AHORA SÍ

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Termina la Cuaresma, la espera, y llega la Semana. Ya está aquí. Ahora sí.

Afortunadamente algo ha cambiado con la pandemia, todas las Cuaresmas, en los últimos años, había al menos una noticia que, por desagradable, se convertía en protagonista. Este año, aunque en origen por un motivo desagradable, la Misión Ucrania de Santa Marta ha sido la noticia de la Cuaresma. Eso y las ganas de volver han hecho que hayamos vivido una espera tranquila, sentida y nos haya hecho renacer y sentir que nuestras hermandades están más vivas que nunca. Esto tampoco quita que haya -siempre son los mismos- quien constantemente busque la polémica, los fallos y errores, el dividir y el amarillismo.

Nos gustaría que olvidásemos por una semana las medidas físicas, los minutos, los metros, que dejemos eso a los diputados mayores, que llega su hora, y que nosotros, los cofrades de a pie, nos dediquemos a las medidas del corazón: a verla por donde me gusta, a llegar a tiempo a aquella revirá que no me pierdo nunca, a ver palios alejarse, a disfrutar de la diversidad de nuestra Semana Santa, de la forma de vestir a nuestras imágenes, de las flores, de la música y los momentos que nos llegan al alma…

Nos gustaría que olvidásemos a los hermanos mayores, a su protagonismo, a su política, y que nos dediquemos a la política del amor, a nuestros hermanos: a disfrutar del reencuentro con aquel compañero de tramo que solo veo de año en año, a compartir trabajadera y sudor con los que quiero, a ver esa entrada tardía que todos los años veo junto a los mismos amigos…

Nos gustaría que olvidásemos los libros, revistas, propaganda y merchandising cofrade, su tiempo ya ha pasado, y que nos dediquemos al programa, a disfrutar con nuestros hijos, padres, amigos de planear la jornada, a meter los pies en agua al llegar a casa, a la conversación de las sillas con los vecinos de siempre…

Nos gustaría que nos dedicásemos a disfrutar de nuestra peculiar manera de conmemorar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo y que olvidásemos lo banal. Disfruta, vive tu hermandad, haz tu estación de penitencia de manera sincera, acude a los cultos que prescribe nuestra Iglesia, tolera, enseña, reza, aprende, sonríe, ama…

Amigos, ahora sí, hemos vuelto, esto ya está aquí. Disfrutémoslo.

LO QUE LE DUELE A ESPERANZA

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Hubo uno que el domingo se atrevió a decirle a la Virgen de la Esperanza lo que le dolía. No merece la pena más comentario el canalla ese, ya escribimos desde esta manigueta hace casi 5 años lo que nos parecían los chillantes y gritavivas.

Pero hablando de dolencias, ¿a cuántos hijos de la Esperanza les ha dolido o les sigue doliendo este hecho y lo que lo provoca? Aquí conocemos a una.

Se llama Esperanza, precisamente, nombre que le pusieron sus padres por la Virgen. La Esperanza es su norte, su faro, su timón y su horizonte. Pocos días pasan tras cada visita a la Capilla, no vive cerca, pero tampoco tan lejos como para no pasarse cada vez que le cuadra entre el trabajo, los niños, la casa y los mandados.

Esperanza no es mayor, pero ha vivido ya bastantes años como para poder tener esa perspectiva comparativa de distintas épocas, siempre alrededor de la Virgen. Esperanza ya no es de la Madrugá, ni de los estrenos ni adquisiciones, ni de la Función Principal, ni de candidaturas ni elecciones; Esperanza no es de los traslados a Santa Ana, ni de colas de Jueves Santo, ni del 18 de diciembre. Esperanza fue de todo eso, pero hoy es de muchas mañanas de un día cualquiera, de saludar a Pedro al entrar en la Capilla y acordarse del otro Pedro que fue su capiller… de mirar a la tienda y no imaginarse a Juan en ese universo del merchandising; Esperanza es de la Virgen, nada más.

Un día se dio cuenta que aquella estación de penitencia por la que había luchado hasta el año 2004 no era tal, sino un esfuerzo físico tremendo sin sentido que nadie intentaba aliviar ni mejorar. Se dio cuenta que no necesitaba bullas en los traslados ni en diciembre para ver a la Esperanza, que la tenía todos los días para ella cuando quería ¿qué más podía pedir? Esperanza hace el septenario, los siete días, pero deja la Función para otros, protesta su fe de sobras, sin colas.

Esperanza no fue a la Función, no fue al traslado, pero no dejó de pensar en la Virgen en toda la mañana.

El lunes, cuando llegó a la Capilla y, sola, rezó a su Esperanza en el pasito durante un buen rato, no podía dejar de rogarle en oración que perdonara y ayudara a quienes creen saber lo que le duele a la Virgen y no saben ver lo que le duele al que tienen al lado.

CIRUGÍA FINA

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

No podemos saber -pero podemos imaginarlo- si la mayoría de los cofrades han leído la entrevista que el otro día Juan Parejo publicaba en El Palquillo al Teniente de Alcalde Delegado de Fiestas Mayores del Ayuntamiento de Sevilla o simplemente se han quedado en el titular. En ambos casos, está claro que el Sr. Cabrera ha sabido perfectamente darle el titular al periodista y elegir la frase que sabía que “quedaría” de esta interviú.

El Delegado está poniendo el parche antes de que salga el grano, indudablemente, durante toda la conversación, dirigida a la llaga, también sin duda, por el periodista. Es una realidad más que manida el crecimiento de los cortejos y otra realidad más que sabida la inacción del Consejo al respecto (lo que hasta ahora se ha hecho y nada es absolutamente lo mismo). Todo esto, más lo que observamos año a año, no hace más que reafirmarnos en nuestra idea de que hace ya muchos años que entregamos la Semana Santa al poder civil y ya no somos capaces de recuperarla.

Los estatutos del Consejo, en su artículo 2, dicen exactamente: “Con el objetivo fundamental de que cada una de las HH y CC de la Ciudad cumplan con su misión de fomentar el culto público, la evangelización, el perfeccionamiento de la vida espiritual de sus Hermanos y el ejercicio de la Caridad cristiana, los fines del Consejo son:” Sería extenso enumerarlos todos, pero nos quedamos con dos, el primero y el penúltimo: “a) Coordinar los fines que sean propios y explícitos de las Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla, cuando actúen conjuntamente. […] j) Velar y cuidar para que las manifestaciones de culto público externo, extraordinarias o no, sean expresión de verdadera fe y dignidad cristiana, así como del sentido eclesial que ha de distinguir a las Hermandades y Cofradías”. Se comenta por sí solo.

Cuán fácil sería que el Consejo emplease sus energías en darle la Semana Santa solucionada al Ayuntamiento (Cecop) y no en intentar parecerse a alguna hermandad o intentar ser la “hermana mayor”.  Nos hemos acostumbrado a no hacer nada y a que nos impongan las soluciones, bien desde Palacio, bien desde Plaza Nueva, que a la postre comprobamos que tampoco son tales, simplemente parches según les va conviniendo a unos y a otros.

De cirugía fina nada, señores, aquí hay que cortar por lo sano, y el cirujano debería ser el Consejo (“Confederación que agrupa a aquellas Asociaciones Públicas de fieles, erigidas como Hermandades y Cofradías […]”), que es quien está ahí para ello y el más indicado para hacerlo, y no dejar la operación en manos de otros doctores que, aunque pudieran ser muy buenos en sus especialidades, de cirugía saben lo justo.

Estudien, escuchen, reúnan, déjense asesorar, y propongan a los que se quieren meter a cirujanos -porque usted no opera- soluciones globales a un monstruo cada día más lejos de Dios y más cerca de morir de éxito artístico, social, cultural o turístico, pero no precisamente por su «sentido eclesial» o por ser «expresiones de verdadera fe y dignidad cristiana».

DE SANTA MARTA

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

A la hora que escribo esto, seis hermanos míos, junto con tres heroínas, están llenando un autobús, a pocos kilómetros de la frontera húngara con Ucrania, de madres con sus hijos que huyen de la guerra con lo poco que han podido acumular.

Créanme que esta “Misión Ucrania” de mi Hermandad de Santa Marta no es flor de un día, ni es una casualidad, ni un hecho puntual. Esta misión es fruto, como tantas otras menos mediáticas, de una forma de ser y de actuar adquirida tras muchos años de vida de hermandad.

Ya sean hermanos de cuna, de juventud, por propia convicción y devoción, o aquellos que llegaron por la cofradía y descubrieron la Hermandad, todos, absolutamente todos los hermanos de Santa Marta me atrevo a decir que tienen claras las nueve primeras páginas de nuestras Reglas. Y esto se consigue simplemente trabajando año a año, junta a junta, época a época, en lograr un mismo, sencillo y conocido fin que estas mismas Reglas -en concreto la 2ª- indican: “Su fin general es la gloria de Dios realizando obras de culto público, de piedad y de caridad conforme al espíritu del Evangelio de Cristo tal como es transmitido y enseñado por la Iglesia”.

La Hermandad de Santa Marta nació hace 74 años para ofrecer ayuda y comida al necesitado y dar culto a Dios, al Señor y a la Virgen a la sevillana manera… y en ello sigue. Tras facilitar el culto, promover la formación y practicar la caridad, lo más importante que una hermandad puede ofrecer a sus hermanos es lo que mi hermano Paco y mi hermano José Joaquín llaman, con acierto, orgullo de pertenencia. Y esta es la palabra más leída, más escuchada y más repetida entre los hermanos y entre los cofrades estos días (solo hay que darse una vuelta por Twitter): orgullo.

Está siendo muy dura para los que han ido, que afortunadamente ya vuelven; hay mucho trabajo, mientras tanto, aquí en Sevilla; con ellos han ido todas las hermandades que están colaborando, las parroquias, empresas y asociaciones, todos los hermanos de la Hermandad, cada Bizum, cada mensaje de apoyo… ¡Un autobús que fue lleno de esperanza y que vuelve lleno de vidas! Pero esto solo acaba de empezar, ahora hay que procurarles una vida digna el tiempo que estén estos hermanos entre nosotros y tan lejos de su hogar.

Seguro que así será, con la ayuda de Dios y de todos, porque son muchos años de autobús, son muchos años de preparar alimento, son muchos años de oración, de culto fructífero, de Caridad, son muchos años teniendo presente las Penas de la Virgen y siguiendo el ejemplo de la Santa, tantos años que han convertido en normalidad esta forma de ser y de entender una hermandad.

De Santa Marta, si, lo digo con orgullo: soy de Santa Marta y Antonio Távora es mi Hermano Mayor.

#ElNazarenoNoSeToca

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Si de repente a todos los cristianos de una ciudad les diera por ir a misa a la misma iglesia… ¿Se establecerían turnos para asistir? ¿O se establecerían más misas diarias? ¿O se ampliaría el templo?

Si un empresario tiene éxito en su negocio… ¿Le dice a los clientes que vengan poco a poco? ¿O amplía el horario? ¿O amplía el personal? ¿O amplía el negocio?

Claro, en ambos ejemplos, todo depende un poco de si se considera una “moda pasajera” o un “ha llegado para quedarse”.

La Semana Santa de Sevilla está de moda, hace ya bastantes años, esto es una verdad incontestable. Es entendible que en su momento se considerase una moda pasajera, incluso así lo hemos expresado en alguna ocasión desde esta manigueta hace tiempo, pero, hoy día, más nos parece que este boom ha llegado para quedarse que otra cosa. Si esta “moda” pasa, quizá sea dentro de muchos años.

Podemos buscar las causas de este auge en la globalización, en la facilidad para hacerse hermano de una hermandad y venir de lejos solo el día Santo. En el ‘boom’ de los hermanos costaleros y las bandas de hermandad, que han hecho muy peculiares a ciertas hermandades. En el crecimiento, por ende, en calidad, de las cuadrillas y las bandas, que han propiciado conjunciones más artísticas y armoniosas, más “atractivas”, que los antiguos desfiles penitenciales, más sobrios y homogéneos. Podemos buscar más, que las hay, lo cual nos llevará a conocer el por qué y a poder plantear soluciones al espacio-tiempo sevillano en esa Semana.

Este espacio-tiempo, obviamente, es limitado. Sevilla tiene los metros que tiene y, por otro lado, no podemos paralizar una semana la ciudad comenzando desfiles a las 9 de la mañana y terminando a las 3 de la madrugada o una carrera oficial que vaya más allá de la tarde-noche.

¿Lo fácil? Lo que viene haciendo el Consejo hace años: nada, ya explotará cuando haya una desgracia; démosle cada vez más poder al Cecop y que sean ellos los que nos prohíban -la culpa a otro-. ¿Otra solución fácil? Quitemos nazarenos de en medio. Nos estorban. Con menos nazarenos todo vuelve a cuadrar en el mismo espacio-tiempo. Pero… pero… ¡Dios mío! ¿Lo que hacemos no son estaciones de penitencia? ¿Quién hace la penitencia? ¿El nazareno, el hermano, el cofrade, no es el actor principal de este culto público? ¿Cómo vamos a impedirle que haga la Estación de Penitencia?

Acorten la Carrera Oficial, quítenla o mejórenla; impongan medidas lógicas para no hacer hermano al primero que llegue o haga un clic con una partida de bautismo y una cuota; exijan más sentido penitencial a los desfiles procesionales; menos historia del arte -que es un medio y es interesante, pero no fundamental- y más religiosidad, menos “cultura cofrade” y más formación evangélica.

Hagan algo, que algo hay que hacer antes que nos explote en las manos, pero por favor, no toquen al nazareno, a ese no, que ese es el que le da verdadero sentido al motivo por el que veneramos a nuestros titulares y le damos culto.

No miren más el dinero (craso error cuando las hermandades hicimos caso a algunos periodistas listillos y nos defendimos argumentando el dinero que dejaba en la ciudad la Semana Santa; el dinero no puede ser nunca nuestro argumento, nuestro argumento es Cristo, y su Madre, nuestro motivo es nuestra religión, no la economía), no miren más la subvención, no miren más las sillas, no miren más el turismo, no miren más los hoteles, no. Miren a los ojos de cualquier nazareno y ahí verán el verdadero sentido de nuestra Semana Santa.

ESTE AÑO ES

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Miércoles de Ceniza, ¿hay mejor día para escribir de nuevo de cofradías, de hermandades? Ha sido larga la hibernación, dos años menos un mes para ser exactos -parece una condena-. Esta maldita pandemia, esta travesía del desierto que la vida nos ha obligado a padecer y que nosotros solitos nos hemos encargado de recrudecer, nos ha tenido con la mente en otras cosas, nunca olvidando que volveríamos, pero alejados de las calles, del culto externo y de la esencia de nuestras cofradías.

Este año ya está mi Cristo en el altar para su Quinario, ya estamos en Cuaresma, hoy nos pondrán la ceniza con la ilusión renovada y no quebrada; Funciones Principales, comidas de hermandad, Besamanos y Besapiés -¿a qué esperamos para volver a ellos? ¿No es válido el gesto del beso quitándose la mascarilla solo en ese momento? Estamos perdiendo la cercanía de nuestras devociones-, pescaítos con cerveza, azahar, esa Sevilla inconfundible que reluce con la espera.

Si nos despedíamos diciendo que este año era, no hay más remedio que volver diciendo que este año es. Este año es el del estreno con la túnica negra de cola de la mayor de las niñas. Este año es el que no me perderé por nada del mundo al Cerro, que no he visto todavía a Nuestro Padre Jesús de la Humildad en la calle. Es este año cuando la chica va a estrenarse como nazarena de la Esperanza. Este año tu hijo vuelve a tus filas, Madre, después de una madrugada distinta y especial, elegida y vivida de otra manera, y dos obligadas. Este año es el año que quiero ver a la O por el Arenal, la vuelta de Santa Cruz por Mateos Gago, San Roque por Caballerizas, la entrada del Amor… Este año serán 35 viendo la entrada de la Bofetá, no quiero perderme a la Mortaja ni tampoco la calle Castilla del Cachorro. Este año terminaremos de nuevo en el Trini y el remate será el Resucitado por la Cuesta…

Seguimos con bastante margen de mejora para esa Semana, que tras dos años desperdiciados todo indica que organizativamente seguirá igual de mal, pero ya hablaremos de eso, ahora toca vivir una Cuaresma muy parecida a la que siempre hemos conocido, toca disfrutar, toca no perder la sonrisa… este año es, este año toca.

Vive tu hermandad, reza, acude a los cultos, paladea cada segundo de esta Cuaresma, empieza hoy y que te impongan la ceniza. Disfruta, te lo mereces.

ESTE AÑO ERA

este año era

Este año era el año en el que el Diputado Mayor de Gobierno había confiado en mí para un puesto nuevo e ilusionante el Lunes Santo. El año del estreno con la túnica negra de cola de la mayor de las niñas. Este año era el que no iba a perderme por nada del mundo al Cerro, que no he visto todavía a Nuestro Padre Jesús de la Humildad en la calle. Era este año cuando la chica iba a estrenarse como nazarena de la Esperanza. Este año tu hijo volvía a tus filas, Madre, después de una madrugada distinta y especial, elegida y vivida de otra manera. Este año era el año que quería ver a la O por el Arenal, la vuelta de Santa Cruz por Mateos Gago, San Roque por Caballerizas, la entrada del Amor… Este año iban a ser 35 viendo la entrada de la Bofetá, no quería perderme a la Mortaja ni tampoco la calle Castilla del Cachorro. Este año terminaríamos de nuevo en el Trini y el remate sería el Resucitado por la Cuesta…

Este año es el de la pandemia. Este año ya es el del Coronavirus, el año que permaneceremos en casa confinados durante la Semana Santa. Este es el año que viviremos la Misa de Palmas en el salón de casa, los oficios y el Triduo Pascual por la tele, la Vigilia… Este año es el que las túnicas se han quedado en el altillo. Este año es el que no habrá Cabildo de Canastillas, ni mudá, ni traslados. Este es el año en que no se montarán los pasos, el año del IVA de las sillas. Este es el año de vivir la Semana Santa más en familia que nunca, tras cumplir el retiro de Cuaresma más verdadero y fructífero que jamás hubiéramos soñado.

Pero este año solo ha venido para reforzar mi fe, para superar la prueba y que te quiera más, Señor. Este es el año en el que has puesto muchas cosas en su sitio y esto va a permitir que las hermandades y los cofrades vivamos una Semana Santa sin pasos en la calle, dedicando nuestro tiempo a otros menesteres que normalmente pasan desapercibidos para muchos y que nos harán crecer como cristianos.

Este año era, este año es.

LA HERMANDAD EN CASA

la hermandad en casa

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

En la mayoría de los títulos rimbombantes y pomposos de nuestras corporaciones aparecen las palabras “Hermandad” y “Cofradía”. Aceptado el varapalo de que no tendremos procesiones en la calle la próxima Semana Santa, y asentada la decisión, ha llegado el momento de la HERMANDAD, olvidándose la cofradía.

En esta época normalmente casi todo es cofradía, reparto de papeletas, “mudás”, priostías llenas de gente, casas de hermandad con un trasiego mayor del habitual, capiroteros… Como decíamos, este año ha llegado el turno de la Cuaresma más de hermandad que nunca y menos de cofradía. Las juntas de gobierno aprendiendo a usar Hangouts u otros programas de vídeoconferencia, los encargados de la comunicación trabajando desde casa para que a los hermanos no les falte contacto, las diputaciones de formación reavivando contenidos, las diputaciones de juventud inventando para aliviar el confinamiento de los peques y las diputaciones de caridad… ¡ay!.. a tope, intentando paliar en lo posible lo que se nos viene encima.

Las casas hermandad están cerradas, sí, pero las líneas telefónicas y la fibra tienen la misma actividad que los pasillos, despachos y cuartitos. El contacto físico ha dado lugar a la vídeo llamada, al correo electrónico, a la web, redes sociales, mensajería, todo vale ahora para estar cerca del hermano. No está el nazareno, el monaguillo, el costalero, ahora está el hermano. Las hermandades están preocupadas porque cada miembro de la misma, en estos duros momentos, la sienta en casa.

Estas son las cosas que nos hacen creer en nuestras hermandades, no los pasos en la calle, por eso seguimos aquí después de siglos. Esta Cuaresma atípica no podrás ir a la casa hermandad, pero tienes a la hermandad en casa.

LA DECISIÓN SALOMÓNICA

la decision salomonica

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

He rezado para que esto no ocurriera, sobre todo por la salud de mi familia, de mis allegados y conocidos, por la salud en el mundo, por que el Señor hiciera a nuestros médicos y dirigentes instrumentos de su amor por nosotros, por todos mis conocidos que gran parte de su economía anual depende de esa semana, pero de manera muy insistente porque no se supendieran nuestras Estaciones de Penitencia. La Semana Santa no, la Semana Santa no se puede suspender nunca, pero nuestros cultos sí, y se han suspendido.

¡Qué pena tengo! «¡Ojú!» Vaya tela… ¡Qué coraje!

¿Cómo va a ser esta Semana Santa, Dios mío? ¿Alguien se la puede imaginar? No me la comparen con la lluvia, que no es lo mismo. La lluvia permite vivir la Cuaresma, y esta Cuaresma, tal y como la conocemos, ha muerto. La lluvia permite ver los pasos en sus iglesias, y no van a estar. La lluvia permite que algunas hermandades hagan Estación de Penitencia, esta pandemia no. Cuando llegue el Domingo de Ramos llevaremos casi un mes en casa metidos… ¿Cuántas veces leemos que una hermandad hace historia por una nimiedad? Esto sí es historia. No somos conscientes, pero el año 2020 es historia de las hermandades sevillanas ya, historia de nuestra Semana Santa.

Una vez encajado el golpe, y ahora que tenemos tiempo, pasa la melancolía y llega la lógica. ¿Y el dinero de las sillas? ¿Y el de las papeletas? ¿Qué va a pasar con los proveedores? Pasión y la Estrella han sido la primeras en anunciar medidas plausibles: que pagará normalmente a sus proveedores la una y que devolverá el dinero de las papeletas a sus hermanos la otra. Particularmente opino que esta situación es sobrevenida y que todos debemos colaborar económicamente. Entiendo que sería un gesto del Consejo devolver la mitad del dinero de las sillas a los abonados y de estos aceptarlo, así las hermandades cobrarían la mitad de la subvención, podrían pagar la mitad a sus proveedores y todas las partes nos sentiríamos partícipes de la más salomónica de las soluciones: soportar entre todos el desastre económico de esta medida que ha sido inevitable. En cuanto a las hermandades que aún cobran la papeleta de sitio aparte de la cuota, entiendo que el importe de esta debiera ser devuelto, pues es una aportación exclusivamente para la Estación de Penitencia, ya que los hermanos que no la hacen no pagan. Otra cosa es que cada hermano voluntariamente decida donar esta aportación o no.

Finalizo mostrando el que, para mí, ha sido hasta ahora el mejor resumen de esta decisión histórica, el que ha publicado hace unos días en Facebook mi hermano en el Santísimo Cristo de la Caridad Francisco Vázquez Perea, que escribe, ante una foto del Evangelio: “Todos los años busqué tus páginas entre las calles de Sevilla. Este año buscaré las calles de Sevilla entre tus páginas”.

EL VIRUS SE CORONA

el vierus se coronaFoto: Javier Rincón

 

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

En el día de ayer una de las principales cadenas de televisión del país, en su informativo de mediodía, aludía a una increíble noticia: Miles de personas totalmente desprotegidas ante el coronavirus acompañaban en su Via Crucis a la Catedral de Sevilla al Cristo de la Salud de la Hermandad de los Gitanos.

Es constatable ya, por otra parte, que hay Juntas de Gobierno preocupadas por mostrar a sus imágenes en besamanos o besapiés y no menos demostrable que existe -de momento parece moderado- un temor a que ciertas medidas que pudiesen venir de organismos gubernamentales pongan en peligro la celebración de la Semana Santa o la manera de celebrarla.

La realidad es que de momento no hay nada de esto, más al contrario, parece que, aunque haya que lamentar ya un fallecido en España, hay buenas noticias sobre los tratamientos que se han aplicado a los infectados cercanos a Sevilla y a nuestro país y a la contención de la propagación del virus.

Empezando por la segunda, realmente pienso que la mayoría de los sevillanos hemos aprendido que, no ya por pandemias y virus coronatorios varios, si no por higiene, debemos hacer el gesto del beso más que posar nuestros labios en la imagen (o en los Evangelios o Libro de Reglas en la Protestación de Fe de nuestra hermandad). Bien es cierto que la variedad es un hecho: hay desde quien solo se persigna, a quien se acerca y hace el gesto del beso, a quien pone su mano en la imagen o libro y se la besa, hasta quien da un beso, con o sin carmín, como se dice ahora: «apretao». Allá cada cual.

En el caso de la alarma televisiva sin fundamento hablamos de otra cuestión, y es más política que de otra índole. Estamos ya cansados los sevillanos que desde ciertos sectores de la «¿información?» se nos tache siempre de lo mismo. Aprovechan la mínima para volver a dar la imagen de descerebrados con la cabeza roída por el virus de la fe desmedida a las imágenes. Resulta que no nos importan los contagios, los virus, las enfermedades, el trabajo, nada, absolutamente nada, nuestro carácter idólatra está por encima de todo eso.

Cada vez las autoridades civiles son más intervencionistas con nuestra Semana Santa, cada vez tenemos más trabas burocráticas para todo, da incluso la sensación de que ciertos políticos disfrutan y se frotan las manos cada vez que consiguen que las hermandades o los cofrades pierdan algún derecho. Estas «noticias» ofrecidas de esta manera ayudan y mucho a dar una imagen que a algunos conviene de nosotros. Esto si es un virus y aún no tenemos cura para él. Un virus que se corona.