda de dirigirme a vosotros, mis hermanos, de acicate para todos aquellos que necesitamos y no encontramos los medios para vivir nuestra fe como nos gustaría y de ánimo e incentivo para que, sin vergüenzas, nos acerquemos a los cultos, los retiros, las charlas formativas, conferencias y actos que nuestra Hermandad de Santa Marta nos ofrece, que son muchos cada curso.

La fugacidad del Cartel.

cartel

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Aún recuerdo cuando era más joven, quizá 25 o 30 años atrás, y estaba deseando de ver el cartel anunciador de la Semana Santa de Sevilla para comprarlo. Aún los guardo enrollados con esmero en tubos de cartón “por si algún día monto un bar cofrade” (estoy seguro que todos hemos pensado eso alguna vez).

Hoy día, indudablemente, la vida ha cambiado y la inmediatez de la tecnología ha supuesto una evolución, bajo mi punto de vista negativa, en cuanto al cartel de la Semana Santa se refiere. Nadie duda que es uno de los ritos y de los hitos importantes de nuestra Semana Mayor cada año, y así debe seguir siendo, pero ya creo que habría que darle una vuelta de tuerca, pues ha perdido todo el protagonismo que se supone que debería tener. Más allá del día de la designación del cartelista y de la presentación del cartel no es tenido en cuenta. Ya ni en los foros se opina sobre los gustos de cada uno ante el impacto de la visualización por primera vez del mismo o de la contemplación sosegada de la pintura.

El Consejo se esfuerza en elegir artistas de talla y valía reconocida, en contra del descubrimiento de nuevos valores como hacía años atrás, y, sinceramente, no sabría decir en qué momento le ha ido mejor. Estos artistas han optado últimamente por plasmar una composición recargada de ideas y simbolismos que, por más que se esfuercen en explicar el día de la presentación, la mayoría coincidimos en que primero pintaron y luego buscaron cómo explicarlo. Lo que sí es verdad es que, por más carteles que vienen, nos seguimos quedando con el ojo de la Macarena de Maireles.

Al final lo que está pasando es que hace ya cuatro días que se presentó el cartel y ya nadie se acuerda de él y nadie se acordará más. El cartel es un momento fugaz de protagonismo máximo el sábado de su presentación, cuando todos se esfuerzan por ser el primero en sacarlo en Twitter, y sanseacabó. No se ve por tiendas y comercios, por la provincia, en las portadas de los programas de mano, en los quioscos a la venta, no se ve.

Por mi parte sigo añorando los tiempos en los que el cartel era una foto.

A vueltas con la “Madrugá” (II)

campana

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Al final le tendremos que dar la razón a los que, ajenos a las cofradías, piensan que qué hacemos discutiendo por unos minutos de lucimiento, como terminaba escribiendo la semana pasada. Vaya cariz que han tomado las cosas en la madrugada del Viernes Santo.

Todos conocemos los antecedentes: tras meses y meses de reuniones de hermanos mayores y diputados mayores de gobierno, juntos y separados, con delegado y sin él, se llega a un preacuerdo que consiste en tres años de probaturas con cambios de recorrido y de 50 minutos de aumento de la jornada -20 por delante y 30 por detrás- en el que, menos el Calvario, todas tienen más tiempo de paso. Este preacuerdo tiene que ser ratificado por las 6 juntas de gobierno y la única que no lo hace es la de la Hermandad de Los Gitanos. Esto supone que a cincuenta y tantos días de la Semana Santa no hay cambios en la jornada y esto ha llevado a la dimisión del delegado de día.

No me cansaré de repetir que hay que buscar soluciones globales, no parches; aunque se agradece la voluntad de cambiar algo de este Consejo, poniendo encima de la mesa el “conteo” y haciendo trabajar a los delegados más allá de asistir a las funciones y convivencias; pero claro, no contaban con lo que yo llamaba la semana pasada el “yo, mi, me, conmigo” al que esta semana hay que sumarle el “pero yo más”, todas son las más perjudicadas.

¿Hasta dónde hay que estar dispuesto a ceder? ¿Dónde está la frontera entre la solidaridad y la memez? ¿Es lo mismo reparto que reparto justo? ¿Siempre hay que poner la otra mejilla? ¿Caben todas estas preguntas en el seno de una junta de gobierno de una hermandad? Todo esto de la noche más larga de la Semana Santa no tiene buen arreglo, ni tenía buena pinta desde el principio, ya lo hemos escrito hace tiempo.

Al tiempo que todo esto ocurre, en las redes sociales y webs cofrades –ya no hay cerveza y “pescao” frito- se proponen las más dispares soluciones al problema: que si el orden histórico, que si Gitanos por aquí, Calvario por allá, Macarena por acá… y la última: que la mitad de los nazarenos de cada Cofradía salgan hasta la Catedral y la otra mitad hagan la vuelta…

Al este paso la “Madrugá” será como el Pregón, cada sevillano tiene el suyo… y todos quieren darlo.